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PERSPECTIVAS DE LA ECONOMÍA VENEZOLANA EN 1998

Jesús Germán Faría*

"Los pronósticos oficiales para 1998 se encuentran dominados por los ánimos de un optimismo desborda­do muy típico de un año electoral. Sin embargo, existen indicios que reco­miendan mayor cautela en la apreciación del desempeño económico del país en los próximo 12 meses

El recién finalizado año de 1997 fue el segundo de la llamada Agenda Venezuela y, al igual que en el año 1996, la prédica oficialista no escatimó esfuerzos en resaltar los avances más significativos de su gestión macroeconómica: incremento en más de US$ 2.500 millones de las reservas internacionales, reducción de los niveles inflacionarios de 103% a 38%, expansión económica (5,1%) y masiva afluencia de capitales extranjeros, entre los más importantes. Según esto, la propuesta neoliberal de modelo de acumulación del capital en medio de un generalizado desmontaje del aparato estatal de regulación y de una economía globalizada ha arrojado los mejores resultados. 

En conexión con los logros mencionados, los pronósticos oficiales para 1998 se encuentran dominados por los ánimos de un optimismo desbordado muy típico de un año electoral. Sin embargo, existen indicios que recomiendan mayor cautela en la apreciación del desempeño económico del país en los próximos 12 meses. Si bien el gobierno hará un esfuerzo adicional por crear una ilusión de dinamismo económico y armonía social con motivo del proceso electoral, el complejo contexto internacional y el cúmulo de contradicciones internas se encargarán de bajamos a una cruda realidad signada por la agudización de la crisis económica a pesar del mejoramiento del algunos indicadores coyunturales, profundización de desequilibrios macroeconómicos básicos y el empeoramiento de las condiciones de vida de la población. 

En este sentido, todo indica que las autoridades económicas tendrán que seguir ejercitándose en las prácticas de corregir las metas inflacionarias. En la misma forma que el año anterior, cuando la inflación fue llevada de un objetivo de 25% a un valor real de 38%, las predicciones inflacionarias para este año (25%) se quedarán muy por debajo de la realidad. En esta Oportunidad, el nivel de precios estará determinado por la esperada expansión de la demanda interna y la indisciplina fiscal impulsada por el afán electoral de responder a ciertos criterios políticos de los gastos públicos. En este orden de ideas se inscriben también los trastornos monetarios que se vienen acumulando a lo largo de la presente década como consecuencia de la emisión de los Bonos Cero Cupón y TEMs, de los auxilios financieros y del impacto monetario del gasto público y las operaciones de PDVSA, ante lo cual será poco lo que podrá emprender el BCV con una política monetaria agotada en su función de controlar los niveles de liquidez. 

Además, habrá que contar con una de valuación más pronunciada que en el 97 con el objetivo de evitar el colapso del sector externo y atender necesidades fiscales. La actuación de estos factores, potenciados por los efectos inerciales de la especulación en una economía de profundas fallas estructurales como la venezolana, no dejará espacio para una inflación inferior al 45% y, COn ello, de nuevo la más alta del continente con un poderosísimo efecto regresivo sobre la distribución del ingreso. 

En el ámbito externo, se cierne sobre la economía venezolana una nube de incertidumbre y adversidades que atentarán contra los excedentes externos acumulados durante los últimos dos años.

La tradicional vulnerabilidad de una economía petrolera como la venezolana se verá afectada por el deterioro del mercado petrolero internacional asociado a la reincorporación de Irak al mercado de hidrocarburos y al incremento de las cuotas de producción de la OPEP a finales del año pasado. Entre tanto, la demanda sufrirá los efectos del "cálido" invierno boreal en Europa y de la crisis financiera del sudeste-asiático y sus con secuencias en términos de devaluaciones de las monedas de esa región y de desaceleración del ritmo de crecimiento de la economía mundial. 

Esta constelación ya obligó a corregir el precio promedio de la canasta petrolera para 1998 ubicándola en US$ 14,20,2,30 dólares menos que el año anterior, lo que con un volumen de exportación de b/d 3,24 millones b/d 660 mil por encima de la cuota establecida por la OPEP, generaría ingresos totales de exportación inferiores en US$ 1.700 al año previo. Aparte de lo que significa para la coyuntura petrolera quebrantar las cuotas, el descenso de los ingresos petroleros, en un contexto de crecientes importaciones asociadas a la expansión de la demanda interna y a la apreciación cambiaria, revelará una vez más la vulnerabilidad externa de la economía venezolana, aquejada' adicionalmente por la rigidez estructural de la deuda externa que representa desembolsos de la República por un monto estimado en US$ 4.500 millones. 

El otro factor de importante incidencia en el desempeño del sector externo de la economía venezolana será el financiamiento externo. En tal sentido, se espera una considerada afluencia de recursos en el marco del proceso de apertura del sector petrolero, así como de la privatización activos del Estado (las empresas del sector aluminio y de FOGADE). Dicho financiamiento, basado en lo fundamental en inversiones extranjeras directas .de largo plazo-, si bien le resta volatilidad a los flujos financieros internacionales que involucran al país, no descarta la posibilidad de su filtración al exterior canalizados por medio de un sector financiero dominado en un 75% por el capital extranjero. De hecho, para el año venidero se producirá una considerable fuga de capitales como resultado de la escasa remuneración al ahorro en el mercado financiero interno, la incertidumbre de un año electoral que conduce a los inversionistas !i refugiarse en divisas y las expectativas cambiarias adversas.        

Por su parte, el crecimiento económico mantendrá los rasgos que han venido cuestionando la calidad de ese proceso. La critica apunta, básicamente, al carácter rentista de la actividad económica interna motorizada por el sector petrolero, lo que, además, minimizará la  capacidad de empleo de la economía venezolana, que en el 97 redujo tan sólo levemente el nivel de desocupación colocándolo en 11,1 %, sin incluir el empleo informal de 45%. Pese a los aumentos salariales, la precaria condición del mercado laboral, aunado al servilismo patronal que se ha convertido en el patrón de conducta de la dirigencia sindical del país, determinará el deterioro aún mayor de los niveles de remuneración de los trabajadores venezolanos. 

El escepticismo en relación a un crecimiento apoyado en las tradicionales muletas petroleras y del gasto público tiene su asidero en la abstinencia de los inversionistas en un año electoral de perspectiva incierta y en el descenso de los precios petroleros. Asimismo, se observa que la apreciación cambiaria esperada para el presente año seguirá favoreciendo al sector de bienes no transables, lo que en 1997 se evidenció en el vigoroso crecimiento del sector construcción, el de mayor expansión (12,6%), con lo que se verían frustrados los objetivos de dinamización del sector privado, modernización productiva y de crecimiento hacia afuera del programa económico del actual programa económico. 

Una variable clave para el desempeño económico del país será la variable cambiaria, pues de ella dependerán el nivel inflacionario, el ritmo de actividad económica y el comportamiento del sector externo, entre otros. De acuerdo a las prioridades macroeconómicas y antiinflacionarias establecidas en el programa económico, se espera que el BCV procure mantener la tasa de cambio nominal estable dentro del esquema de bandas de flotación. Sin embargo, la apreciación real del tipo de cambio explicada por la cuasi fijación cambiaria que ha venido instrumentando el instituto emisor se revertirá en términos negativos sobre los flujos comerciales y alimentará expectativas devaluacionistas capaces de desestabilizar el mercado de divisas en una magnitud muy superior a la producida durante la corrida escenificada a comienzo de afto. En esta ocasión, el bolívar se devaluó en Bs/US$ 6,25 en menos de 15 días, tan solo un bolívar menos que lo que se devaluó entre julio y diciembre de 1997, todo ello motivado por una creciente demanda de divisas provocada por la debacle de los mercados asiáticos y la caída de los precios petroleros, lo que obligó al BCV a vender más de US$ 1 millardo y a modificar el centro de flotación de la banda cambiaria. 

En este contexto, la capacidad del BCV para defender el valor de la moneda nacional dependerá, en buena medida, del volumen de divisas disponibles para intervenir en el mercado cambiario. De la misma forma, la evolución del mercado será susceptible al rendimiento de los instrumentos ofrecidos en el sistema financiero nacional, en primer lugar las tasas de interés, las cuales propician la compra de divisas en razón de sus niveles reales altamente negativos vinculados a los elevados niveles de liquidez. Asimismo, el BCV tendrá que resistir ante la tentación del Ejecutivo de recurrir a la devaluación para poder cubrir los crecientes requerimientos de gastos fiscales, especialmente altos en un año electoral y adicionalmente desestabilizadores ante la contracción de los ingresos petroleros.

En materia fiscal, las perspectivas no son muy alentadoras. Si a la subestimación del gasto y a la emisión de compromisos de naturaleza laboral, social (seguridad social) y de deuda se la suma la caída de los ingresos fiscales provenientes de las exportaciones petroleras y el empeoramiento de los mecanismos de recaudación fiscal no petrolera, tenemos que el superávit de 2,5% del PIB arrojado por el sector público el año anterior será revertido en un importante déficit. El desequilibrio de las finanzas públicas en sintonía con el ciclo político de la estrategia presupuestaria que establece esfuerzos de ajuste financieros para inicios del período presidencial y señalar la recurrencia a gestiones expansivas al final de éstos, descansará nuevamente sobre la base de los créditos adicionales amparados en la Ley Paraguas, lo que redundará negativamente sobre el ya abultado endeudamiento público. La política fiscal se encontrará atrapada entre la rigidez que le incorpora un año electoral a los mecanismos de generación de ingresos tales como las devaluaciones o los incrementos impositivos, por una parte, y la imposibilidad de recortes de gastos entre el riesgo de erosionar el piso político del gobierno, por la otra. 

Todo este cuadro sugiere la maduración de las condiciones para un nuevo programa de ajuste en 1999. En escenario de elevada inflación, desequilibrio fiscal, deterioro del sector externo, apreciación cambiaria, expectativas adversas y deterioro de la calidad de vida de los venezolanos hará impostergable el ajuste, y no sólo macroeconómico sino también estructural. En la actual coyuntura histórica, la particularidad radica en que la presente correlación de fuerzas políticas excluirá la imposición del modelo neoliberal en forma de una verdad absoluta, como la única alternativa, tal como se hizo al inicio de los dos procesos de ajuste anterior (1989 Y 1996). Esta nueva situación permitirá plantear dos alternativas diferentes, antagónicas. 

Por un lado, se ubica la fórmula fondo monetarista orientada a la liberación de las fuerzas del mercado, a la generación de excedentes externos para el pago de la deuda externa, a la entrega de la economía nacional al capital foráneo y el apuntalamiento del sector privado dentro de la dinámica económica interna, lo cual le abonará el terreno a una nueva y traumática experiencia de shock recesivo inflacionario, saldo social escalofriante de depauperación de las grandes mayorías de la sociedad y agudización de las crisis del país solapada por el mejoramiento temporal de algunos indicadores macroeconómicos. En contraste, la alternativa democrática, patriótica y progresista plantea la superación de la crisis en función de mejorar el bienestar de la población, la reformulación de los patrones de desarrollo de la economía nacional y el replanteamiento de los mecanismos de inserción en la economía mundial. Ahí están las alternativas, el desenlace electoral de 1998 será de crucial importancia en la inclinación de la balanza.

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* Economista

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Debate Abierto: revista venezolana para la reflexión y discusión. Director responsable y fundador: Carolus Wimmer
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