G. Garcia Ponce
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notas polémicas

Guillermo García Ponce *

1. Cuando la política es un ejercicio exclusivamente intelectual hay pocas posibilidades de equivocarse. Distinto cuando es un esfuerzo cotidiano en el curso de las luchas nacionales y en un escenario concreto. Una cosa es el discurrir teórico y otra aplicar la teoría a la vida. 

En los esquemas no es difícil definir el momento histórico, el carácter de la revolución, o diseñar el perfil del enemigo y ubicar los aliados. ¿Quién no puede con apenas una lectura atenta de los textos maestros del pensamiento revolucionario universal trazar en teoría las grandes líneas de desarrollo del proceso político? 

Pero, es diferente cuando se trata de las tareas vivas y las decisiones prácticas sobre el terreno mismo de los acontecimientos. Entonces las contradicciones y afinidades sociales no son categorías más o menos abstractas sino que se expresan a través de hombres y mujeres de carne y hueso. 

Igual ocurre cuando acudimos a la historia de otros países o estudiamos episodios de las revoluciones más allá de nuestras fronteras para orientamos con la experiencia ajena. Nunca será idéntico el momento histórico ni igual el terreno de la batalla propia. Siempre será obligatorio "pensar con la cabeza propia" y tomar decisiones originales. 

En los esquemas, la teoría siempre luce irrebatible. Las verdades universales son genéricas. Muchas veces admiten interpretaciones distintas que dejan conformes a muchos. La experiencia de otras revoluciones, sobre todo cuando son victoriosas, puede inducir a simplificaciones o generalidades lejos de la realidad nacional. 

Cada movimiento revolucionario aborda la cuestión de las alianzas de acuerdo con sus particularidades y da soluciones según su práctica y experiencia. Es evidente que las relaciones entre distintas fuerzas políticas y clases sociales es un problema complejo y están dominadas por las realidades de cada país. ¿Quién puede garantizar para hoy y siempre el acierto de una alianza? ¿Quién puede asegurar una relación diafanamente cristalina? ¿Quién está libre de un reparo ideológico o político? 

Aplicar una línea política en el ejercicio de la lucha diaria predomina una visión exclusivamente intelectual suele conducir a la parálisis. Las objeciones ideológicas, filosóficas o el dogmatismo moral y político harán imposible la acción práctica. 

¿Quién de nosotros no ha vivido la experiencia de discusiones que no concluyen en nada porque alguien exige de manera inflexible la más acabada perfección para decidir sobre una táctica incluso aquella que es circunstancial y pasajera? ¿Quién de nosotros no ha sido testigo de una política paralizada porque se rechaza cualquier propuesta innovadora sin más fundamento que los cuestionamientos dogmáticos típicos del ejercicio intelectual y burocrático de la política? 

2.- Los profundos cambios que han ocurrido en las relaciones internacionales y las diversas variantes en las formas de intervención y dominación sobre la vida de nuestro país, además de las características de la crisis venezolana, obligan necesariamente a acudir al ingenio y la creatividad en el manejo de la dirección política. Cada vez es más indispensable actuar con criterios nuevos para encontrar soluciones a problemas nuevos para encontrar soluciones a problemas nuevos. 

Sin duda que la izquierda venezolana pasa por un período difícil, de pérdida de imagen e identidad ante el país, de confusión sobre su rol en este período. En gran medida se ha desdibujado su perfil de cara a las masas. Muchos factores han influido: los errores cometidos en el pasado, la presencia del MAS y de líderes "izquierdistas" en el gobierno de Rafael Caldera y pasados al neoliberalismo, las acciones anárquicas de la ultra, la corrupción den los sindicatos y universidades, los excesos de radicalismo verbal, la fragmentación y dispersión, la atmósfera de odios y prejuicios personalistas, etc. 

Para elaborar una política hacia el país, una alternativa ante la crisis, debería tomarse en consideración la necesidad urgente de rescatar la imagen ante las masas, limpiar el perfil de cualquiera falsa percepción producida por errores oportunistas o sectarios, crear una referencia original y rescatar la identidad propia. Cuando se ha pasado por un largo período de confusión y pérdida de presencia, es indispensable tomarse un tiempo para desplegar la identidad propia y permitir al país percibir nítidamente la verdadera imagen y política de la izquierda. 

3.- Puede parecer una sutileza, pero el uso de un lenguaje inapropiado puede convertirse en un serio obstáculo en la lucha política. 

Una línea política no es sólo un conjunto de fórmulas estratégicas, programáticas y tácticas sino también incluye las formas de expresar esa política; las formas de presentarla, de trasmitirla al pueblo, de comunicarse con el país. Al elaborar una política, el centro dirigente debe prestar atención a la tarea de usar un lenguaje que corresponda a esa política. Necesariamente las formas deben estar en armonía con el contenido. Esto lo hemos discutido muchas veces antes, al calor de la experiencia de los años sesenta cuando usamos un lenguaje inapropiado que, en lugar de ganar aliados para la lucha armada revolucionaria, ayudó a la política de Rómulo Betancourt de "segregar y aislar a los comunistas".

El lenguaje es el medio principal de comunicamos con nuestros semejantes. Desde el punto de vista político, el lenguaje debe permitimos trasmitir y difundir nuestra línea política, persuadir de la certeza de nuestras consignas y expresar sin confusiones sus objetivos. En consecuencia, un lenguaje oral o escrito correcto debe ayudar a nuestra línea Política. Por el contrario, un lenguaje incorrecto puede hasta anular todas sus bondades. 

Es frecuente que usemos (por el fragor del combate, por sectarismo o por dejarnos llevar irreflexivamente) un lenguaje que, en lugar de convencer, produce un efecto contrario: predispone al rechazo. Esto ocurre cuando usamos calificativos superficiales, exagerados o hirientes en lugar de argumentos serios y convincentes. También ocurre cuando decimos mentiras, ocultamos la realidad o evadimos los hechos. En consecuencia, nos incomunicamos con nuestros semejantes, producimos un bloqueo ante nuestras ideas, mal expresadas. 

Si en lugar de argumentos usamos mentiras o exageraciones y descalificaciones personalistas, la gente pierde la confianza en nuestro discurso. Basta que nos descubra en una mentira o en una exageración para despertar su desconfianza hacia el resto de nuestros planteamientos. 

4.- La cuestión electoral se ha convertido, por fuerza de la realidad, en un hecho ineludible. El país está ya o lo estará en los próximos meses bajo el vértigo provocado por la droga electoral. En nuestros países, las elecciones son un terreno propicio, el más propicio, para las trampas, el engaño, las manipulaciones, en provecho de los grandes privilegios económicos y políticos. Validos del poder, del ejercicio de las balanzas financieras, sociales y políticas que el sistema les confiere, no les es difícil imponer su voluntad. No por casualidad la "certificación democrática" las confiere Estados Unidos al resto del mundo en la medida del uso del sistema electoral ''made in USA". En nuestra época las elecciones se han convertido en el principal medio de imposición e intervención política a través del cual se droga, confunde, engaña, manipula, divide y domina a los pueblos. 

Sin embargo, la peor manera de enfrentarse a este ardid no puede ser quedarse en pantuflas o aislarse en una irracundia más intelectual que revolucionaria. Al enemigo debe enfrentarse en todos los terrenos aún en los más difíciles. Las formas de lucha nunca son de la libre elección del revolucionario, no dependen de su decisión caprichosa sino de realidades históricas y políticas. Si existieran condiciones para escoger otro camino y llamar al boicot de las elecciones a fin de producir una ruptura radical con el sistema, no dudaríamos en asumirlo y seria una traición participar en el proceso electoral. No es esa la situación venezolana en 1998.

Las elecciones de 1998 se darán en el marco de una profunda crisis, del mayor desprestigio de los viejos partidos y de un extendido repudio al gobierno, de serio deterioro de la autoridad y credibilidad de las fórmulas e instituciones de la vieja política. Sin duda existe una oportunidad favorable para un movimiento nacional de cambio. Todo depende la elaboración y aplicación de una política correcta.

Las perspectivas favorables tienen como contrapartida tres circunstancias adversas, por lo menos:

1) La ola prerrevolucionaria de 1992¬93 está de reflujo. Han mermado el ímpetu y la emoción despertados por las insurgencias militares de 1992. El aliento que llevó, por primera vez desde 1945, a la derrota electoral de AD y. COPEI y a depositar casi dos millones de votos a favor de los partidos de la hasta entonces considerada como "la izquierda" ya no tiene la misma fuerza de 1993. 

2) Es cierto que existe un crecimiento del descontento popular y un mayor rechazo a los viejos partidos, pero también se ha extendido paralelamente la ilustración y el pesimismo que afecta a todas las propuestas políticas. Sus expresiones más sobresalientes son la abstención, el escepticismo, el ausentismo. 

3) Los elementos de subjetivismo, atraso político y sectarismo predominan en muchos sectores del movimiento popular. 

4) La participación del MAS, MEP Y de gente considerada como "izquierdistas" y "socialistas" en el gobierno de Rafael Caldera, sirviendo a la política neo liberal, ha causado un gran daño a la imagen de la izquierda. Un daño parecido ha provocado: la descomposición de líderes sindicales "izquierdistas", la pasividad y desnaturalización de los sindicatos y la corrupción en la "izquierda" universitaria. 

5.- La candidatura presidencial es un factor relevante en las elecciones de 1998. Sin embargo, la participación en las elecciones no debería plantearse un escenario para el protagonismo individual. Tampoco, por supuesto, como medio exclusivamente para ganar parlamentarios o alcaldes. 

Si se acepta el recurso electoral debería ser para impulsar proyecto nacional en el que la candidatura presidencial no lo es todo. 

El proyecto nacional además de contener las propuestas programáticas y estratégicas para impulsar las transformaciones necesarias a fin de asegurar el bienestar del pueblo y el progreso e independencia de Venezuela, debe trazarse como tarea inmediata el esfuerzo político y de masas para derrotar la fórmula electoral de PDVSA-FMI, cuyo objetivo principal es desnacionalizar la economía venezolana, en primer término su joya más preciada la industria petrolera. Una batalla de esta naturaleza que nos enfrenta a enemigos muy poderosos en el campo nacional y mundial no debería librarse solamente con las fuerzas de la izquierda. 

La tarea de enfrentar y derrotar la conspiración desnacionalizadora y la ofensiva contra los derechos sociales de los trabajadores requiere una alternativa capaz de obtener el apoyo de la izquierda y más allá de la izquierda, del "centro" y más allá del "centro", es decir una base social muy nacional y muy amplia. A la vieja política, al dictado de los imperios financieros, debería contraponerse con alianza nacional democrática de extensa capacidad de movilización y respuesta.

6.- Más allá del episodio electoral circunstancial, el proyecto nacional debería incluir la creación de un polo de referencia político, organizativo y de masas. La candidatura presidencial y la campaña electoral deberían estar al servicio de refundar un movimiento de cambio, una opción de poder a corto o largo plazo, capaz de ocupar el espacio abandonado por el MAS, Causa R, etc. 

Las viejas cúpulas se mantienen en el Poder no porque tengan un sólido piso político sino por la falta de una alternativa. El país quiere cambiar. La tendencia es buscar una salida a la pobreza y a la corrupción. Pero, ¿qué se le ofrece como salida? Nada más allá de grupos fragmentados y dispersos. 

La campaña electoral de 1998 debería servir para forjar un sólido centro de dirección, para refundar la izquierda venezolana como una fuerza organizada y de masas, con un programa patriótico, nacional democrático, con capacidad para desarrollar una gran alianza con el "centro" y desplazar del poder a la vieja política. 

Este papel no puede cumplirlo el Movimiento Quinta República que apenas se presenta como "el brazo electoral del MBR". Indudablemente que el MBR tiene grandes méritos históricos y sus integrantes tienen la admiración de todos por su contribución a la causa popular y revolucionaria. Pero, se requiere más que una organización militar y, por supuesto mucho más que "brazo electora". Tampoco puede cumplirlo el BPU debido a sus limitaciones políticas. Para cambiar la correlación de fuerzas en el país, que es en definitiva de lo que se trata, sólo hay una vía: unir bajo sólo centro de dirección y un proyecto único a todos los factores patrióticos y nacionales democráticos junto a la izquierda. Las circunstancias nacionales y mundiales nos obligan a dejar de un lado los ghettos y las logias y optar por la suma de fuerzas. Es por ese camino, que en el exterior llaman "la centro-izquierda" o la "izquierda-centro" que México, Argentina, Francia, Italia, etc. han logrado decisivas victorias contra la derecha y el neoliberalismo. 

7.- La candidatura del Tcnel. Hugo Chávez ha logrado ganar un gran apoyo popular. A pesar de dificultades y carencia de recursos económicos, las encuestas revelan su creciente ascenso. Sin duda que es el único candidato con posiciones definidas y una oposición franca a las viejas cúpulas y a la política neoliberal.

Para convertir a Chávez en un candidato victorioso debería irse más allá del apoyo de las vanguardias y, de las tendencias más radicales. Sería preciso que ocupara el espacio de una candidatura nacional. 

Sólo una alternativa muy nacional, que involucre al país, a muchas capas de trabajadores, la clase media y la juventud puede asegurar el triunfo electoral. 

La sucesión presidencial de 1998 debería plantearse en el marco de una situación de crisis, inestabilidad, fragmentación y confusión. Es probable que, debido al cuadro político tan complicado, los votos no sean suficiente para ganar. Por eso, la sucesión presidencia debería abordarse con una visión política de conjunto y no exclusivamente electoral. 

La posibilidad de una victoria popular, nacional democrática en diciembre de 1998 (entiéndase que no estoy hablando de revolucionario sino de la continuación del actual proceso) requiere desplegar una intensa labor política, entre otras: 

1) Ubicar y aislar al enemigo principal. No convertir a todos en el enemigo;

2) Neutralizar el mayor número de fuerzas. Darles seguridad de respeto a sus intereses y expectativas;

3) Debe impedirse que el enemigo "satanice" la candidatura y a su programa. Las propuestas no tienen porque ser "el programa máximo". Los cambios deben ceñirse a las peculiaridades venezolanas. Los desarrollos posteriores deben dejarse al curso de los acontecimientos:

4) Los votos son muy importantes, pero también lo es ganar la batalla de la opinión. Las elecciones de 1998 deberán ganarse primero políticamente.

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* Periodista

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Debate Abierto: revista venezolana para la reflexión y discusión. Director responsable y fundador: Carolus Wimmer
ISSN: 1316-497X. Deposito legal: p.p. 19702DF390 - RIF: J30691967-8