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Sindicatos y globalización

Luiz lnácio Lula da Silva *

Esta nueva realidad exige del movimiento sindical una .actitud más agresiva y activa, caracterizada por la capacidad de presentar propuestas alternativas. La Volkswagen, por ejemplo, decidió producir camiones en Resende, una ciudad situada a 160 kilómetros de Río de Janeiro, pero no en una fábrica sino en un "condominio industrial" que fue inaugurado en octubre último. Así se ha dado en llamar un sistema por el cual una ensambladora recibe bloques completos .de los proveedores de auto partes que no forman parte de la empresa, aunque en algunos casos trabajan en las instalaciones de la Volkswagen.

De este modo casi toda la producción es aportada por los proveedores y la Volkswagen hace funcionar al condominio con Un mínimo de personal propio. La Volkswagen introdujo esta novedad sustancial sin discutirla con nadie, ni con los sindicatos brasileños ni con los alemanes, como tampoco con el gobierno del país europeo.

Para poder al menos participar en decisiones como ésta, los sindicatos brasileños deben establecer un canal de discusión con los sindicatos alemanes. Sólo mediante presiones políticas efectuadas en Brasil y en Alemania se podrán crear las condiciones para llamar a una empresa como Volkswagen a la mesa de negociaciones y discutir la implantación de una fábrica, considerando no sólo las ganancias, sino también la generación de empleos.

El desafió se plantea a escala internacional. El movimiento sindical tiene que evolucionar en su discurso y en la práctica, para adaptarse a lo que ocurre en el mundo y tomar parte en las decisiones. Para ello, necesita convertirse en un sindicato de ciudadanos, es decir debe ser menos corporativo y más abierto. Al mismo tiempo, debe darse una política multidimensional, o sea tener pautas de reivindicaciones para presentar a la empresa, al gobierno local y al gobierno nacional.

En junio de este año, cuando participé en un Congreso en Gotemburgo al que asistían sindicalistas metalúrgicos de 76 países, me impresionó la similitud de los problemas que encaran los trabajadores en el mundo entero. Esto es algo inédito, ya que hace apenas diez años los sindicalistas europeos, japoneses o estadounidenses veían los problemas laborales de América Latina como muy distintos de los suyos. La era de la globalización está barriendo aquellas diferenciaciones y uniformando la problemática. La verdad es que se ha instalado una nueva dinámica en el sector productivo de la economía mundial yeso facilita la unificación del movimiento sindical.

La Ford, por ejemplo, tiene fábricas en varios países del mundo. Es posible entonces hacer acuerdos colectivos internacionales que fijen reglas comunes para todos los trabajadores de esa empresa, respetando la legislación de cada país. En ese cuadro considero un hecho muy significativo de las nuevas tendencias en el movimiento obrero que, cuando en junio último la Central Única de Trabajadores (CUT) que Brasil convocó una huelga general, una confederación sindical tan importante como la CIOSL de Estados Unidos expresara su solidaridad mediante el envío de una delegación. Y es que a la globalización económica se debe contraponer la globalización sindical.

También es necesario darse cuenta del importante papel que juega en el nuevo ordenamiento económico la Organización Mundial del Comercio (OMC), que está empeñada en impulsar la liberalización comercial. El movimiento sindical está a favor de la apertura comercial, pero si uno llega a Nueva York y encuentra zapatos brasileños a 70 dólares y los chinos a 17, es evidente que la competencia resulta insostenible. Por tanto, hacen falta reglas compensatorias para los sectores que aún no logran competir y darles un plazo para que puedan modernizarse. No sé qué está equivocado, si los zapatos a 17 dólares o a 70. Pero sé que es necesario tener un patrón mínimo para que haya un intercambio más justo entre los países La OMC será un instrumento importante si regula correctamente estos problemas. Por ejemplo, no debería permitirse que Estados Unidos imponga gravámenes adicionales a las importaciones de acero de Brasil mientras este país le abre completamente el mercado.

Los estados nacionales perdieron importancia en la economía mundial porque los gobernantes se han reducido a meros ejecutores de las decisiones de las grandes trasnacionales. En el contexto actual, el desempleo, que es la preocupación prioritaria de los sindicatos a escala planetaria, sólo puede ser enfrentado con eficacia cuando se convierte en un problema político, y esto se verifica cuando este problema social implica dificultades para los gobernantes y los empresarios. La presión política es un arma fundamental que los trabajadores necesitan valorar, tanto en el caso de los que ya disponen de un empleo y aspiran mejorar sus condiciones de trabajo como en el de los desocupados.

En las condiciones de desempleo generalizado, como las que tienen lugar actualmente, el movimiento sindical necesita inventar otro tipo de presión; no puede tener la huelga como único instrumento de negociación, y el nuevo instrumento es la presión política. En la región metropolitana de San Pablo, que es el corazón industrial del Brasil, la desocupación alcanza hoy al 14,8 por ciento según recientes cálculos sindicales. El presidente Fernando Cardoso dice que el desempleo en Brasil es estructural, pero ésta es una media verdad. La otra mitad de la verdad es que los pocos recursos existentes son aplicados sin criterio alguno de generación de empleos. En Brasil, donde todo está aún por hacerse, no se cuenta con una verdadera política industrial. El movimiento sindical puede presentar propuestas alternativas, como ya lo ha hecho, y participar activamente en una política de desarrollo, pero como es obvio no puede ejecutarla por sí mismo. Lo mismo vale para el resto de América Latina.

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* Ex líder sindical metalúrgico y candidato a la presidencia de Brasil.

Debate Abierto: revista venezolana para la reflexión y discusión. Director responsable y fundador: Carolus Wimmer
ISSN: 1316-497X. Deposito legal: p.p. 19702DF390 - RIF: J30691967-8