A. Bignami
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INTELECTUALES REVOLUCIONARIOS COMPROMISO Y ORGANICIDAD

Ariel Bignami*

1.- Quiero intentar una aproximación sociológico política para la cuestión de los intelectuales latinoamericanos y el papel que W1 sector importante de ellos juega en los procesos de carácter antiimperialista en el presente y en la historia de las batallas del movimiento popular, con sus triunfos y sus derrotas.

Para esta tarea para este elfo que el término de "compromiso" me parece insuficiente; me resulta insatisfactorio el concepto, ya que parecería describir una relación exterior, de apoyo, de coincidencia, pero de todos modos exterior, del intelectual con respecto al sujeto popular, con respecto a un movimiento o un bloque histórico: el bloque histórico (proyecto solamente, salvo en algunos lugares y momentos) de las fuerzas populares agrupadas en tomo a la clase obrera y a los asalariados.

Para develar esta relación, me parece mucho más adecuado hablar de participación y de organicidad. En América Latina, una franja considerable de los intelectuales no se limita a ingresar en frentes, movimientos o agrupamiento s políticos preexistentes, sino que contribuye desde el inicio a dar forma a estos agrupamientos, contribuye inclusive a construir el sujeto popular en los distintos planos: social, político, cultural.

2. En todos los momentos del proceso mencionado, el papel de los intelectuales no es accidental, no es fortuito. Tampoco es decorativo, aunque a veces inclusive desde la izquierda se lo trate como tal. Es una contribución indispensable, que en algunos casos muy importantes llega a ser dirigente.

En el sentido común vigente en nuestras sociedades -e inclusive en el sentido común que suele instituirse dentro de la izquierda, en el cual también tiene lo suyo como factor de conservatismo la actitud hacia los intelectuales suele oscilar entre la sobre valoración y el menosprecio ya sea atribuyéndose el monopolio del saber o reprochándoles una especie de pecado original que los haría por naturaleza inestables o no onfiables. Ambas actitudes, en mi opinión, son injustificadas y dificultan el aprovechamiento, por parte del polo popular, de las múltiples potencialidades de participación de los intelectuales en la construcción de la fuerza revolucionaria y en el accionar eficaz de esa fuerza. Esta participación no secundaria es, en Latinoamérica, una posibilidad, pero una posibilidad que tiene ya un grado de realización en la historia del subcontinente.

3. He mencionado dos categorías fundamentales en el pensamiento gramsciano: la de bloque histórico y la de intelectual orgánico.

El bloque histórico comparte no solamente una alianza de fuerzas sociales para dominar o para liberar, sino que sustenta y está cohesionado por un conjunto de valores culturales, una cultura hegemónica o contra hegemónica. En cuanto a los intelectuales, Gramsci parte de la idea de que todos los hombres son intelectuales, pero no todos tienen en la sociedad la función de intelectuales. Y son intelectuales orgánicos aquellos que, pertenezcan o no a un partido o una organización, están ligados de diversas maneras al proyecto hegemónico o contra hegemónico de un determinado bloque histórico, en el poder o en la lucha por el poder. Aquí me circunscribiré a los intelectuales del campo popular y revolucionario, que en Latinoamérica tiene componentes políticos, teóricos e ideológicos de raíz marxista, nacionalista popular y cristiana de liberación, fundamentalmente.

4. No me propongo historiar la trayectoria de los intelectuales orgánicos populares en América Latina, pero sí señalar su primer remoto antecedente: me refiero a José Gabriel Condorcanqui, Tupac Amaro, líder de la mayor rebelión social y política de la época colonial americana y poseedor de una educación especializada como cacique hereditario. La presencia de los intelectuales orgánicos se manifiesta en toda la época de los movimientos independentistas americanos, con una presencia señalada por figuras como Mariano Moreno, Miguel Hidalgo, Francisco de Miranda, y que llega hasta el paradigma de José Martí.

Como segundo referente, yo propondría un hecho extra continental, que tiene lugar en Francia en 1871: me refiero, claro está, a la Comuna de París, un experimento revolucionario totalmente original, obra de las diversas corrientes de la izquierda de ese momento a través de una vanguardia encarnada en el Comité Central de la Guardia Nacional, con objetivos patrióticas al mismo tiempo que socialistas y con una ética intransigente. Derrotada por la intervención exterior y la traición de la burguesía francesa, se estableció sin embargo como un modelo nítido e indiscutible. El tercer referente es continental y caribeño, y se trata, por supuesto, de la Revolución Cubana, cuya continuidad con el período de las revoluciones y guerras emancipadoras, cuya ejemplaridad y cuyo impacto en los pueblos latinoamericanos sin excluir a sus intelectuales, me parecen indiscutible.

Lo que aquí me interesa señalar, es el papel destacado que cumplieron en ambos hechos revolucionarios la Comuna de Paris y la Revolución Cubana importantes sectores de la intelectualidad.

La Comuna fue hechura del proletariado parisiena, con características todavía artesanales en muchos casos, y con una participación muy visible de intelectuales de distinto tipo. En el caso cubano, un segmento de intelectuales orgánicos de la revolución desempeñó un rol ya no de apoyatura, sino dirigente, como lo ilustra con claridad la referencia de Fidel Castro, el Che Guevara y otros. La clase obrera urbana y rural, y el campesinado pobre, fueron fuerzas decisivas, sin cuya participación la revolución no habría podido triunfar, pero la dirección estuvo asegurada en medida fundamental por intelectuales revolucionarios, actuando en cierto modo por delegación de las clases populares con las que estaban ligadas.

En la revolución sandinista se manifiesta asimismo una intervención decisiva de un sector de la intelectualidad, tanto en la conformación de la fuerza revolucionaria como en el derrocamiento de Somoza y la instalación de un nuevo poder. Sin entrar aquí en las vicisitudes posteriores y actuales, con un grado importante de regresión conservadora, el desalojo de los sandinistas del poder y un cuadro complejo. Estas constataciones no implican cuestionar el papel dirigente de la clase obrera, sobre todo en países como la Argentina; implica no negar datos de la realidad y particularidades históricas.

5. La participación de los intelectuales en los procesos de resistencia popular con características, a veces, de contraofensiva incipiente ha ido experimentando cambios de carácter cualitativo que tiene una base cuantitativa. Ya no se trata si alguna vez fue realmente así de casos aislados de intelectuales que se suman al movimiento popular, sino de sectores enteros de intelectuales que participan activamente con un aporte propio. Pese al repliegue del movimiento popular, esta tendencia no desapareció, aunque sí se hizo más lenta y más limitada (lo cual corresponde a una reducción general de la militancia). Los síntomas de recomposición de la intelectualidad de izquierda vienen acompañados y estimulados por cambios en la composición social de la intelectualidad y sus relaciones con las clases y sectores sociales. Sin duda todas las clases tienen sus intelectuales, por origen o por ideología, o por ambos, pero hasta hace pocas décadas era frecuente relacionar de manera automática "intelectuales" con "pequeña burguesía". Esto ya no responde a la realidad. La evolución de las sociedades latinoamericanas, por diversos motivos, acerca a los intelectuales por su origen, por sus lazos y por su pertenencia directa, laboral y cultural, a sectores muy numerosos cuya situación es en mi opinión intermedia, muy próxima a la clase obrera y que sin duda pertenecen al movimiento obrero entendido en un sentido amplio, me refiero a los maestros, los periodistas, los trabajadores judiciales, bancarios, diversas categorías de estatales y otros.

Estos segmentos del movimiento obrero, fuertemente agremiado s en muchos casos, son con frecuencia muy combativos, y a ellos hay que agregar, en la Argentina por ejemplo, sectores asalariados como los médicos de hospitales que protagonizaron no hace mucho un movimiento importante. La intelectualidad que participa o puede participar en la construcción del sujeto revolucionario y de sus expresiones políticas tiene como referente social en primer lugar a estos sectores, lo cual no puede dejar de tener consecuencias en sus conductas políticas.

Claro que, por su situación y su función en la sociedad, todos los docentes, todos los periodistas, todos los profesionales son intelectuales. Aquí me refiero únicamente a la relación de estos sectores masivos, sus culturas y sus experiencias (sobre todo sus experiencias de lucha) con la formación del intelectual orgánico popular y revolucionario.

La categoría de intelectual tiene una especificidad que el intelectual orgánico del bloque popular incorpora a sus maneras de inserción, pero esa especificidad depende totalmente de; un sistema de relaciones, no gira en el vacío y no es, en todo caso, una excepcionalidad.

Hay una idea de origen muy prestigioso, pero de todos modos erróneos en mi opinión, que ha contribuido a que no se entendiera bien la relación del intelectual orgánico con las clases potencialmente revolucionarias. Se trata de la formulación según la cual las clases más explotadas obreros, campesinos- no poseen los medios para elaborar la teoría general de su propia situación y de la sociedad, y requieren de la contribución de intelectuales que desde afuera de estas clases introducen la teoría. Esto es y no es cierto. Además de lo que se explica a continuación, la clase obrera actual sí puede producir intelectuales desde sus propias filas: piénsese en Agustín Tosco.

Es verdad que la contribución de los intelectuales ya no de origen burgués, en general- es necesaria para el análisis y la teoría, entre otras contribuciones posibles. Pero no lo es que los intelectuales capaces de cumplir esta tarea lo hagan desde afuera del movimiento real de las clases populares; lo hacen al contrario desde adentro y pueden hacerlo precisamente por eso, además de porque tienen las herramientas culturales para hacerlo. Es históricamente el caso de Marx y Engels en la asociación Internacional de Trabajadores, de Lenin en los Consejos de Obreros, Campesinos y Soldados y en el Partido Bolchevique, de Gramsci en el movimiento obrero italiano, en los Consejos de Fábrica y en el período fundacional del Partido Comunista; de Mariátegui en la creación del movimiento sindical clasista peruano, del Che y Fidel en el movimiento revolucionario cubano. Si efectivamente las teorías que formularon estos grandes activistas, estos grandes agitadores, hubieran sido elaboradas desde afuera de las fuerzas político sociales revolucionarias, difícilmente habrían sido lo que John Holloway describe, refiriéndose al marxismo, como "el grito de No contra el capitalismo... la negatividad hasta el fondo".

Hay otras formas igualmente válidas de ser intelectual orgánico revolucionario: la de los artistas capaces de expresar de manera no retórica la situación, la ética y las emociones de las clases populares, como Maiacovsky, Brecht, Cortázar, o como Silvio Rodríguez, Alfredo Zitarrosa. Son intelectuales orgánicos también, desde una inserción en el proyecto del bloque popular, los investigadores desde cualquier campo especializado del conocimiento.

6. La suerte futura de los intelectuales orgánicos revolucionarios va a ser la suerte del movimiento popular y revolucionario, que todos aspiramos a que sea un destino de victoria, pero ya sabemos que en este terreno no hay inevitabilidad que valga, y cada intelectual está en situación de elegir si quiere compartir esta suerte o contribuir, aunque sea pasivamente, a que persistan las injusticias de todo tipo que caracterizan al capitalismo, en su variedad neoliberal o en cualquier otra.

Sería bueno que el movimiento popular revolucionario, en nuestros distintos países, encuentre formas y maneras que faciliten el paso de los intelectuales a participar en el proceso liberador lo que se ha llamado la Segunda Independencia en nuestro subcontinente. Y la activación de todas sus potencialidades.

No pretendo desconocer aquí que en la intelectualidad latinoamericana, las sucesivas derrotas del movimiento popular (ante las dictaduras militares y sus secuelas, los regímenes conservadores surgidos de elecciones) han tenido impactos serios y han ocasionado retrocesos. Lo que digo es que esto ocurrió también con el conjunto de las clases populares y que su creciente, aunque desigual y accidentada recomposición, muestra señales así mismo entre los intelectuales

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* Profesor de la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Buenos Aires

 

Debate Abierto: revista venezolana para la reflexión y discusión. Director responsable y fundador: Carolus Wimmer
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