L. Sanz
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UNA DISUTOPÍA RADICAL

Luis Sanz *

La primera edición del Manifiesto Comunista, escrito por en cargo del Segundo Congreso de la Liga Comunista (29 noviembre 8 de diciembre 1847), apareció en febrero de 1848, coincidiendo prácticamente en el inicio de las revoluciones que conmovieron Europa durante ese año. Ciento cincuenta años más tarde, diversos coloquios y publicaciones celebran este aniversario. Quizá el acto de mayor relieve sea el Encuentro Internacional "El Manifiesto

Comunista, 150 años después: ¿Qué alternativa al capitalismo? ¿Qué emancipación humana?", que se celebrará los días 13,14, 15y 16 de mayo de 1998 en París. 

Sin ser el texto fundamental en la obra de Marx, no por ello carece de interés actual para el pensamiento y la acción socialista, especialmente cuando se fija la atención en algunas de las ideas que han pasado demasiadas veces inadvertidas. 

El Manifiesto es un texto político, no teórico. Se ha repetido en muchas ocasiones que el M C. es el primer intento de interpretación marxista de la historia o una síntesis de la teoría marxista. En ese caso, sería una obra menor, conjunto de frases lapidarias, ingeniosas corno era frecuente en Marx, pero carentes de interés a finales del siglo XX. Pretender sintetizar la obra teórica de Marx en el M C. sería como creer que la teoría de la relatividad de Einstein se resume diciendo que "todo es relativo". 

Un texto político. ¿Pero de qué tipo? No es análisis concreto de una realidad concreta, corno ''El 18 Brumario..." o ''La lucha de clases en Francia". No es un "conjunto de propuestas", pues éstas son ocasionales y juegan un papel secundario. No es un texto de combate con el que se pretenda influir de forma inmediata sobre la realidad social, corno lo fueron sus artículos en la Neue Rheinische Zeitung. 

Sin embargo, es un texto político importante, en el que se definía la identidad política propia de los revolucionarios que hacían suya una estrategia centrada en la acción práctica de la clase trabajadora y en su proceso de organización en cuanto tal. Contra sectas y benefactores, el Manifiesto Comunista contiene el embrión de una disutopía radical.

La clase 

Tanto Marx como Engels explican la adopción del término comunistas por las características que, a mitad del siglo XIX, tenía lo que entonces se englobaba bajo el término genérico de socialistas, cobijo de multitud de utópicos, filántropos y sectas. 

Marx respeta a los grandes utópicos. Pero advierte de que su papel histórico crítico se extingue con el desarrollo de la acción obrera. Hace una observación, aplicable también a diversas experiencias de la izquierda de nuestro siglo, indicando que si bien puede considerarse a los autores de esos sistemas utópicos como revolucionarios en muchos aspectos, sus discípulos forman sectas siempre reaccionarias, ya que "se obstinan en sostener las viejas concepciones de sus maestros frente a la evolución histórica del proletariado". 

Con Marx, se produce una novedad radical. En el centro de la transformación social, pone la lucha de los desposeídos para conseguir el poder político, esto es, la democracia. Y en el centro de la política ya no encuentran artificiosos planes de reorganización económica ni de ingeniosa ingeniería social, sino la actividad práctica transformadora de una clase asalariada que ya no es vista solamente como grupo "que sufre", sino también, y ante todo, como clase que lucha y que, luchando, se constituye en clase política.

El M. C. en su conjunto es una declaración de ruptura con utópicos y sectarios, quizá motivada, en gran medida, por la voluntad de extirpar los resabios conspirativos de gran parte de sus ocasionales compañeros de la Liga Comunista, proyecto que, como podría verse pronto, no era ciertamente el proyecto de Marx y Engels. 

La denuncia del utopismo es tajante: "Sustituyen la actividad social por su propia ingeniosidad; las condiciones históricas para la emancipación, por condiciones fantasiosas; la organización gradual y espontánea del proletariado en clase, por una organización de la sociedad fabricado pieza a pieza por ellos. Para ellos el porvenir del mundo depende de la propaganda y de la aplicación de sus planes sociales". 

La lucha contra las sectas es otra constante en toda la actividad política de Marx y de Engels. Si éste último había ya escrito en los Principios del comunismo que "las revoluciones no pueden hacerse premeditada y arbitrariamente", algunos años después (1850) Marx escribía en la Neue Rheinische Zeitung que "Los conspiradores profesionales no se satisfacen con organizar el proletariado revolucionario. Su misión consiste en adelantarse al proceso revolucionario, empujarlo artificial mente a la crisis, hacer la revolución de improviso, sin que existan las condiciones necesarias. La única condición de la revolución, a su juicio, es una buena organización y un complot". 

El pensamiento político de Marx está impregnado hasta los huesos de la prioridad de la actividad práctica espontánea de la clase trabajadora, donde "espontánea" no quiere decir "desorganizada", ya que el proceso histórico de organización de los trabajadores asalariados es precisamente la principal expresión de esa espontaneidad. Marx nunca crea "organizaciones obreras": en todo caso, se une a ellas. 

En lo fundamental, la visión marxista del papel de la clase trabajadora era correcta y ha sido confirmada históricamente. Durante los últimos 150 años, el movimiento obrero ha sido la fuerza decisiva en la lucha emancipadora y por la extensión de la democracia y de los derechos sociales. Las democracias más avanzadas insuficientemente democráticas- y con un más amplio conjunto de garantías sociales se encuentran, en términos generales, allá donde la clase asalariada es más influyente y cuenta con más poderosas organizaciones. En los países en los que se están desarrollando nuevos proletariados masivos, puede observarse también la tendencia a que éstos jueguen un papel decisivo en el ámbito de la política y de la conquista de la democracia (Brasil, Corea del Sur, Sudáfrica). 

Si Marx ha sido refutado en diversos aspectos, lo ha sido, en cierta forma, por sí mismo, o, para ser más preciso, por el movimiento práctico de clase que él puso en el centro de su política. 

Nadie podrá negar la fuerza agitativa del párrafo que, en el MC, precede al llamamiento final a la unidad internacional del proletariado. Pero, a decir verdad, nunca ha sido cierto que el proletariado no tenga nada que perder más que sus cadenas, y toda revolución implica riesgo que casi nadie quiere correr salvo en circunstancias sociales o políticas extremas que los justifiquen. En realidad, los que nada tienen que perder no son nunca autores de las grandes transformaciones sociales. La gran historia del movimiento obrera está basada sobre el esfuerzo de hombres y mujeres que impulsaban el proceso de organización clasista arriesgándose, una y otra vez, a perder sus medios básicos de sustento. Las grandes luchas obreras se han dado cuando, de no hacerlo, se podía perder algo importante. Pues la perfidia del capitalismo reside en que la pérdida de las cadenas que atan al trabajo asalariado puede significar, simplemente, el verse precipitado hacia el infierno de la marginación, del submundo de la desesperación en el que una acción propiamente humana para cambiar las cosas se torna casi imposible. 

Más absurdo aún resu1taria pretender hoy que la clase obrera "no tiene nada que perder" en los países capitalistas avanzados. Tiene tanto más que perder, en la medida precisa en que ha ganado bastantes cosas a 10 largo de décadas de lucha sindical y acción política. Si hoy, en estos países, la condición asalariada se muestra como menos clasista que antaño, no es porque el trabajo pierda importancia social ni porque las clases tiendan a desaparecer, sino porque el movimiento obrero ha logrado ciudadanía, 10 que implica un espacio vital con muchas más dimensiones y una pluralidad de identidades coexistentes 

en cada individuo, así como un grado mayor de difusión de diversas opciones políticas entre diversos grupos sociales. La añoranza por una clase obrera inmersa en sí misma, compartiendo ocio esencialmente masculino en las Casas del Pueblo es añoranza por una sociedad en la que el proletariado tenia que crear su propia micro sociedad por estar expulsado de la sociedad. 

Dentro de la multidimensionalidad del conflicto social, la lucha de clases sigue teniendo un papel destacado y esencial. La feroz ofensiva 1iberista contra el Estado social es una amenaza sobre la propia democracia allá donde existe y refuerza las tendencias autoritarias. En estas condiciones, el movimiento sindical y la capacidad de acción de la clase asalariada refuerzan su papel decisivo y pluridimensional en el más inmediato futuro. Un futuro en el que nada está decidido.

El partido 

Las reflexiones de Marx el "partido" son radicalmente opuestas a lo que se ha venido entendiendo, en sus diversas variantes, como "teoría marxista de la organización". Pueden hacerse algunas excepciones, pero, en líneas generales, el "marxismo" ha dado al "partido" un lugar antagónico con el que ocupaba en el pensamiento de Marx. 

En el Manifiesto Comunista se distinguen al menos, dos formas de entender el término partido. 

Una, la que ocupa un lugar central y permanente en la obra de Marx se identifica con el proceso de formación de coaliciones obreras que superan la fase de los enfrentamientos individuales entre trabajador y patrón, y con la posterior constitución de la clase obrera en clase política, con independencia de las formas organizativas que este proceso adopte. 

La segunda acepción del término partido es la utilizada cuando se habla de la "posición de los comunistas hacia los diferentes partidos de la oposición", o cuando se dice que "los comunistas no forman un partido distinto opuesto a los otros partidos obreros", "el objetivo inmediato de los comunistas es el mismo que el de todos los partidos obreros...", "los comunistas trabajan por la unión y el entendimiento entre los partidos democráticos de todos los países".

Aquí ya no se trata de la clase como tal, sino de diversas componentes políticas que la cruzan. De hecho, Marx ni siquiera define a los comunistas en cuyo nombre habla como un partido propiamente dicho, sino como "la fracción más decidida de los partidos obreros de todos los países, la fracción que arrastra a todas las demás", distinguiéndose solo en que hacen prevalecer los valores comunes a todo el proletariado, independientes de la nacionalidad, yen que adoptan siempre el punto de vista del movimiento en su conjunto, sin tratar de establecer "principios particulares sobre los que moldear al movimiento obrero" 

El partido en tanto que corriente política con un determinado grado de influencia social es, pues, un elemento mucho más ocasional que el proceso de constitución de la clase obrera en partido, en el sentido fuerte del término. Pero no sólo es más ocasional, sino que también está subordinado respecto a la estrategia central. Todo esto contiene sugerencias de gran actualidad, aunque debe ser reformulado según las características propias de cada sociedad. 

Un repaso de la actividad política de Marx confirma el certero análisis. "Para Marx, cualquier organización era una secta si convertía en frontera organizativa cualquier conjunto de opiniones particular (incluyendo las opiniones de Marx), si hacía de este conjunto de opiniones particular el elemento determinante de su forma organizativa. Ni Marx ni Engels formaron o intentaron formar un grupo marxista de cualquier tipo, esto es, un grupo asociativo basado sobre un programa exclusivamente marxista. Toda su actividad organizativa marchaba por un camino totalmente distinto". 

Efectivamente, nunca Marx creó su organización. Se asociaba con organizaciones realmente existentes, tratando de influir en ellas y, ante todo, de influir, a través de ellas, sobre el movimiento social. La prioridad que daban a su actividad en estas organizaciones no derivaba de la afinidad ideológica con ellas, sino de la importancia que pudieran tener de cara a la transformación social. En cuanto estalla la revolución de 1848, el papel de la Liga Comunista desaparecida en 1850, que nunca fue para Marx demasiado importante, se hace para él insignificante, articulando su actividad en otras instancias organizativas: ''En colonia durante la revolución, ellos [Marx y Engels] actuaban (organizativamente hablando) en tres niveles distintos, ninguno de ellos similar a una secta marxista: (1) En el movimiento democrático de izquierda (Unión Democrática)...; (2) En la Asociación Obrera de la ciudad, una amplia organización de clase; (3) En su propio centro político. ¿Y qué crearon como su centro político? En ningún caso una organización, sino más bien un periódico y su equipo editorial, esto es, una voz". 

Resulta evidente que la presión de una opinión distinta (por correcta que se crea), no justifica la formación de un partido, que sólo tiene razón de ser en la medida de que exprese y represente a una fracción significativa de la sociedad y pueda ser para ella una herramienta para cambiar las cosas. Sin representación social efectiva. todo lo más que puede formarse son centros políticos, con muy diversas formas organizativas (corrientes, publicaciones, asociación es, clubes, etc.); los centros políticos que adoptan la forma de partido suelen degenerar en sectas. 

Además, la relación de Marx con cualquier organización incluía siempre la toma de cierta distancia respecto a ella actitud que deberíamos compartir todos los miembros de partidos. Así, Marx y Engels, en el articulo El Partido Democrático publicado en Neue Rheinische Zeitung (2 junio 1848), comienzan diciendo: "Generalmente, cuando aparece un nuevo órgano público de opinión, se espera que muestre entusiasmo por el partido a cuyos principios apoya, una confianza incondicional en la fuerza de este partido y una constante disposición tanto para usar el poder real para postergar los principios como para utilizar el hechizo de los principios para encubrir una real debilidad. Nosotros no vamos a cumplir esas expectativas. Nosotros no vamos a adornar derrotas con engañosas ilusiones". 

No hay tampoco otra forma de ser leal a un partido en tanto que parte política real de la sociedad. La lealtad a los partidos en tanto que aparatos deriva siempre en deslealtad respecto al propio pensamiento y respecto al sector social que se pretende representar, pues los intereses de los aparatos coinciden punto por punto con los intereses individuales de quienes los dominan. Íntimamente ligada a esa forma de entender la actividad organizada, se encuentra la democracia. La principal condición de Marx y Engels pusieron para integrarse en la Liga Comunista fue, precisamente, la retirada de los estatutos de todo “culto supersticioso a la autoridad". Nada permite hacer de Marx un precursor del "centralismo democrático", sin siquiera en sus mejores versiones, que permiten el debate interno pero coartan la libre actividad política pública. 

El género humano es... 

A mi entender, la especificidad positiva del pensamiento político de Marx reside:

• El papel que reconoce al movimiento obrero y a la dimensión política del mismo, enfrentándose muy particularmente a los "socialistas" que oponen las reivindicaciones sociales al movimiento político de la clase trabajadora para conquistar la democracia y el poder político. 

• La crítica del capitalismo y de la naturaleza esencial de la sociedad moderna, desarrollada en El Capital critica radical de lo existente que no cede a la tentación utópica de proponer diseños preconcebidos de la sociedad futura 

• La concepción internacionalista que llevó a sumarse con entusiasmo a la AIT y a sus trabajos. 

Del contenido y del tono del Manifiesto Comunista se desprende que Marx olfateaba la proximidad de la revolución y de la dimensión internacional de ésta lo que fue confirmado por las revoluciones que conmovieron Europa durante 1848. En 10 que Marx se equivocaba hoy resultaba obvio era en la presenciación de un capitalismo al borde de su agotamiento como sistema-mundo histórico. El movimiento obrero iba a dar grandes batallas, como preveía Marx, que contribuiría a cambiar el mundo significativamente, pero no eran la "lucha final", sino los primeros pasos de un largo camino de combate, a lo largo del cual se modifican las condiciones sociales y perspectivas de esa lucha. 

Ese error tiene, sin duda fundamentos coyunturales, pues antes de cada batalla todos los contendientes se animan con promesas de grandes victorias. Pero quizá hayan una razón más sólida para que el firme materialismo y el escaso triunfalismo de Marx se dejase llevar hacia la precipitada afirmación de que el régimen burgués se parecía aya a un mago incapaz de controlar "las potencias infernales" que había evocado.

Marx hizo una descripción muy precisa de una de las características más propias del sistema capitalista. "(...) la burguesía invade todo el planeta. Necesita implantarse en todos los lugares, y en todos ellos explotar y establecer sus relaciones"... (...) la burguesía da un carácter cosmopolita a la producción y al consumo de todos los países. Causando la desesperación de los reaccionarios, suprime la base nacional de la industria"... "(...) se desarrolla un comercio generalizado, una interdependencia generalizada de las naciones (...)", etc. 

Podríamos estar leyendo trozos de algunas de las habituales descripciones de la ''mundialización” 

Podríamos decir también que el capitalismo real se ha ido adecuando al concepto que de él había en Marx, pues éste había captado con gran precisión la naturaleza íntima del régimen burgués. Pero el capitalismo real del siglo XIX estaba aún muy lejos de haber desarrollado plenamente esa tendencia; más aún, todavía hoy queda lejana la perspectiva de una plena mundialización y la desaparición de "Las demarcaciones nacionales y los antagonismos entre los pueblos". 

Una de las mayores intuiciones políticas de Marx era que ''La acción común al menos en los países civilizados, es una de las primeras condiciones de la emancipación", lo que explica las enormes dificultades que tiene la izquierda cuando lo intenta para llevar adelante políticas socialistas en un sólo país. Pero esa acción común entre la clase trabajadora de los países más avanzados es obstaculizada constantemente, no sólo por la competencia entre esos mismos trabajadores, sino también por el margen de maniobra que para el régimen burgués era y es la existencia de una periferia en la que el movimiento obrero no ha alcanzado un protagonismo social comparable. 

La Primera Guerra Mundial, obreros matando obreros, fue una de las mayores catástrofes del socialismo. Precedida por un período que vio la creación y desarrollo de las grandes organizaciones obreras de masas, tras ella no se abrió, contra lo que tantas veces se ha dicho, "la era de la revolución socialista", sino el más nefasto período del siglo XX, la noche del siglo marcada por el fascismo. Hasta después de la Segunda Guerra Mundial no se volvería abrir un nuevo período de avance político y social en los países más desarrollados, en el que se alcanzan grandes logros democráticos (sufragio universal) e importantes garantías sociales, acelerándose también la descolonización. 

Ese período también ha llegado a su fin. La nueva fase de la mundialización capitalista tiene un marcado tono liberista, en unas condiciones en las que parece difícil establecer el "consenso" del avance conjunto, equilibrio que, no sin tensiones ni sin luchas, compatilizaba en los países avanzados la consecución de los objetivos capitalistas con la conquista de mejorar para la mayoría social de esos países. El retorno a un camino de progreso social y democrático debe venir de la mano de una hegemonía política de una izquierda renovada y de una revitalización de la acción y organización de las clases subalternas. 

La izquierda no debe combatir la mundialización, sino al capitalismo. La izquierda debe oponerse a la economización del mundo, pero no a la mundialización de la economía. La izquierda debe ser capaz de hacer encajar la dimensión nacional, que durante mucho tiempo tendrán aún gran parte de las luchas políticas, con la imperiosa necesidad de la "acción común"  y del gobierno común de muchas cosas, debería añadirse ahora- como condición de la emancipación.

Hay que abrir los caminos para el encuentro flexible de todas las fuerzas emancipadoras del mundo, recogiendo el llamamiento final del Manifiesto Comunista

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* Investigador Social

Debate Abierto: revista venezolana para la reflexión y discusión. Director responsable y fundador: Carolus Wimmer
ISSN: 1316-497X. Deposito legal: p.p. 19702DF390 - RIF: J30691967-8