LA DEMOCRACIA EN LA CONSTITUCIÓN DEL
PROLETARIADO EN CLASES
Joaquín Miras Albarrán *
...La constitución del proletariado en
clase...la conquista de la democracia.
Las clases sociales para Marx son
entidades históricas que deben ser construidas. Trataremos de resumir las
ideas de Marx sobre el papel de la democracia en la constitución del
proletariado como clase. También trataremos de establecer que el comunismo
no es un principio alternativo a la democracia, sino la forma plena o
radical de la misma. Esto implica resumir las ideas de Marx sobre
democracia, proletariado y comunismo.
A.
LA DEMOCRACIA
Marx fue desde su juventud un
demócrata, y consecuentemente un político antiliberal. Los principios de
la democracia y el liberalismo, desde su aparición en la Revolución
Francesa el período Jacobino y el Consulado, respectivamente, fueron
antagónicos. En Europa, tan sólo en Francia, durante los años 40, un
reducido número de liberales, nucleados en tomo a Lamartine y al periódico
Le National había comenzado a proponer la fusión de ambos
principios. Durante este período, democracia era la denominación de
movimientos de masas constituidos por clases subalternas, así como su
finalidad política con la excepción problemática de la Suiza del
Sonderbund.
Según Marx, el liberalismo se
diferenciaba de la democracia no sólo por la restricción del sufragio
censitario. También se diferenciaba por organizar la actividad de la
sociedad civil de forma particu1arista mediante la propiedad privada,
entregándola a los intereses privados, y por separar la actividad política
de la sociedad civil, mediante la organización del «Estado Político»,
formado por burocracias políticas profesionalizadas.
La propiedad privada, en la sociedad
civil, y el Estado político como ámbito e instrumento de la práctica
política son las dos grandes enajenaciones de la soberanía o capacidad de
autodeterminación real del Pueblo.
Marx desarrolla exhaustivamente estas
ideas en el manuscrito de Kreuznach. Allí Marx reconoce que su crítica de
la concepción estatista de la política es deudora de autores «franceses
modernos»; es decir, de la tradición sostenida por intelectuales
revolucionarios que preservan las ideas de la Revolución Francesa y de la
izquierda de la ilustración y que, desde 1830, empujan la naciente
consciencia política del movimiento obrero francés organizado en torno a
las agremiaciones de los «hombres de oficio».
Marx sabe que el «Estado político»
moderno, surge con el Directorio napoleónico, el cual continúa y enriquece
la tradición burocrática del Estado feudal absolutista. Y que es la
contrapartida funcional a la regimentación de la sociedad civil bajo el
principio de la propiedad privada El «Estado Político», que aparenta ser
la fuerza dominante de la sociedad, no es sino una consecuencia de la
sociedad burguesa, sólidamente unificada, mediante el mercado. Por ello el
«Estado Político debe desaparecer en la verdadera democracia».
Pero Marx no rechaza la actividad
política. Por el contrario, Marx se define partidario de un democratismo
político que tiene como fin imponer el poder del «demos» sobre la
totalidad de los ámbitos de la actividad social que organizan la comunidad
»Estado» a secas, en aquel escrito.
La alternativa que se concluye de los
escritos de Marx es los autogobiernos directos de todos los individuos
asociados organizados de la sociedad civil, incluidos el poder municipal.
Esta alternativa política se completa con el desarrollo de la Centralidad
Legislativa, característica propia de la República Una e Indivisible,
mediante la creación de una Convención de representantes delegados,
mandatados y revocables en cualquier momento, que ejercen la función de
instancia de mediación para la adopción de decisiones políticas comunes
entre las diversas comunidades políticas de base que se organizan dentro
de la república.
Marx rechaza explícitamente la unión
entre el principio del Estado burocrático y la democracia, que proponen
los liberales demócratas, pues la democracia queda limitada en este caso
al ejercicio del sufragio universal y a la elección entre programas
políticos que deciden tan sólo sobre la actividad política del Estado
burocrático. El rechazo de una alternativa tal, donde la «república es
allí tan solo un régimen», se expresa con una contundencia que tiene la
virtud de la claridad: Marx compara y asimila los Estados Unidos de
América, que es el único estado donde se produce esta situación en los
años cuarenta, con uno de los estados que más odia y desprecia: Prusia.
En escritos posteriores -antes,
incluso, de su partida hacia París, p. e.: La cuestión Judía
volverá sobre estas ideas y rechazará con mucho énfasis que el Estado
político pueda ser el medio o instrumento que permita a los
revolucionarios transformar la sociedad civil y liquidar la propiedad
privada. Esta posibilidad, que Marx y Engels creen, erróneamente, que se
había producido durante el período jacobino de la Revolución Francesa es
tratada con desprecio y temor. Marx la denomina «revolución permanente» y
considera que conduce directamente a la catástrofe y a la reimplantación
de la propiedad privada y de la burguesía, tras haberse manteniendo
provisionalmente en el poder, tan sólo mediante el terror. En realidad, y
sin saberlo -pasarán muchos decenios antes que consigan salir de su error
sobre el Jacobinismo- Marx y Engels se inscriben dentro de la tradición de
la democracia jacobina.
En resumen, antes de su llegada a
París, el demócrata Marx considera el Estado burocrático un instrumento
político del liberalismo, opuesto al poder popular e incapaz de ser el
medio que extienda la democracia a la totalidad del la formación social o
comunidad. Aunque aparentemente, es el medio que crea
la ciudadanía y posibilita la actividad
política de todos los ciudadanos en pie de igualdad, en realidad, limita
la posibilidad de apropiación consciente por parte del ser humano de su
propia generosidad social mediante la acción política y la pone en manos
de profesionales, y posibilita que la actividad de la sociedad civil se
constituya como un poder ajeno a la voluntad de los individuos que la
producen.
Comprende, además, que una política
democrática alternativa a este estado de cosas, capaz de abolir a la vez
la ordenación de la sociedad civil mediante la propiedad privada y la
competencia, y la limitación de la política impuesta por el Estado
burocrático, ejercida por especialistas ha de surgir del propio seno de la
sociedad civil, como consecuencia de su propia dinámica de contradicciones
y conflictos. Pero Marx ignora cuál puede ser el agente que constituya esa
posibilidad. Antes de su viaje a París, Marx se encuentra en un callejón
sin salida.
B.
EL PROLETARIADO.
«Proletariado» es un término que
procede de la Revolución Francesa, y que podemos encontrar en los escritos
de Robespierre (p.e. «Discurso en defensa del plan de educación nacional
de Michel LepeletieD>, de 13 de julio de 1193) para definir a la mayoría
de la sociedad que se opone a la «nueva aristocracia del dinero». Es el
verdadero Pueblo, o demos, expropiado a traición y mediante la violencia
de medios de vida Y poder político por los comerciantes y propietarios.
«Proletariado» es el término que la
clase obrera francesa organizada utilizaba para autodenominarse a sí misma
a y a los demás grupos sociales subalternos explotados, en vísperas de la
revolución de 1848, lo que revela las continuidades políticas entre la
democracia de la Revolución francesa y la democracia articulada como
proyecto alternativo por los obreros: la misma democracia jacobina.
Marx encuentra en París un movimiento
democrático cuyo núcleo es la clase obrera organizada, nacido en la
sociedad civil como consecuencia de la propia lucha de clases, que
enarbola la democracia como principio organizativo alternativo al
capitalismo, y en el que en consecuencia, se debaten diferentes proyectos
para democratizar la sociedad civil, incluida la propia organización del
trabajo o economía.
La alternativa democrática a la
sociedad y al estado burocrático es el propio movimiento político
democrático de la «democ. soc.», que pugna por extenderse a lo largo de
todo el país y por constituirse en poder real en la sociedad frente a la
burguesía y el «Estado político» o burocrático. Su proyecto político
democrático consiste en la asociación directa de los
productores-ciudadanos libres, en sus centros de trabajo, en sus
asociaciones culturales y cooperativas, en las municipalidades que siempre
fueron un enemigo del poder de los aparatos de estado. Por ello, este
movimiento que trata de vertebrarse a sí mismo como alternativa directa de
civilización frente a la burguesía, concibe la consecución del «sufragio
universal» como la etapa final en la que se alcanza «la abolición del
Estado y la sociedad burguesa», con frases de Marx.
Marx se incorpora entusiasmado a este
movimiento. Su trabajo intelectual, desde entonces, es consecuencia de la
observación participante del movimiento, ya que comparte los principios y
la auto comprensión del propio movimiento. Realiza nuevos estudios y
traduce todos sus conocimientos previos al lenguaje y principios políticos
de los obreros, con el fin de ayudar a su desarrollo como agente capaz de
organizar a la mayoría de la sociedad.
El tema de estudio primordial de Marx Y
su nuevo amigo y colaborador, Engels, es la lucha de clases, pues
comprenden que a partir de ella ha surgido el movimiento democrático
nucleado por la clase obrera. Marx y Engels analizan que las clases
sociales son un fenómeno histórico moderno, y que la primera clase social
constituida fue la burguesía. El resumen de las conclusiones a las que
llegan mediante su método histórico genético es el siguiente.
Las clases surgen cuando determinados
grupos de individuos que contraen con el poder social dominante el mismo
tipo de relaciones sociales subordinadas, se comienzan a asociar, a
consecuencia de la experiencia de fracaso en la lucha individual. Primero
se organizan localmente; progresivamente, la organización se extiende por
toda la comunidad política en la que se encuentran, como resultado de la
propia experiencia exitosa que obtienen de su actividad organizada. Esto
genera nueva fuerza y nuevas capacidades y facultades en las
individualidades que se organizan. De esta lucha de clases va surgiendo la
propia clase, es decir, la organización de individuos que se auto definen
conscientemente como «clase»; que han construido su identidad social, a
partir de su propia experiencia, también construida. Pero esta identidad
no es una mera elaboración simbólica o lingüística -»ideológica»-: remite
a las nuevas capacidades y facultades individuales, a las nuevas
actividades práxicas generadas por el nuevo tejido organizativo, todas
ellas substantivas, a la nueva cultura material Y al poder real ejercido
sobre la materialidad de la sociedad, que surgen de la organización en
este proceso. El ser social -plástico- determina la consciencia social.
Cuando las masas organizadas llegan a
desarrollar un poder sobre la actividad práctica material que les permite
experimentar la posibilidad de sustituir el orden existente, pasan a auto
comprenderse a sí mismas como clase, ya partir de esa experiencia se
liberan del proyecto social hegemonizado por los grupos sociales
políticamente dominantes. La conciencia plena se alcanza y se expresa en
la elaboración de una alternativa concreta de sociedad: en una propuesta
política, que abarca a la inmenso mayoría de la sociedad y propone una
alternativa de civilización.
Sólo tras este proceso concreto de
luchas, y de desarrollo concomitante de organización, de capacidades
humanas, de alianzas y de proyecto político alternativo para todos los
ámbitos de la sociedad, en el que se expresa la propia consciencia plena
de ser una clase, Marx y Engels conciben que la clase haya logrado
constituirse como tal.
Sin embargo, las condiciones concretas
de la burguesía, su propio orden productivo, basado en el dominio privado
de los medios de producción y en la competencia entre capitalistas, empuja
a los individuos de esta clase a concentrarse en la gestión particular de
sus negocios. En consecuencia es una necesidad inherente a su modo de
producción la constitución de un poder político como ámbito separado
frente a la producción, que garantice el funcionamiento y gestión de los
asuntos generales de la sociedad, de los que depende la posibilidad de
reproducción de la misma, pero que los capitalistas, concentrados en la
gestión de sus negocios particulares, no pueden gestionar directamente.
Este poder político separado de la sociedad civil, es confiado a
profesionales especialistas.
Cuando la burguesía alcanza la plena
autoconsciencia, que se concreta en su propio proyecto político, éste
posee como pieza fundamental la instauración del poder político en una
forma doblemente especial, como Estado político separado de los asuntos
privados de la sociedad civil. El Estado Liberal moderno es el orden
político inherente a las necesidades de la burguesía.
El proletariado posee otras
características, según perciben Marx y Engels, además de la especial de no
poder liberarse sin liberar a los demás grupos de la sociedad. La historia
de la constitución del proletariado en clase, estudiada por los dos
clásicos, parte también de las luchas inmediatas en la sociedad civil, en
el ámbito de la producción, en contra de la explotación y por la mejora
del salario y las condiciones de vida; estas luchas conducen a que los
explotados comiencen su actividad organizadora, re activando y
reelaborando o creando prácticas organizativas y saberes culturales.
Según los clásicos, los obreros
manuales experiencian directamente que la actividad productiva está
socialmente organizada y planificada de forma estricta en el ámbito de
cada unidad productiva »socialidad del trabajo dentro de la
enajenación», hasta extremos antes insospechables, por una clase social,
la burguesía, cuyos individuos tienen «la ganancia como su tiro>. Pero
esta actividad social está sometida al poder despótico de un sólo
individuo, el capitalista.
Las relaciones capitalistas de
producción organizan socialmente de for
ma inmediata las capacidades
productivas de los obreros, desarrollan y multiplican su productividad, lo
que se convierte en un Poder contra ellos mismos, mediante el que se los
somete. Los obreros se ven obligados a competir permanentemente entre sí,
y durante las crisis de sobre producción que esta fuerza productiva
provoca quedan en paro y caen en la miseria, etc. El pensamiento cotidiano
percibe que el capitalismo no permite «entre hombre y hombre, ningún otro
vínculo que el interés desnudo, que el insensible «pago al contado»».
Los obreros experiencian la
comunitariedad inmediata de la actividad productiva, experimentan también
la imposibilidad de enfrentarse individualmente a los capitalistas, y que
cualquier tipo de resistencia sólo puede partir de la organización
colectiva de los trabajadores, entablada de mutuo acuerdo. Frente a la
socialidad despóticamente organizada sólo cabe la socialidad
democráticamente organizada.
Con la organización democrática estable
para luchar por sus condiciones sociales de vida Y por mejorar su
existencia los obreros descubren el placer por la propia organización, por
la discusión y la reflexión en común sobre los problemas colectivos. Los
éxitos en la lucha les inducen a desarrollar nuevas actividades y nueva
organización; esto implica el desarrollo concomitante de nuevas
capacidades y facultades individuales, y se abre un proceso de «dialéctica
positiva». La organización se convierte en una necesidad por sí misma: la
democracia se convierte en una característica inherente y necesaria de las
organizaciones obreras y del comportamiento de los obreros organizados. Se
desarrollan y democratizan también así en los individuos las capacidades y
facultades que posibilitan una vida política y que son condición de
posibilidad del ejercicio de la democracia directa o radical sobre la
totalidad social.
El desarrollo de la organización, que
genera la experiencia de control de la actividad y de poder convertirse,
consiguientemente, en alternativa de civilización, viene precedida y
acompañada de una característica que tanto Los Manuscritos de
París, La Ideología Alemana, La Miseria de la Filosofía,
e implícitamente El Manifiesto Comunista, señalan como condición de
posibilidad fundamental: los obreros manuales se dedican a las actividades
productivas estratégicas para el sostenimiento del desarrollo
civilizatorio, y posee., individualmente y sin mediación el conjunto de
saberes que permite desarrollar esas actividades productivas. El saber
está compartimentado según una división técnica del trabajo, por ramas,
oficios e industrias, pero no está socialmente dividido, o controlado por
la clase dominante, ya sea debido a la posesión por las «gents de métier»
de conocimientos técnicos complejos, o por la trivialidad de los
conocimientos implicados en el proceso productivo. Además, la burguesía
«Ha convertido en sus obreros asalariados al médico, al jurista, al cura,
al poeta Y al hombre de ciencia».
No todos los grupos subalternos, poseen
este saber los campesinos, mayoría social, no-, pero sí está en posesión
de ellos una fracción de los explotados, los obreros manuales. Este
acontecimiento, producto de la historia concreta, establece una situación
civilizatoria sin precedentes, pues los productores directos se hallan en
condiciones de tomar decisiones conscientes sobre la actividad que
reproduce la sociedad: su propia actividad, clausurando en la práctica la
diferencia histórica entre hacer y pensar.
Esto genera la experiencia inmediata de
que el capitalista es innecesario en el proceso productivo. La posesión de
estas capacidades es la condición previa de posibilidad -» Dynamis», «potenciro>,
«en sí», o «posibilidad real»- de la que depende la existencia de otros
futuros posibles. Esta característica establece fa condición de
posibilidad para que un movimiento democrático de masas que incluya a
estos individuos pueda plantearse la democratización de la sociedad desde
su misma raíz, incluyendo el propio proceso productivo. Según escribe Marx
en La miseria de la filosofía, «De todos los instrumentos de producción,
la fuerza productiva más grande es la propia clase revolucionaria. La
organización de los elementos revolucionarios como clase supone la
existencia de todas las fuerzas productivas que podían engendrarse en la
vieja sociedad»
Además los obreros ya no dependen de
las pequeñas comunidades inmediatas familia, gremio, localidad para
reproducir su vida cotidiana. Comprenden desde su experiencia inmediata
que la comunidad social de la que depende la reproducción inmediata de su
vida es, directamente, la formación social organizada por el capital
mediante el mercado. A ella se subordina la posibilidad de apropiación por
parte de cada individuo de la civilización -la esencia genérica de la
especie, la hominización. Sin poseer la capacidad política de control
sobre la actividad social comunitaria, la vida individual se deteriora y
resulta imposible desarrollarla «a nivel de especie». Pero la experiencia
demuestra también que el «Estado político», además de excluir a los
obreros como ciudadanos, o tratarlos como ciudadanos de segunda categoría,
es inservible para generar el control político sobre la actividad social y
evitar que se convierta en un poder enajenado, resultante de la colisión
ciega entre intereses individuales, pues no interviene en la sociedad
civil sino de forma complementaria.
Por todo ello, el tejido organizativo
crece en profundidad y tiende a abarcar y luchar por la democratización
del control de la totalidad de actividades que constituyen la cultura
material, en conflicto con el poder burgués. Se desarrolla también en
extensión, abarcando toda la «formación social», nombre que recibe en Marx
la «comunidad perfecta» de Aristóteles, es decir, aquella unidad social de
la que-depende de forma inmediata el desarrollo pleno de los individuos
como «seres genéricos» o plenos en sus facultades, y que posibilita la
realización de la «vida buena».
Estas condiciones producen la necesidad
de desarrollar y extender la organización colectiva de los trabajadores,
constituida por infinidad de microasociaciones con múltiples fines cuyo
principio general es la autoorganización democrática de la propia
actividad en conflicto con la burguesía, y que abarcan desde la lucha
social directa contra la explotación en el trabajo, al desarrollo de una
cultura solidaria opuesta a la burguesa. A medida que estas organizaciones
de base se van estructurando en un solo movimiento dentro de la formación
social, este doble proceso desarrolla el poder material del movimiento
democrático sobre la realidad social. Además, esta actividad desarrolla y
extiende la experiencia a través de la que se abre paso la democracia como
principio o valor axiológico y como alternativa para todo conflicto. Las
condiciones de posibilidad de la democracia radical son utilizadas y
puestas en obra.
En resumen, la lucha generada por el
movimiento democrático organizado de masas en oposición al poder burgués,
desarrolla en sus miembro s una cuádruple experiencia común: como
individuos organizados por el capital dentro de la producción, como
poseedores del saber, como personas que perciben su inserción directa en
la sociedad civil organizada por el mercado y como individuos libres e
iguales organizados democráticamente en organizaciones democráticas
propias y que van desarrollando las capacidades y facultades del ejercicio
directo de la democracia sobre su actividad colectiva.
El proceso abierto por el movimiento
democrático crea las condiciones de posibilidad para dar el salto y
elaborar un proyecto político orgánico de su experiencia, que se proponga
como fin inmediato conseguir que la capacidad de decisión colectiva
consciente esté inherentemente unida a la actividad social organizada que
produce y reproduce inmediatamente la sociedad, de la' que los miembros
del movimiento son los ejecutores. Es decir, están puestas las condiciones
materiales de posibilidad para que se abra paso, desde la nueva actividad
democrática y la concomitante experiencia construida, la comprensión de
que la democracia es el principio organizativo de la totalidad de
relaciones sociales.
Las organizaciones de base del
movimiento son el producto de la soberana decisión de sus miembros: de la
democracia directa. Por esto, cuando el proletariado alcanza a organizarse
y auto comprenderse a sí mismo plenamente en un gran movimiento
mayoritario, lo hace en concreto, desde esa experiencia, y crea un
proyecto político basado en ella como alternativa práctica de sociedad.
Ese proyecto es la democracia radical de toda la sociedad.
La democracia es la praxis que
constituye al proletariado en clase doblemen¬te: como proceso de
autoconstrucción y como proyecto político de sociedad. La constitución del
proletariado en clase se logra mediante el proceso de lucha y «conquista
de la democracia».
Desde esa experiencia, la política no
es concebible como actividad ajena a la propia actividad cotidiana que
ejercen los individuos organizados. Desde la vivencia inmediata de una
experiencia real, como la que resumo aquí, Marx Y Engels escriben en El
manifiesto, entre otros textos, que el «estado» ha de quedar constituido
por el propio «proletariado organizado como clase dominante», y debe ser
suprimido todo cuerpo especializado de burocracia profesional al margen de
la sociedad civil y toda decisión política separada de la misma.
La democracia concebida y creada por el
movimiento obrero organizado en 1848 y por Marx y Engels es una realidad
práxica, vinculada a todas las actividades sociales de forma inherente. La
democracia crea sustantivamente al movimiento, que no puede existir sin
ésta; crea sustantivamente la nueva sociedad que consiste en el desarrollo
de organizaciones directas que posibilitan el ejercicio de la voluntad
soberana sobre todos los ámbitos de acción por parte de los agentes
directamente implicados, y que surgen de la propia lucha de clases; crea,
en la etapa final, el proyecto político democrático concreto que impone la
abolición del orden social anterior y abre paso al nuevo orden
democrático.
Esto implica democracia en la
producción inmediata. Democracia comunal o municipal, en la comunidad
local inmediata, mediante la elección de mandatarios. Centralidad
legislativa en la formación social, mediante delegados mandatados -y de
quienes la agencia gubernamental es un apéndice-, para mediar en la toma
de decisiones políticas sobre alternativas a elegir dentro de la
«República Una e Indivisible». El sufragio, que en nuestra experiencia de
ciudadanos atomizados de democracias estatales liberales -donde «la
república es sólo un régimen», es un poder tan débil y a la vez, lo único
que legitima a los regímenes actuales para utilizar el nombre de
«democracias», se convertía para ellos en lo único que habían de
conseguir. El poder ya estaba en ellos, como hoy en está en el burgués. La
política democrática, en las condiciones de posibilidad que se dieron y
que debemos reorganizar para el presente desde nuestras condiciones
históricas, no es el medio de creación de un poder, ni de un contrapoder,
sino la restitución a los explotados mismos del enorme poder creativo que
poseen sus actos.
C.
EL COMUNISMO
La adscripción de Marx al comunismo ha
sido interpretada como un cambio en su pensamiento que le lleva a
abandonar anteriores ideas democráticas. No como una radicalización del
principio democrático. El ideario comunista es interpretado como una
elaboración muy personal de Marx, a partir de ciertas ideas preexistentes,
pero todas ellas muy toscas. Marx habría partido de la teleología de Hegel
para esta elaboración, que plantea la posibilidad de una nueva etapa
evolutiva de la humanidad.
Sin embargo, Marx y Engels explican
reiteradamente que el comunismo es un principio político «francés»,
arraigado en las masas, que ellos asumen precisamente porque es un
principio «de masas» no uno de esos proyectos «inventados o descubiertos
por tal o cual reformador del mundo»- y porque da respuesta concreta al
deseo de las masas de trastocar materialmente la sociedad y porque no
confunde emancipación humana con el estado constitucional o el
representativo democrático. Marx y Engels insisten en el carácter no
estatista de la propuesta política en que consiste el comunismo «francés»
e «inglés», en oposición al estatismo hegeliano, «alemán», que mantienen
por esas fechas Bruno Bauer y otros.
Además recalcan que, si bien, en otro
tiempo, hubo un comunismo tosco, existe ya, tanto en Francia como en
Inglaterra, al margen de su propia intervención, un «comunismo
desarrollado», e insisten en que «el pueblo es comunista, pero dividido en
una serie de fracciones diversas» - La Sagrada Familia. Esta
frase, que en su espontánea interpretación actual, resulta falsa debe ser
entendida a la luz de lo que, por las mismas fechas, escribía Engels en su
artículo «La Fiesta de las Naciones en Londres»: la democracia moderna,
emanada de la Revolución Francesa alcanza su desarrollo pleno en el
movimiento práctico del comunismo, «La democracia de hoy día es el
comunismo». En ese momento, según Engels, no existe democracia que no se
plantee la igualdad social y no trate de instaurarse sobre la totalidad de
relaciones sociales de las que depende la igualdad social de los
individuos.
Ambos autores están señalando que la
igualdad real y el poder popular -democracia sobre la sociedad sólo pueden
alcanzarse plenamente si se asume la abolición de la propiedad privada, y
dado que la democracia es un movimiento social organizado por la lucha de
clases, «Al calcular las huestes comunistas, se pueden contar
tranquilamente también las masas democráticas».
Quienes han interpretado el comunismo
como una teleología hegeliana, a menudo han recurrido a Los Manuscritos
de París de 1844. Esta interpretación se acoge a una frase según la
que «El proceso entero de la historia es así la procreación real del
comunismo».
Sin embargo, todo el libro, y muy
especialmente el apartado en el que trata del comunismo, está repleto de
referencias al ser humano Como «Ser social», y a la «comunidad humana»
como entidad antológicamente prioritaria a la del individuo; en el mismo
infolio en el que se encuentra la frase que he reproducido escribe Marx
también «la sociedad es la unidad esencial perfecta del hombre con la
naturaleza». Quizá la referencia a la naturaleza ha ocultado que estamos
ante la definición de la Polis, como unidad social perfecta, que garantiza
la vida buena del ser humano, que Aristóteles da en la Política y en la
Ética Nicomáquea.
Poco después Marx aclara que esa
relación perfecta del hombre con la naturaleza se desarrolla mediante la
«industria» y las ciencias naturales, que son resultado de las «facultades
humanas» dynameis.
La interpretación teleológica,
hegeliana, contraria a la democracia, del texto de Marx está fuera de
lugar. Una vez más, Marx moviliza a Aristóteles contra Hegel. La propuesta
intelectual de Marx parte de la ontología social de Aristóteles, a la que
considera muy superior al individualismo metodológico robinsonadas que se
encuentra en los autores de su época. A partir de ella, elabora Marx su
interpretación del origen histórico, y del proyecto comunista como toma de
consciencia de que el desarrollo coherente del principio de la democracia
implica la radicalización de la misma: su extensión a todos los ámbitos de
la actividad humana.
En resumen, su interpretación es la
siguiente. El ser humano es un ser social, dado el desarrollo de la
división del trabajo, como sabía Aristóteles. La historiografía constata
empíricamente que la humanidad ha ido desarrollando su carácter social,
haciendo más complejas y extendiendo más las relaciones sociales
contraídas entre los individuos para producir y reproducir sus condiciones
de vida mediante su actividad. Las relaciones sociales poseen prioridad el
desarrollo de las facultades en el futuro «fuerzas> productivas, sin que
ello elimine la libertad de hacer y decidir del individuo sobre la propia
sociedad, una vez es formado por la sociedad y dotado de facultades
prioridad ontológica de la existencia sobre la esencia.
El capitalismo ha desarrollado de forma
gigantesca este carácter social de las relaciones humanas, poniendo al
descubierto el carácter comunitario, interdependiente, de la sociedad, y
que el fin al que se orienta esta complejización de las relaciones
sociales, es la producción material, que es producción del ser humano,
pues el individuo es el ser social. Sin embargo el capitalismo se apropia
privadamente de las actividades sociales, públicas, que reproducen la vida
de la comunidad y de los individuos. La crudeza con que se pone al
descubierto esta doble realidad permite que pueda ser percibida desde el
pensamiento cotidiano de las masas. La percepción de que el ser humano es
resultado inmediato de la totalidad de relaciones sociales. Esto implica,
según Marx, que el movimiento democrático comprenda que el desarrollo
coherente de la democracia, o poder popular, es el comunismo. El comunismo
no es sino la toma de consciencia del carácter radicalmente social del ser
humano, y de la necesidad consecuente de poner bajo el poder popular las
condiciones sociales que producen al ser social; muy en particular, la
comprensión de la necesidad de extender la democracia a la actividad
productiva y las relaciones sociales que la organizan.
_________
* Filósofo, dirigente
del Partido Comunista |