Iglesia vs. neoliberalismo
Debate Abierto
El diario Economía Hoy del 14 de julio
del 97 recoge un asombroso diálogo entre el periodista Rodolfo Baptista y
Baltazar Porras, convertido en portavoz ideológico de la Conferencia
Episcopal. Este es el intercambio entre ambos:
RB:
El neo liberalismo no es malo per se.
BP:
El neo liberalismo sí es malo per se.
RB:
Pero pobreza y desajustes sociales han existido desde antes de la
implementación de cualquier medida neoliberal.
BP:
Cierto, pero ocurre que existe un virus en el interior del sistema
neoliberal que a la postre hará más difícil que se encuentren caminos de
solución.
Al respecto "Venezuela's Businews",
publicación que orienta especialmente a las empresas transnacionales y los
inversionistas extranjeros, escribe lo siguiente: "La intervención del
obispo puede ser considerada como una de las más abiertas muestras de lo
poco que saben de economía y filosofía social moderna algunos de los
portavoces de la Iglesia. O, si lo saben, tienen un marcado interés en no
reconocerlo. La susodicha declaración de Porras es una clara demostración
de que al progreso no sólo se oponen las fuerzas retrógradas de un sistema
político-partidista fracasado, sino que además algunas instancias
eclesiásticas se empeñan en continuar su explotación demagógica de los
males de los pueblos.
Porras elude de manera igualmente
inconcebible la respuesta acerca de que la Iglesia debe proponer un modelo
alterno o diferente al Neoliberal, asegurando que no es función de ella.
Pero si no están ahí para aportar, ¿qué hacen criticando? Un sacerdote no
se puede «vender) ante la opinión pública de la que se han convertido en
los últimos años verdaderos manejadores como un analista sin alternativa.
Comprendemos, entonces, que Porras no ofrece alternativas, no porque esa
no sea la misión de la Iglesia, sino porque en el fondo no sabe qué
contestar.
Porras critica el individualismo del
modelo liberal. Quiere una sociedad comunitaria. Véase cuál de ambas ha
resultado ser más exitosa para combatir la pobreza y conducir las naciones
al desarrollo. Entonces resulta que, unos minutos después, Porras sí que
ofrece un modelo alterno: el comunitarismo. Claro está, siempre que la
comunidad reconozca una división del trabajo como la que ya tenían los
egipcios 5.000 años atrás, cuando todos trabajaban para mantener una casta
sacerdotal, pues es así como culmina la evolución de una sociedad de este
tipo.
El individualismo no tienen nada de
malo, salvo quizá que hace del hombre un ser más autónomo ante las
presiones colectivizantes de partidos, religiones y sistemas de
producción.
Pero en ningún caso Porras podría
demostrar que el cristiano norteamericano, inglés, belga o suizo es menos
creyente que su homólogo venezolano, nigeriano o vietnamita. Su crítica
carece de fundamento histórico: las fuerzas de la Iglesia son quizá más
intensas que nunca en los países donde se ha mantenido la economía de
mercado y la libre competencia como principio rector de la economía.
En consecuencia, preocupa mucho tan
destemplado estilo por parte de un obispo. Su Santidad debería quizá
revisar un tanto ese afán de ofrecerles a sus segundos las ventajas de
popularidad, presencia en los medios y aprovechamiento de la credibilidad
que él, con tanto prudencia y sabiduría, ha sabido manejar. Conviene que
el Vaticano le recuerde a sus gerentes medios -los obispos que distan
mucho saber hacer las cosas como Karol Woijtila"
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