LENIN Y LA RESPONSABILIDAD
INTELECTUAL
Dr. Rafael Plá León *
Parece ser que de todos los
clásicos del pensamiento marxista ha sido Lenin quien ha corrido peor
suerte históricamente. Su condición de líder de un proceso como lo fue la
Revolución de Octubre lo llevó a enfrentar tareas en el orden teórico y
práctico que nos lo acercan más a nosotros y lo ponen, por tanto, en el
centro mismo de la lucha política, con toda la secuela de animadversión
que esto conlleva.
En el convulso panorama ideológico
contemporáneo, por una razón u otra, el líder ruso ha desaparecido
prácticamente de referencias académicas, de arengas políticas, de
celebraciones. Ya no nos acompaña su imagen, en otro tiempo tan asidua en
la prensa escrita. Y no habría que darle tanta importancia a este hecho si
no fuera por las implicaciones prácticas que conlleva desde el punto de
vista ideológico. La ausencia de la imagen de Lenin trae el peligro de que
se abandonen sus ideas, de que se deje de estudiar su legado, que sería lo
más lamentable.
El comunismo, siendo un movimiento
esencialmente internacional (universal), hay que entenderlo como un
proceso completo. El estudio del legado nacional (cuya validez resalta por
el descuido a que estuvo sometido por algún tiempo), en el que se incluye
el pensamiento y la acción de figuras de orientación marxista como Mella,
Villena, Blas, Marinello, Carlos Rafael, el Che y Fidel, no explica
suficientemente el carácter y la significación histórica de un proceso de
la categoría de la Revolución Cubana. El pensamiento cubano puede explicar
la especificidad del proceso, pero no su esencia. Es hora de integrar
estas dos vertientes (la nacional y la internacional) en un cuerpo
explicativo único, que nos pelmita no sólo entender las raíces del proceso
revolucionario, sino también su dinámica actual y futura, sus tendencias
de desarrollo, de lo que damos garantía nosotros mismos con nuestra
actividad política.
Quisiera, entonces, unirme a la
saludable reflexión abierta por la revista Contracorriente en su número 7
dedicado a la Revolución de Octubre, pues para cumplir con esta tarea
intelectual hay que mirar entre otros y no en último lugar a Lenin.
Considero que entre las numerosas
posiciones que el legado comunista internacional pudo incorporar de Lenin
está la de la responsabilidad intelectual del pensador revolucionario. En
Lenin se unen extraña agudeza teórica, abnegada labor de estudio,
incansable producción propagandística y profunda mirada crítica hacia la
ideología de sus correligionarios y oponentes. El producto de toda esta
conjunción es un líder político práctico en capacidad de atar todos los
hilos del complejo proceso social que es una revolución.
Y justamente lo que distingue a
Lenin de muchos otros teóricos de su tiempo y del nuestro es que hizo
teoría para la revolución y de la revolución; al tiempo que lo distinguía
de otros revolucionarios el enfocar la revolución teóricamente, que era, a
su vez, la forma práctica de abordar el problema.
Por eso es que se enroló en su
temprana juventud de 24 años en una endiablada polémica con los populistas
acerca del carácter, tareas y fuerzas motrices de la revolución rusa. Y el
punto clave que le sirvió para mover todo el andamiaje de ideas que le
siguió fue algo que a primera vista pudiera parecer demasiado académico:
la precisión del concepto de "formación social" (término que más tarde el
dogmatismo soviético precisaría con la expresión redundante de "formación
económico social"). Tan profundo caló que no pocos profesores lamentan que
su exposición no tuviera una forma más sistemática, ¡Cómo si él se hubiera
trazado el propósito de escribir una monografía o cualquier material
académico docente dirigido a estudiantes universitarios! No; el material
es dirigido a un público que emprendería una labor riesgosa: la de hacer
la revolución que enterrara las relaciones burguesas de producción. Pero
antes de discutir acerca de la táctica a emprender creyó necesario
esclarecer las bases teóricas que orientaran su actividad. El fruto
ideológico de la definición acerca del carácter de la formación social era
el diseño de una correcta estrategia política para el partido proletario
que estaba por nacer. Por supuesto que, en dependencia del tipo de
sociedad, así sería la orientación de la revolución que se avecinaba:
contra la burguesía o con su colaboración
Y ahí está la primera enseñanza
que podemos tomar de Lenin en cuanto a la responsabilidad del intelectual
revolucionario (o a la responsabilidad intelectual del revolucionario, que
viene a ser prácticamente lo mismo): el teórico tiene el deber de alzarse
hacia lo máximo del pensamiento para desde allí alumbrar su práctica con
la nueva visión que ha logrado conformar. La teoría ayuda a esclarecer
objetivos, tácticas, orientaciones, todo; darle la espalda a ésta sólo
pueden los que en política actúan de modo aventurero y al final están
expuestos a los compromisos que traicionan los principios.
La nueva visión teórica que venían
moldeando en Rusia y en otros lugares de Europa enfocaba el tema de la
revolución integralmente. La revolución así entendida tiene un fundamento
ideológico: el marxismo. De lo que se trata es de una transformación
radical de la sociedad y no sólo de un cambio en la estructura del poder
político; se trata de una revolución social, en la que la revolución
política es sólo un momento importante, sí, pero ni siquiera pueda decirse
que sea lo determinante en última instancia del proceso general.
Tomar el marxismo como fundamento
ideológico de la revolución social si es que algún valor damos a las
palabras significa que, como Lenin, entendemos este proceso como un cambio
radical, ante todo en la esfera económica de la sociedad, en las
relaciones humanas formadas en tomo al modo de producir y de cambiar,
distribuir y consumir los productos del trabajo social. En la medida y no
antes ni después en que se cambian las estructuras últimas de las
relaciones sociales de producción, se van transformando todas las demás
esferas de la sociedad.
Desde luego que esto no es más que
un esquema teórico ideal, pero sería una torpeza notable subestimar el
valor de la teoría en la práctica política de una revolución. Lenin lo
sabía y no equivocaba los términos: frente al oportunismo economicista de
los mencheviques postulaba el principio bolchevique de que era posible y
necesario asaltar el poder político y no esperar ingenuamente las
"relaciones de producción" comunistas; frente al desespero izquierdista
también oportunismo, pero de signo contrario de eseristas y de los propios
bolcheviques radicales, recuerda que la revolución no es simple golpe de
Estado, que el comunismo es ante todo un proceso que se decide cuando ha
desaparecido la base económica que da vida al modo burgués y a todos los
modos antagónicos de producción: la división social del trabajo. Esta
claridad en el enfoque político se lo debía a la seriedad teórica con que
el líder ruso asumía los asuntos prácticos de una revolución.
Toda la labor ideológica de Lenin
está orientada a formar el esquema ideal que conducirá a la
correspondiente acción revolucionaria, a diseñar una actividad política y
productiva que ayude socialmente a realizar la verdadera revolución: la
revolución de las condiciones de vida, tanto materiales como espirituales.
Cuando los hombres tienen claridad de objetivo, la acción puede ser más
eficiente y mejor coordinada.
Y para lograr esa acción eficiente
y coordinada de las fuerzas revolucionarias es de gran importancia lograr
la unidad ideológica del Partido. Pero una unidad ideológica basada en la
teoría, no en fetiches religiosos o de cualquier otro tipo. Poco se podrá
lograr en acción mancomunada si el Partido no se preocupa por el
fundamento teórico de la revolución. La adopción de una táctica y una
estrategia adecuada y la acción en consecuencia sólo es posible sobre la
base de la unidad de objetivo y el objetivo, cuando no se es oportunista,
cuando no se es programático, lo dicta la teoría (que está en vínculo
indisoluble con la práctica viva).
En esto se manifestaba la
genialidad teórica de Lenin, quien manejaba magistralmente el método
dialéctico de pensamiento: toda la diversidad real de la actividad
política (de las formas de lucha) tenía como base substancial la unidad
estratégica, los principios, la finalidad claramente comprendida. A
diferencia del oportunismo, que quiere sacar partido de toda ocasión,
aunque por conservar una cuota de poder o de influencia política tenga que
sacrificar la coherencia teórico ideológica que busca un objetivo final
claro, concreto, definido: la sustitución de las relaciones burguesas por
unas relaciones sociales libres de toda atadura económica.
En contraposición también al
oportunismo populista, Lenin comprendía que conclusiones como las que el
marxismo elaboraba no estaban al alcance de un movimiento proletario
espontáneamente dirigido, que la ideología revolucionaria tenía que ser
introducida al movimiento forzosamente desde afuera2 Era
entonces misión de la vanguardia organizada y consciente el Partido
llevarla a las grandes masas por la vía de la lucha política contra el
enemigo de clase.
El papel de vanguardia de un
partido proletario de tipo leninista ha sido cuestionado siempre por un
sector "democrático" que ve en ello la condición por la cual la clase
empieza a ser dirigida por un partido y termina bajo los dictados
caprichosos de una "élite". La experiencia histórica ha dado suficientes
elementos en pro y en contra de la tesis del papel de vanguardia del
Partido. El análisis teórico tiene que dar cuenta, sin embargo, de los
elementos que con carácter de necesidad dictan el desarrollo de una u otra
tendencia y no conformarse con lo que demuestran "los hechos". Es
responsabilidad intelectual también velar por lo que de cada experiencia
de la lucha de clases se saquen las debidas conclusiones. Hay que
considerar el movimiento hacia el comunismo como una obra de suprema
creación humana, donde el intelecto colectivo juzga críticamente la
conveniencia de una u otra acción y no se complace con la apología a
cuanta iniciativa se proponga desde los círculos de poder.
En este sentido cabe destacar el
jubiloso pero a la vez cauteloso entusiasmo con que Lenin acogió las
noticias sobre los primeros "sábados comunistas" en Rusia. Percibió desde
un inicio que era una forma nueva, adecuada al nuevo contenido de las
nuevas relaciones de producción y le dio todo su apoyo, alentó su
generalización por el país; pero por otro lado no fue triunfalista, dejó
un margen a la observación, al estudio de su evolución, porque había que
estudiar los resultados prácticos que arrojaba. El sabía que en ello se
debatía algo más que simple voluntad de los obreros. El trabajo voluntario
debía mostrar si era más productivo que el trabajo forzado a que compulsa
el capital. El no sabía si aquella era la forma que definitivamente se
establecería, pero sabía que el proletariado debía ensayar formas
diferentes al trabajo asalariado para darle una base totalmente nueva a
las relaciones de producción que debía instaurar. Su ojo de político
práctico no dejaba escapar un hecho del que debía sacar experiencias para
todo el movimiento en su conjunto.3
A propósito de su trabajo sobre
los "sábados comunistas": aquí se aprecia la preocupación teórica que
anima a Lenin. No es un artículo periodístico más, no se limita a
felicitar a los obreros que tuvieron esa iniciativa: aprovecha el suceso
para penetrar a fondo la realidad y ganar en conceptos claves como son el
de "clase social", "dictadura del proletariado", "comunismo", "supresión
de las clases". Lleva al lector (predominantemente proletario) a que logre
captar la esencia de esa acción, que comprenda todo el alcance
histórico-universal de ese hecho particular. No importa que no sobrevivan
los "sábados comunistas" como forma concreta de elevar la productividad
del trabajo en el comunismo. Lo importante es comprender que el trabajo
comunista necesariamente deberá adoptar una forma distinta a la de la
remuneración salarial; y que sólo en estas condiciones (y no en el campo
de batalla militar) es que el comunismo encontrará su victoria definitiva.
Hemos traído a colación algunos
ejemplos -sólo algunos; sobran ellos, pero éstos nos bastan para ilustrar
lo que pretendemos- de la importancia que daba Lenin al desarrollo teórico
de los sujetos históricos llamados a emprender la edificación de las
nuevas relaciones sociales. Ahora habría que considerar una cuestión:
¿cómo leer prácticamente a Lenin? ¿Qué nos puede enseñar todavía hoy Lenin
que no es posible estudiarlo mejor en otro autor?
La tarea de definir estos aspectos
es bien difícil, si consideramos que una respuesta dogmáticas no resulta
para nada satisfactoria. Lenin no puede hoy trazamos tácticas de lucha, ni
siquiera estrategias concretas. La realidad económica del mundo
imperialista ha cambiado lo suficiente como para no conformamos con la
caracterización expuesta en su obra sobre el imperialismo (aunque
percibamos que en la caracterización de las tendencias generales su
análisis mantenga plena vigencia); las condiciones sobre la lucha de
clases, sobre todo después del "derrumbe" del campo socialista y de la
URSS, hacen que las tácticas y la estrategia del movimiento comunista o
progresista en general no puedan trazarse por sus orientaciones directas.
Pero queda su esquema de
pensamiento. No creo que se h2.ya estudiado lo suficiente lo que significó
el leninismo para el desarrollo del marxismo. El dogmatismo estalinista de
los manuales no dejó percibir la gran contradicción que representó el
pensamiento leninista en el movimiento marxista universal. Esforzándose
por presentar la perfecta "trinidad comunista" (Marx-Engels-Lenin), se
escapaba el detalle de que Lenin era la negación de Marx; una negación que
resultaba ser la única forma de continuar a Marx.
Leer a Lenin no implica obedecer
sus orientaciones, implica negarlo. Pero una negación que sea la
consideración crítica de sus ideas a la luz de su comprobación práctica.
Los hechos, no los "hechos puros", sino los hechos "alumbrados por la
teoría" son los encargados de dar el veredicto acerca de las ideas
leninistas.
Si los "sábados comunistas"
resultaron ser la palanca que despertó definitivamente la productividad
del obrero o si no lograron este objetivo deseado, si no pudieron poner el
trabajo comunista por encima del capitalista; si las formas estatal o
cooperativa resultaron o no ser adecuadas para la conducción económica del
poder social sobre los medios de producción; si el intemacionalismo
proletario rindió sus frutos cercando con sus victorias el sistema
capitalista o perdió la perspectiva de la consideración clasista para
conformar una especie de dominio geopolítico de gran potencia; si la
burocracia ganó la partida al proletariado constituyéndose en una especie
de clase social con sus privilegios impensables en una sociedad comunista,
son cosas todas ellas que no se pueden evaluar sin un estudio serio y
pausado de las circunstancias concretas en el movimiento general de la
sociedad, haciendo a un lado prejuicios ideológicos amarrados a formas
sociales concretas.
El movimiento hacia el comunismo
no puede postrarse ante dogmas. Tiene la obligación de distinguir los
elementos de la realidad que le pueden servir de empuje, y aprovecharlos.
Hay que entender cómo el "hereje" Lenin emplazó al "ortodoxo" Plejánov,
por ceñirse demasiado a la letra del marxismo, olvidando dónde hallar la
brújula que indicara el norte del camino. Pero a esta consideración no
puede venirse –como fue lo común en tiempos de la Pensar en ahora la tarea
más urgente "perestroika" con el espíritu revanchista del burgués o
pequeño burgués que lamenta que todo esto haya pasado.
Hay que hacerlo en el espíritu
crítico proletario, con la mirada fija en el objetivo final de una
sociedad liberada de la explotación de unas clases sobre otras. Si
sometemos a consideración las distintas formas que ensayó el socialismo
"realmente existente" en la construcción de la nueva sociedad es para
considerar cuál demostró vitalidad y cuál no, cuál debemos apoyar y
alentar por su significado ya cuál podemos extender certificado de
defunción.
De todas maneras, en esta hora de
reflexión revolucionaria, ante la indiscutible derrota que significó la
caída de regímenes socialistas, de experiencias socialistas a nivel
estatal nos viene a la mente la orientación que el propio Lenin, en una
época similar a la nuestra, había aprendido de Mane y Engels: "La táctica
del proletariado debe tener en cuenta, en cada grado de su desarrollo, en
cada momento, esta dialéctica objetivamente inevitable de la historia
humana; por una parte, utilizando las épocas de estancamiento político o
de la llamada evolución "pacífica", que marcha a paso de tortuga, para
desarrollar la conciencia, la fuerza y la capacidad combativa de la clase
avanzada; y por otra parte, encauzando toda esta labor de utilización
hacia la 'meta final' del movimiento de esta clase, capacitándola para
resolver prácticamente las grandes tareas al llegar los grandes días 'en
que se condensan veinte años'.
Pensar ahora la tarea más urgente
al movimiento. Hagámoslo responsablemente, teniendo en cuenta que lo que
está en juego es algo más que nuestras propias vidas.
___________________
1 Aquí "populista" está
usado no en el sentido de la conocida corriente ideológica que se divulgó
en Rusia afines del siglo pasado, sino en el de denominación de toda
corriente que pretende rendir culto a la espontaneidad popular; desechando
la teoría en la lucha política.
2 "Hemos dicho que los
obreros no podían tener conciencia socialdemócrata. Esta sólo podía ser
traída desde fuera. La historia de todos los países demuestra que la clase
obrera está en condiciones de elaborar exclusivamente con sus propias
fuerzas sólo una conciencia tradeunionista, es decir, la convicción de que
es necesario agruparse en sindicatos, luchar contra los patronos, reclamar
al gobierno la promulgación de tales o cuales leyes necesarias para los
obreros, etc. En cambio, la doctrina del socialismo ha surgido de teorías
filosóficas, históricas y económicas, elaboradas por intelectuales, por
hombres instruidos de las clases poseedoras". (Lenin. VI "Qué hacer", en:
Obras escogidas en tres tomos, Editorial Progreso, Moscú, t. 1. pp
139-140).
3 "Debemos estudiar
minuciosamente los brotes de lo nuevo, prestarles la mayor atención,
favorecer y cuidar por todos los medios el crecimiento de estos débiles
brotes. Es inevitable que algunos de ellos perezcan. No puede asegurarse
que precisamente los 'sábados comunistas' vayan a desempeñar un papel de
particular importancia. No se trata de eso. Se trata de que es preciso
apoyar todos los brotes de lo nuevo, entre los que la vida se encargará de
seleccionar los más vivaces". (Lenin, V I "Una gran iniciativa ", en:
Obras escogidas en tres tomos, Ed. cit., t. 3, p. 232)
4 Lenin. V I. "Carlos
Marx ", en: Obras Escogidas en tres tomos, ed., t. 1, pp. 49-50.
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