L. E. Alonzo
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NEOLIBERALISMO Y UNIVERSIDAD PÚBLICA

Luís Enrique Alonso *

Si por algo se puede caracterizar la situación  actual de la universidad es porque estamos viviendo en ella la traducción, corregida y aumentada, de una larga serie de políticas socioeconómicas conservadoras que arman nuestro modelo social. Por ello es necesario reflexionar sobre las características que están marcando este final de siglo, al igual que sobre el modelo socioeconómico en que este fin de siglo se fundamenta, para pensar el tipo de Universidad Pública que se está construyendo -o quizás destruyendo- de manera entre visible e invisible ante nuestros ojos.  

Un primer elemento fundamental para enmarcar la situación universitaria actual es referirse necesariamente al problema de la crisis de lo público; el desarrollo de la crisis económica de los años setenta se ha ido resolviendo en un proceso de fuerte neoliberalización y de retorno al mercado. La universidad que está en crisis es la universidad que había sufrido un crecimiento notable y seguro al amparo de las políticas de demandas keynesianas de mantenimiento público de la economía y de compensación estatal de un amplio volumen de costes sociales del crecimiento económico. La Universidad Pública por tanto, había generado su asentamiento social definitivo y su crecimiento -hasta tal punto que se puede hablar de un auténtico cambio de escala de la actividad universitaria- justo en estos años de crecimiento sostenido keynesiano, con la consolidación del fordismo y la expansión de las clases medias. 

Pues bien, este modelo universitario se encuentra literalmente atrapado en el proceso actual de privatización y remercantilización social, más o menos manifiesto, que en todos los ámbitos de nuestra vida cotidiana estamos experimentando. En ese sentido, el proceso de remercantilización y de ataque político al concepto de lo público y a la funcionalidad de la intervención estatal para suministrar servicios sociales está generando dinámicas fuertemente contradictorias en nuestro propio modelo universitario. Un modelo incapaz de resolver las contradicciones que surgen de un esquema fraguado en la regulación keynesiana justo cuando la violencia de la moneda se convierte en el eje central de las demandas que los grupos económicos ejercen sobre la propia universidad, y que los actores universitarios reproducen de manera absolutamente dependiente. 

Así, la universidad pública, más que un servicio hacia la ciudadanía. se pasa a considerar, dado el actual discurso neoconservador reinante, un elemento fundamentalmente reproductivo o mejor reproductivita, dirigido de manera instrumental a producir elementos rentables para la acumulación económica. La tendencia por tanto, es hacia una remercantilización de los discursos univensitarios, así como una obsesión paralela por su rentabilidad que se concreta en la misión interna de buscar rentabilidad a todos los componentes de la actividad universitaria. ya sea la docencia ya sea la investigación.

De este modo va a aparecer, tarde o temprano, la rentabilidad económica como elemento discriminador de la puesta en marcha de cualquier iniciativa. de tal manera que la Universidad Pública cada vez de forma más evidente está amparando la rentabilidad privada tanto de parte de sus colectivos internos como de los usuarios finales de sus servicios. Tal es la situación que la universidad pública -surgida en medio de la idea de los "fallos del mercado" y la necesidad de la intervención estatal en pos de la asignación y redistribución (parcial) de los recursos- se encuentra ahora en un proceso de progresivo acoso y derribo de las políticas privatistas del "castigo del mercado", es decir, abocada a que sus propias actividades públicas estén reguladas por su capacidad de generar flujos financieros, abandonándose o precarizándose seriamente cualquier tipo de práctica que no presente formas inmediatas de rentabilidad. 

Más que un servicio público, más que un elemento social de mejora del bienestar se tiende a considerar cada vez más a la universidad como engranaje secundario en un esquema globalizado de reproducción de las estrategias mercantiles. Lo que quiere decir que su compromiso fundamental tienda a ser no ya con la sociedad, sino con el mercado. Este declive de lo público, esta situación  que podríamos conceptualizar como de ataque privado a los valores que habían constituido la universidad pública, va generando un proceso devastador en la desarticulación de la propia unidad interna de la institución universitaria. Así como de destrucción de la coherencia de sus mecanismos de toma de decisiones y de formación de sus objetivos concretos, desplazándose sus fines efectivos de lo público/colectivo a lo priva do/particular. 

Pero he aquí que la propia institución se ve sometida a un fuerte proceso esquizofrénico: siendo materialmente pública está amparando procesos de fuerte privatización, en una especie de principio de subsidiaridad ideológica que desde amplísimos sectores de las élites universitarias ha cristalizado, en

forma de un curioso principio que supone proponer, defender Y dar entrada a lo privado desde la seguridad de lo público. La Universidad Pública, atacada por los neoliberales desde el punto de vista de su burocracia. de derroche, Y su falta de eficiencia -al fin y al cabo, los mismos argumentos que se utilizan contra el Estado de Bienestar Y contra lo público, en general- antes que reaccionar y defender su espacio social, ha tendido a afrontar un proceso de doble moral y ponerse vergonzosamente del lado del mercado sin aceptar, por supuesto, ninguno de los costes que habitualmente se le piden a los colectivos más vulnerable!¡ Y desprotegidos, entrando así por un camino que se puede conceptualizar sin temor de equivocarnos de privatización informal Y encubierta. 

Estamos conociendo, por tanto, una universidad que tiende a generar cada vez más elementos de relación con el mercado, ya sea por medio de la venta de enseñanzas especiales, fuera de los precios públicos y con débil control institucional de sus condiciones generales de funcionamiento, sean económicas o docentes -lo que es una oportunista vida incrustada en el refuerzo de las salidas meritocráticas individuales de los jóvenes ante el bl9<lUeo de las colas del mercado de trabajo; ya sea por medio de la búsqueda de financiaciones especiales que están en el campo de la empresa privada. El recorte y el discurso de la eficiencia están sirviendo, por tanto, para entregar a muchos equipos universitarios a trabajos sumergidos de empresa en los que se les utiliza como suministradores baratos de investigación -si comparamos su precio de venta con el de las empresas privadas, pero, sobretodo, como oferentes del prestigio universitario para las maniobras ideológicas o políticas de los grupos empresariales. 

Privatización encubierta 

Por lo tanto, bajo la inocente apariencia pública, estamos viviendo un proceso de auténtica privatización encubierta. Una privatización que es todavía más cruda en el sentido de que gran parte de recursos públicos son aprovechados por plataformas privadas para conseguir rentabilidades particulares que difícilmente devienen en grandes recursos o elementos de mejoras para las universidades en su conjunto 

El conjunto de estos procesos está disparando una dinámica de dualización en nuestro propio entorno universitario, también traducción de la dualización y polarización social general que estamos conociendo. Nos enfrentamos, por tanto, a una universidad pública que genera cada vez más licenciados, más elementos baratos para la reproducción mercantil en un entorno laboral precario para una sociedad y una economía de los servicios que precisa, para mantener sus altos niveles de rentabilidad empresarial, personal altamente cualificado, pero con altos niveles de precarización, flexibilización laboral y vulnerabilidad estructural. 

Sin embargo, nuestra universidad también se está incrustando en las colas privilegiadas de los mercados de trabajo, creando islotes de alta diferenciación y comercialización de capital relacional y simbólico, relacionándose con las situaciones de alta élite tecnológica, financiera o empresarial, asegurando formaciones restringidas, titulaciones de alto pago o de mayor prestigio diferencial, circuitos de promoción internacional o investigaciones específicas cuya lejanía con respecto a las bases estudiantiles y profesorales se hace cada vez más evidente. Conocemos así un progresivo proceso de separación y alejamiento de una universidad-masa, cada vez más precarizada y empobrecida, de su complementaria, una universidad restringida que encubre objetivos privados y que aprovecha a la vez que refuerza la crisis de la sociedad del pleno empleo para generar mayor alto grado de diferenciación social interna y externa. 

Esta dualización está haciendo que cada vez veamos dos universidades en una. Una rica y casi opulenta destinada a círculos cercanos a los elementos mercantiles, de pago y postgrado, de investigaciones millonarias y promociones aseguradas, adaptadas a la remeritocratización individualista provocada por la remercantilización social. Y otra estrictamente pública, cada vez más abandonada, sin capacidad de gestionar administrativamente la complejidad inducida por su masificación, cada vez más precarizada con menos recursos y con una tendencia a reproducir viejos esquemas de enseñanza masificada y con muy pocas renovaciones pedagógicas. 

Esta universidad cada vez más replegada en el pensamiento único, tiene forzosamente también que estar cada vez más atrincherada en los valores individualistas y en la obsesión por las carreras promociónales de corte absolutamente personal. La universidad pública del keynesianismo triunfante, como todos conocemos, había estado en contacto muy estrecho con los nuevos movimientos sociales, con movimientos colectivos o con la formación de nuevas teorías de la movilización política recuérdese la preponderancia del movimiento estudiantil o la importancia de los mismos profesores en la formación de movimientos sociales y colectivos, ya fueran de carácter interno de la propia universidad o en su vinculación con otros de carácter y temática más genérica. 

En este ciclo de fundamentalismo neoliberal en el que estamos instalados, la universidad tiende cada vez más a sustituir los elementos colectivos por elementos de promoción individual o de simple resignación individual; derivando en un individualismo metodológico, ontológico y hasta teleológico que representando, en último término, la consolidación de los valores mercantiles de la competitividad individual en nuestra vida cotidiana universitaria dada la escasez de recursos y la falta de controles democráticos y de auténtica libre concurrencia, ambas produciendo efectos de refeudalización, tribalización y reforzamiento del corporativismo. Curiosa paradoja: la universidad del libre mercado acaba imponiendo más que nunca, por deseo o obligación, formas de comportamiento filisteas, acomodacticias y acríticas, típicas de las situaciones sociopolíticas más autoritarias. 

Bufón ideológico del poder del mercado 

Por lo tanto, hay que conectar este proceso de privatización encubierta y de fragmentación social con el fuerte debilitamiento de nuestro pensamiento, la fuerte fragmentación de nuestros movimientos sociales y la tendencia, no menos preocupante, a convertir la universidad en un bufón ideológico del propio poder del mercado. Esto está haciendo que los problemas generales de la institución universitaria estén cada vez más arrumbados y postergados que no exista el más mínimo debate sobre el modelo universitario y que toda nuestra fuerza se gaste en problemas corporativos o en situaciones estrictamente particulares, sin pensar en ningún momento en alternativas globales, cambios de modelo o posibilidades de pensamiento alternativo. Esto nos lleva a otra curiosa paradoja: el modelo de la actual Universidad Pública es la ausencia del modelo, el desorden de bajo o media intensidad -tan querido por los veneradores del caos, sean posmodernos o liberales- que permite las maniobras personales y el beneficio de los cuerpos más consolidados, mientras que a otros los arroja hacia el riesgo, la vulnerabilidad y la incertidumbre. 

Planes de estudio a la carta 

Un ejemplo de ello han sido los llamados nuevos planes, cada vez más personalizados, pero a la vez más fragmentados y desarticulados, que además de consagrar el "crédito" corno unidad de cuenta -no por casualidad paralelo al proceso de rápida financiarización del capitalismo tardío y al triunfo de la economía especulativa corno sinónimo de éxito social; así corno su adquisición, recuento y pago en el argumento básico y principal de la composición de los planes de estudios renovados. 

Todo ello ha dado lugar a un enloquecido proceso de fetichización del crédito, que corno ocurre con todos los equivalentes generales acaba convirtiendo lo cualitativo/real la enseñanza, su calidad, su sentido en un cuantitativo/formal (número de créditos cursados y pagados para obtener un título), generando una espiral de desustancialización y virtualización de las enseñanzas, devenidas en procesos de acaparación y conversión de créditos (sean estos cuales quieran) en credenciales meritocráticas. 

Los planes de estudio más individualizados tienden también asumir la idea en el alumno de la responsabilidad de que la equivocación al elegir es absolutamente personal e intransferible; no hay culpa ni responsabilidad institucional. La analogía con el mercado vuelve a funcionar: el alumno es un consumidor soberano de asignaturas a la carta, nadie, si no el mismo, debe responsabilizarse de la elección. Sin embargo esta filosofía de la soberanía del consumidor y de la opulencia del mercado de asignaturas acaba dándose de bruces con la realidad -corno siempre en lo que respecta a la ideología del mercado de libre competencia-, y, mucho más, en las condiciones reales de una universidad pública corno las de la actualidad, sometida a la precariedad de elementos económicos, recursos humanos y posibilidades administrativas. 

En suma, la estructura hiperfragmentada de los planes los hace explosivos e inadministrables. Planes ,máximamente flexibilizados corno corresponde a la actual oleada de pensamiento neoconservador- en un entorno empobrecido, o al menos, congelado, con poca o nula capacidad de información, acaban generando un caos, y no creativo precisamente, sino destructivo de las instituciones y demoledor de las esperanzas personales. Las pobres estrategias adoptivas de todos los colectivos,  especialmente los más débiles, sólo sirven para consagrar la miseria.

La ausencia de mecanismos democráticos efectivos de decisión colectiva en la universidad actual han hecho que las propias enseñanzas hayan tendido más a reproducir, en su esquema y estructura de materias, las luchas de poder académico, de reparto de recursos, de mantenimiento del peso de los departamentos en los centros, de ocupación de espacio lectivo o, en suma. de intereses de cuerpos consolidados que de la visión de sus características formativas reales y de su factibilidad positiva. El traslado de la lógica corporativa de los grupos sobre los planes- así corno la importación de modelos que nada tiene que ver con nuestro contexto ni a nivel económico ni en el plano cultural, pero que hay que exhibir para parecer que sornas tocados por su modernidad mágica, además de provocar la difuminación y fragmentación de los núcleos formativos, ha acabado dando canto resultado planes que son literalmente no administrables, académicamente desproporcionados, deshilachados y difusos, que tienden a generar unas exigencias en horas y en rendimiento a los alumnos imposibles de cumplir razonablemente en la mayoría de los casos. 

El daño está hecho, ahora ya sólo falta hacer la propaganda de la universidad privada para que éstas abran sus clientelas sobre las cenizas de lo público. Curiosamente, muchas veces los que han provocado el fuego han estado dentro de la universidad pública, volviendo a achacar ineficiencia, burocracia y mala gestión por sistema a todo lo que proviene del Estado del que cobran y en el que debían trabajar. Así, los agentes de lo privado dentro de lo público seguramente seguirán manteniendo una curiosa doble vía siempre encubierta, para tener la seguridad que les falta a los que no tienen red fuera de 10 estatal, pero también para aumentar sus ingresos por encima de los que han tornado la exclusividad del trabajo en lo público en su sentido literal. Acuden en defensa y canto de la empresa sea la que sea.

Por lo tanto este modelo de desprofesionalización real del estudiante como producto de la degeneración de una universidad polarizada, en el fondo se relaciona con la tendencia del mercado de trabajo universitario a demandar cada vez un número mayor de sujetos frágiles, inestables y absolutamente fungibles, capaces de integrarse en redes empresariales de carácter multinacional como servidores de alta calificación, pero fundamentalmente baratos.

Frente al profesional con una carrera burocrática por delante que representaba el perfil básico del capitalismo del bienestar keynesiano, el actual egresado universitario tiende a tomar la figura del micro siervo para utilizar el término del novelista Douglas Coupland, sumiso al capitalismo globalizado, disponible y plegado a un modelo con cada vez mayor movilidad funcional, tecnológica y territorial, y donde las burocracias estabilizadas por el Estado del bienestar tienden a ser sustituidas por un personal deslocalizado, fragmentado y desidentificado laboralmente. La universidad se ha plegado sin más problema a la globalización como ideología, al convertirse en generadora de élites internacionales de gestión del capitalismo de alta velocidad, liquidadoras de puestos de trabégo y precarizadoras máximas, así como de élites políticas locales que pujan Y compiten por la localización de los recursos multinacionales en su respectivo territorio, lo que hace perder también la referencia del pacto keynesiano a nivel territorial y la competencia entre ciudades, universidades y élites locales, con sus secuelas de descompromiso y olvido de cualquier política de igualdad territorial.

También se ha plegado al reflejar la dualidad básica de la sociedad actual, generando cada vez más profesionales desidentificados y deslocalizados, plenamente disponibles ante la flexibilidad exigida en el proceso productivo y de gestión, formadores de un auténtico ejército de mano de obra barata aunque sea white collar, técnica, cualificada o titulada del capitalismo financiero, hipertecnologizado de gestión y servicios característicos del centro del sistema mundial.

El trabajo profesional se está convirtiendo en un simple empleo, funcional, flexible y dependiente de los ciclos de acumulación mercantil.

Automordaza y autocensura 

En resumen, la situación de la universidad es preocupante, sobre todo por que hemos aceptado, casi de manera general, caer en un proceso de autocensura de nuestra propia libertad, y automordaza de nuestra capacidad de expresión y reivindicación pública, conformamos así con una situación a todas luces regresiva y con fuertes tintes de abuso antidemocrático en muchos de sus espacios. Tenemos así una conciencia bastante autolimitada de nuestras posibilidades de cambio social, un adocenamiento que hace que los movimientos colectivos brillen por su ausencia, siendo atrapados en el pensamiento único, al no tener ni el coraje ni la clarividencia de plantear ante la situación un pensamiento crítico que por cierto había sido uno de los elementos centrales de la vida de la universidad pública, cayendo o bien en el pensamiento débil o bien aceptando pragmáticamente la idea de que sólo tenemos una verdad: el mercado. 

En ese sentido nuestro desconcierto es múltiple, la renuncia a pensar, a buscar nuevos modelos, a tener un debate público sobre nuestra universidad es patética, paralela al miedo a no conseguir fondos privados para financiar nuestras investigaciones o a ver bloqueadas las carreras universitarias personales al reforzarse progresivamente los mecanismos cada vez más feudal izados de selección y protección académica. 

Esto requiere, pues, impulsar ese debate público, un debate que esté más allá de la simple regla ordenancista o de la política coyuntural o de simple gestión mínima, para entrar en las condiciones necesarias para revitalizar y redemocratizar nuestra universidad. También, para plantear cuestiones de modelo universitario, estilo de gestión, transformación de la investigación y revitalización de la docencia. Todo ello encarado a la reconstrucción de la universidad como servicio público, vinculada al fortalecimiento y profundización de la democracia, y con una preocupación dialógica de buscar objetivos sociales como la justicia, la equidad y la redistribución de los recursos materiales e inmateriales de las naciones. 

Hoy es evidente que la universidad ha de estar conectada con el mercado, pero al mercado como una más de las esferas de la sociedad, no la única, ni la privilegiada, ni a la que hay que subordinarse pasivamente. La lealtad fundamental de la universidad debe ser con la sociedad, no sólo con el mercado. Necesitamos pues una política universitaria que sirva para establecer relaciones más fluidas, e incluso efectivas, con la sociedad, a la vez que vínculos más transparentes, regulados, horizontales y soberanos con el mercado. 

Si damos por perdida esta capacidad de generar democráticamente modelos propios y autónomos aunque compatibles con otros ámbitos, económicos territoriales o sociales, la universidad naufragará copiando modelos que están muy lejos de nuestras propias características institucionales, o crecerá desarticulada y difusa en una mezcla de dependencia y subordinación ante el mercado y los intereses de los cuerpos históricos más conservadores.   

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* Economista, Profesor universitario

Debate Abierto: revista venezolana para la reflexión y discusión. Director responsable y fundador: Carolus Wimmer
ISSN: 1316-497X. Deposito legal: p.p. 19702DF390 - RIF: J30691967-8