L. C. Pernalete
[Principal] [Arriba] [Editorial 8] [L. I. Lula Da Silva] [V. Romano] [J. Sanoja] [J. Vicente Rangel] [L. F. Damiani] [A. Bignami] [P. Pla Leon] [A. Marquez] [J. Altamira] [L. C. Pernalete] [P. Ortega Diaz] [J. Texier] [J. R. Herrera] [F. Brito] [Puerto Rico]


Desde 01/07/07
Page Ranking Tool
 

*

Principal
Arriba

Pedagogía y derechos humanos. El educador como ciudadano

EDUCACIÓN EN DERECHOS HUMANOS Y ESCUELA

Luisa Cecilia Pernalete*

Está de moda en estos tiempos de crisis, cargarle todas las responsabilidades a la escuela. Escuela: ¡forme ciudadanos aptos para la competitividad Escuela: eduque para que no seamos corruptos. Escuela: reparta las becas escolares, vacune contra las siete plagas de Egipto, prepare el desayuno de los niños hambrientos... No pretendemos aquí dejar a la escuela con el paquete de crear una cultura de los derechos humanos, inexistente en nuestro país, pero sí reflexionar sobre nuestra responsabilidad ineludible, a nuestro modo de ver, en esa tarea, viéndola no sólo como un deber sino como nuestro aporte en la construcción de una vida más digna para todos, viéndolo pues, como algo bueno para nosotros, los educadores.

El educador y los DDHH

Comencemos por el Educador. No hablo aquí del Educador especialista en derechos humanos, que también los hay, hablamos del maestro que va a la escuela cada día, del profesional de la educación. Por mucho tiempo, los gremios de este país nos han acostumbrado a identificar "derechos del maestro" con "salario". El gremio lucha por mejoras en sus ingresos. Eso no está mal, sólo que hoy suena insuficiente. Nosotros pensamos que el Educador antes de ser maestro, es un ciudadano, con deberes y derechos similares al resto de los ciudadanos. Ya no podemos quedamos en pelear contra el Estado por un aumento de sueldo: el problema de la mala y casi inexistente asistencia médica nos afecta al 80% de la población, el problema de la inflación es de todos; en las grandes ciudades ya no contamos las noches que hemos pasado en vela esperando el agua, la falta de justicia me afecta a mí y a la mayoría de la población, la inexistencia de espacios para recreación sana para nuestros hijos es mi problema como educadora, pero también de todos los padres y representantes cuyos hijos contribuyo a educar... en fin: hoy tenemos que "desgremializar" nuestras luchas y participar como ciudadanos, aliado de otros. Tenemos que hacer un esfuerzo por identificar los problemas comunes y actuar en consecuencia.

Comportamos como ciudadanos y no como meros habitantes nos tiene que llevar a participar de alguna manera en instancias organizativas del lugar donde vivimos: reuniones de condominio o de la asociación de vecinos, saber comunicamos con las juntas parroquiales o participar en la elección de los jueces de paz, son sólo algunos ejemplos, y todo esto no con aquel "espíritu de sacrificio" muy propio de los grupos cristianos de antes y de ahora pidiendo siempre "abnegación". Hoy estamos hablando de ayudamos a nosotros mismos ayudando a los que nos rodean. El entorno es mi responsabilidad. Los problemas no son privados, tampoco pueden ser privadas las soluciones. Se trata de entender que los derechos humanos "son cosas buenas que nos ayudan a vivir mejor"(1), para decirlo de la manera sencilla de los campesinos guatemaltecos. "Se trata de enfrentamos la cultura de la exclusión, propiciada por el neoliberalismo, se trata de garantizar una serie de mínimos para todos, se trata de "que seamos todos cada vez más consciente de nuestra mutua implicación: todos estamos en el mismo barco de la historia humana ''(2).

Creemos que esta participación del Educador como ciudadano, en la solución de sus propios problemas, es paso importante para que pueda impulsar en su escuela un trabajo de educación en derechos humanos, pues los "anexos" pueden despegarse con facilidad. Hay que acortar la brecha entre escuela y vida; muchas luchas que nuestros alumnos y de sus padres y madres perfectamente pueden ser nuestros mismos problemas. Las luchas constructivas en este país van a tener que ser largas, necesariamente, tenemos que sentamos en el mismo bote y remar en la misma dirección, para que podamos llegar a puerto seguro. Recordemos que el cansancio repartido toca a menos por cabeza (lo mismo que los miedos).

De la cartelera a la manifestación

Nosotros coincidimos con muchos otros(3) en que la Educación en Derechos Humanos (EDH) no puede ser convertida en "una materia", en estos momentos de moda ''y ahora niños, niñas, saquen el cuaderno de DDHH", no, eso seria la muerte prematura de este trabajo de impulsar una cultura de los derechos de los niños y niñas Y adolescentes que están en nuestras escuelas. La EDH es de esos ejes transversales que deben permear toda la práctica educativa, "desde la cartelera del salón hasta la manifestación", en la Plaza Bolívar, por ejemplo.

Por supuesto, tiene que haber momentos específicos durante el año escolar para la información sobre los derechos reconocidos como tales, así como la manera de defenderlos. En ese sentido es muy importante el trabajo que las ONGs de atención al niño, agrupadas en la CONGANI, en tomo a la difusión de la Convención Internacional sobre los Derechos del Niño. Una semana al año ("Juntos por nuestros derechos"), o un mes, como lo hacemos en Fe y Alegría Zulia, con una unidad integradora que culmina en acciones públicas en el barrio y en la ciudad. Esas actividades constituyen un llamado de atención hacia el resto de la comunidad fuera de la escuela, pero esos momentos específicos se perderían si no son seguidos de la creación de un ambiente respetuoso de los derechos.

Así, por ejemplo, no basta con que los maestros en el Zulia hablemos del derecho a la identidad (artículos 7 y 8 de la Convención) si no enfrentamos el drama de los niños indocumentados (extranjeros y nacionales); o no basta con que mencionemos el derecho a opinar (artículo 13) si el aula no tiene una cartelera, o un periódico escolar o una radio bocina para expresar sus ideas; o no basta con que hablemos del derecho a no ser discriminados (Constitución Nacional y Convención) si nuestras carteleras están llenas de "Irenes" y recortes de la revista Vanidades y si se nos sale identificar "brutos e incultos" con "indios"; no basta hablar del derecho a la organización y la participación democrática si en el aula se respira un clima de autoritarismo ("en esta democracia escolar, se hace lo que la maestra diga"). En fin, se trata de vivir esos derechos proclamados en toda la práctica educativa.

En este aspecto ya hay, afortunadamente, experiencias concretas que nos hacen alegramos al saber que son posibles (4). Y es en la vivencia de esas experiencias que nos ha sorprendido cómo la ignorancia sobre los Derechos del Niño ha llevado a tanta tolerancia y hasta legitimación de abusos. Por ejemplo, el maltrato como "estrategia" para el aprendizaje está plenamente legitimado: "péguele para que aprenda, maestra", suelen decir los representantes, sobre todo en los pueblos pequeños, como el caso terrible de aquel alumno de Caja Seca que le llevó de regalo a su maestra de primer grado una regla para que le pegara a los niños. Sin embargo, afortunadamente, también es sorprendente cómo el conocimiento de los derechos va haciendo cambiar actitudes. "En la escuela nos dijeron que los padres tenían derecho a corregirnos pero no a maltratamos", le dijo Gregorio a su padrastro una noche. Esa vez le pegó más duro, pero no volvió a hacerlo. O la alegría que nos dan las solicitudes de madres que piden a sus maestros de clase para comprender mejor a sus hijos y no ser las primeras violadoras de sus derechos. Una escuela que vive los derechos del niño, siempre está creando y recreando su proyecto educativo, anda con ojos abiertos y no espera con ansia el día de vacaciones o de paro, pues no hay rutina ni aburrimiento. La realidad cambiante va dictando los contenidos. Así, en Semana Santa, el vía crucis reflejará las caídas de la comunidad; en Navida9, se anunciará la llegada del Mesías, convirtiendo en vida las cosas buenas que el barrio va haciendo. Las paredes de la comunidad dejan de ser espacios exclusivos de los partidos políticos y sirven de cartelera abierta para la expresión de los niños, sus denuncias y sus sueños. (Como esa que está en una esquina de una conocida avenida de Maracaibo: "Los muchachos de la calle queremos una oportunidad": o aquellas en el barrio 24 de Julio, al sur de la ciudad: "Sin agua no podemos ir limpios a la escuela ni regar las matas"). El problema de la salud puede ser el hilo conductor del proyecto educativo, y el ambulatorio del barrio se convierte en prolongación de los posibles acciones de la escuela. Así se puede ver que los derechos se alcanzan y no se consiguen en el supermercado. Por eso hablamos de vivir los derechos.

En este trabajo escolar de la EDH, se trata también de ayudar al niño a descubrir al otro. La emergencia provoca da por la encefalitis equina nos hace mirar a la guajira y a la discriminación del niño wayuú, o los sucesos de la cárcel de Sabaneta o de La Planta, más recientemente, nos hace mirar a los presos y los problemas de la justicia venezolana. La recluta nos lleva a fijamos en el drama de los jóvenes de los barrios, y en el caso de las fronteras, el de los indígenas, siempre perseguidos y maltratados en esos operativos de la búsqueda. y así, el alumno debe ir reconociendo al otro como su prójimo, poseedores de ambos derechos que deben ser garantizados.

En este descubrimiento, subrayamos, es necesario que el educador también reconozca a sus 'alumnos y compañeros de trabajo como "el otro" que merece nuestra solidaridad y que, cooperando con él nos ayudamos a nosotros mismos.

Otro aspecto que debe ser tomado en cuenta en una escuela que viva los derechos, es la parte organizativa. Los alumnos deben tener sus organizaciones propias, en donde se entrenen activamente no sólo como participantes sino también como líderes.

Coincidimos con Soraya El Achkar(5) cuando dice que "hacer educación en y para los derechos humanos implica entonces, mantener un enfoque holístico de los derechos humanos y trabajar algunos indicadores de valores como metas, aspiraciones, actitudes, intereses, sentimientos, creencias, actividades, preocupaciones, historias personales y afirmaciones desde componentes afectivos y cognicitivos para formar personas autónomas, con proyecciones personales y comunitarias" .

Nosotros sabemos que en los actuales momentos, en donde la actitud más generalizada ante los problemas es la dé "quejarse y no hacer nada"(6), según encuestas recientes, y cuando el desánimo, rayando casi en la desesperanza en algunos estratos, no hace nada fácil revertir esa anticultura de los derechos humanos, pero tenemos nosotros la convicción y la esperanza que si sostenemos este trabajo de Educación en Derechos Humanos desde el aula, con los más pequeños, tal vez tengamos en años venideros unas generaciones que sepan hacer las cosas mejor de lo que las estamos haciendo nosotros. Creemos que si en las escuelas logramos crear anticipos de una sociedad verdaderamente democrática y respetuosa de los derechos de todos, en el futuro estos niños reclamarán algo parecido a la sociedad y serán constructores de lo que hoy es sueño.

___________________

Fe y Alegría/Zulia.

1.ALDANA, Carlos. Una Milpa llamada esperanza, Arzobispado de Guatemala. 1993, p. 22.

2. MARDONES, José María. Por una cultura de la solidaridad. Sal Terrae. 1994.

3. Cf BASOMBRlO. Carlos. Educación y Ciudadanía. CEAAL, Tarea. Lima, 1992.

4. Cf BETANCOURT, María y Luisa Pernalete. Educación para la paz desde la escuela. Editado por Centro de Formación   Padre Joaquín, Fe y Alegría. Maracaibo. 1995.

5. El Achkar, Soraya, "La hermosa tarea de formar para protagonizar una historia". Unos y otros, Revista venezolana de derechos humanos, N°. 1, Caracas, 1996. pág. 18 6. Cf El Globo, 25.05.96

Debate Abierto: revista venezolana para la reflexión y discusión. Director responsable y fundador: Carolus Wimmer
ISSN: 1316-497X. Deposito legal: p.p. 19702DF390 - RIF: J30691967-8