LoS
PARTIDOS Y LA NUEVA SOCIEDAD
Felipe Gil Chamizo *
El tema "Los partidos y una nueva
sociedad", constituye un aspecto esencial del debate político en América
Latina y el Caribe y, en los últimos años, se convirtió en una temática
fundamental de las sesiones de trabajo de diversos foros y organismos
internacionales.
La actual reconcentración del poder
económico y político mundial aumenta la capacidad de injerencia del Norte
desarrollado, al imponer un sistema de estructuras, valores y normas de
conducta, que permite controlar de manera más articulada y eficaz a los
países subdesarrollados. Las relaciones entre las naciones, las diversas
identidades, el consumo y hasta las tradiciones de los pueblos, deben
pasar por el tamiz de los "cánones" impuestos por los organismos
multilaterales, controlados por las grandes potencias. Ellos son los que
tienen las prerrogativas de sancionar cuándo un país es elegible para
concederle créditos, prestarle ayuda, ofrecerle asesoría o para
bloquearlo, invadirlo y hasta monitorear sus problemas internos, a través
de una amplia gama de instituciones y comisiones internacionales.
Se introducen resortes y mecanismos
necesarios para gobernar a naciones desintegradas, instituciones políticas
debilitadas, grupos y. sectores sociales atomizados, organizaciones
populares y sociales fragmentadas. Estamos ante una nueva matriz de
capitalismo que está devorando y transformando las bases económicas y
políticas sobre las que históricamente se sustentó el sistema en la
periferia, mientras trabaja para adecuar la economía y la política, a sus
nuevos intereses globalizadores e intenta iniciar un proceso de reacomodo
de las relaciones entre el poder mundial, regional y nacional.
Analistas, académicos y líderes
políticos coinciden en afirmar que en la actualidad existe un importante
desgaste de las instituciones políticas, que se expresa en la falta de
credibilidad en los partidos y sus líderes, proceso que también contribuye
a generar la actual crisis de participación, la disminución de los
activistas y militantes, el abstencionismo, así como la atomización y la
fragmentación social, la pérdida de la capacidad movilizad ora de las
organizaciones y el cuestionamiento de los partidos como mediadores de los
intereses sociales, entre otros.
La XIX Reunión Plenaria de la
Conferencia Permanente de Partidos Políticos de América Latina y el Caribe
(COPPPAL), que tuvo lugar en marzo del 1996, caracterizó la crisis de la
siguiente manera:
"La aplicación ortodoxa del modelo
neoliberal ha provocado que los Estados nacionales estén cada vez más
subordinados a las decisiones de los organismos multilaterales, a los
intereses de los grandes centros financieros internacionales y a la
dinámica de las grandes transnacionales, que hoy mueven más de la mitad
del comercio mundial..."
"Por otra parte, los partidos han
abandonado el proyecto nacional, se han transformado en máquinas
electorales donde el medio se convierte en el fin. En la búsqueda de
triunfos electorales, la selección de candidatos no obedece a un
proyecto... En este sentido, el partido se convierte en una empresa que
entra al juego del mercado para ofrecerse al pueblo como quien puede
administrar las recetas enviadas desde el extranjero, sin proyecto
nacional y valores...".
El tema también fue abordado en los
debates del VI Encuentro del Foro de Sao Paulo, en San Salvador. En la
Declaración Final de esa reunión se afirma:
"La implantación del modelo neoliberal
y la polarización social resultante, no sólo se expresa con consecuencias
en el campo de lo económico y social, sino muy profundamente en lo
político, en lo jurídico y en lo moral. Es así que se incrementa desde el
poder, la pérdida de los referentes éticos y la potenciación de los
fenómenos de corrupción. Todo esto ahonda la falta de credibilidad en las
instituciones, crece el abstencionismo electoral y la desconfianza en los
sistemas políticos, en los partidos, y aumenta la dificultad de los
procesos democratizadores. Se pretende socavar y exterminar la identidad
cultural de nuestros pueblos, para, imponer de manera implacable, la
cosmovisión contenida en el modelo".
En términos similares se pronunciaron
algunos sectores de organismos socialdemócratas y democratacristianos
internacionales, que también intercambiaron sobre el tema. Las causas de
la crisis de muchas de las actuales nociones y prácticas de la política
regional son diversas y una explicación del fenómeno sólo puede realizarse
desde una visión integral del problema. Aquí sólo abordaremos algunos
aspectos para contribuir al debate en lo referido a los partidos políticos
de izquierda.
La actual situación de las
organizaciones de izquierda es resultado de múltiples problemas acumulados
a lo largo de décadas. Algunos de las causales de la crisis son: los
cambios en las relaciones internacionales, los costos que imponen los
Estados Unidos a cualquier proyecto político independiente, la crisis del
socialismo Europeo, así como las debilidades estructurales de una parte de
las organizaciones y la no readecuación del trabajo político de estas
fuerzas a la compleja coyuntura socioeconómica y política de la región.
Los partidos progresistas, al igual que
el resto de las instituciones políticas y económicas de América Latina y
el Caribe, son muy vulnerables a los efectos del sistema de relaciones
internacionales que se impone, lo que hace más compleja las condiciones
necesarias para el éxito de una transformación política, económica y
social, imprescindible para superar la dependencia y el subdesarrollo.
Las contradicciones entre lo
internacional y lo nacional, el creciente divorcio entre lo político y lo
social, en fin, la primacía de la economía sobre la política y del Mercado
sobre el Estado en el nuevo economicismo predominante, están reduciendo
los limites de la política a un sistema bastante homogéneo que hace
desaparecer de manera creciente la identidad de los partidos. En esta
coyuntura, las organizaciones políticas se ven condicionadas a laborar
dentro ''variables" y "normas", que sólo les permiten divergencias
irrelevantes.
Al mismo tiempo, la fragmentación
social y la segmentación cultural y política auspiciadas por el actual
proceso de reestructuración mundial, así como el cambio en la composición
socioeconómica de nuestras sociedades, variaron la composición de algunas
clases y grupos sociales, además de relativizar algunos espacios y
fórmulas de acumulación política. También es necesario añadir las ventajas
que otorgan a las fuerzas del sistema los modernos medios de comunicación
en la producción y formación de opinión sobre los más diversos temas, así
como la aparición de nuevos sujetos y organizaciones sociales y populares,
que están planteando la necesidad de construir una nueva relación entre
política y sociedad.
Un factor esencial en la actual crisis
política regional es la injerencia norteamericana en América Latina y el
Caribe. A lo largo de este siglo, el gobierno de los Estados Unidos ha
implementado distintos métodos para contrarrestar o revertir los avances
de las fuerzas progresistas, nacionalistas e independentistas y desvirtuar
la perspectiva del socialismo en el área. Golpes de Estado, intervenciones
militares, bloqueo económico y político, apoyo a las organizaciones
contrarrevolucionarias, trabajo diversionista, desarrollo de fuertes
campañas ideológicas y otros, son parte de la gran diversidad de variables
de las políticas norteamericanas. La sistematicidad de esta actitud
política logró la derrota de procesos revolucionarios en el poder,
subvirtió gobiernos a los que las fuerzas progresistas arribaron por vías
legales, así como creó dificultades o canceló las posibilidades de otras
agrupaciones. Es posible que el mayor éxito de los Estados Unidos fue
establecer en una gran porción de los políticos, la concepción de que el
único camino para alcanzar sus intereses es el del respecto y el uso
estricto de las instituciones, las concepciones y los "canales de
participación" creados por el sistema para mantener el "status quo".
La desaparición del socialismo en
Europa del Este impactó de forma directa o indirecta a toda la diversidad
de la izquierda latinoamericana. El acontecimiento europeo desequilibró
las relaciones políticas internacionales y dejó al movimiento progresista
y revolucionario sin una retaguardia político-diplomática, económica y
militar, al mismo tiempo que evidenció y dinamizó la crisis ya latente en
la izquierda del continente. Sin embargo, el mayor efecto de la "debacle",
vista en una perspectiva de más largo plazo, fue contribuir a la
desmoralización de dirigentes, cuadros y militantes de izquierda, así como
el descrédito de la imagen del socialismo ante amplios sectores sociales y
populares, oportunidad utilizada por el imperialismo y sus aliados para
declarar obsoleto al marxismo y desprestigiar sistemáticamente cualquier
alternativa socialista por todos los medios a su alcance.
Otros aspectos esenciales son las
debilidades estructurales de muchas organizaciones de izquierda,
manifiestas en las formas en que desarrollan su actividad política. Ente
ellas podemos señalar metismo" y la influencia de la política tradicional
en su estilo de trabajo.
La copia o el compromiso con recetas y
prácticas ajenas a las características políticas y culturales de la región
viciaron desde su origen la gestión política de muchas organizaciones. El
''mimetismo político" fue y es una de las fuentes fundamentales del
sectarismo y el dogmatismo, de los tipos de agrupamientos, de las
concepciones económicas y la forma de concebir el trabajo con la sociedad
que frecuentemente limitan la actuación política de la izquierda.
También es oportuno considerar la
influencia negativa de algunos rasgos de la política tradicional en una
buena parte de los partidos. Entre amplios sectores populares es frecuente
que se identifique la actividad de organizaciones y dirigentes políticos
con características tales como: la politiquería, el "clientelismo", la
subordinación de la lucha por prioridades políticas nacionales al logro de
intereses estrechos, la atomización y la permanente confrontación por el
liderazgo de los partidos, el ideologismo o la precariedad ideológica, así
como la ausencia de un trabajo político de verdadero arraigo social, entre
otros.
Los problemas estroctura1es también se
expresan en las limitaciones actuales para articular y conducir proyectos
políticos alternativos al neoliberalismo. El tema de fondo que se debate
hoy es el de la viabilidad de las mediaciones políticas existentes. Muchos
se preguntan: ¿cómo hacer proyectos políticos alternativos desde los
vicios propios de las actuales estructuras políticas? o ¿cómo transformar
las formaciones y las concepciones existentes para lograr una viabilidad
política sostenible, autóctona y alternativa al neoliberalismo?
La política y sus instituciones en
América Latina y el Caribe están amenazadas por una globalización
neoliberal que nos fragmenta y nos atomiza. Es de la mayor relevancia
estudiar este proceso desde una visión progresista y revolucionaria que
sustente las bases de una alternativa al neoliberalismo de manera global.
Se están creando las condiciones para una amplia política de alianzas,
dirigida a cumplir la tarea de primer orden del momento: la derrota del
neoliberalismo, que es sinónimo de la lucha por la independencia, la
soberanía y la autodeterminación de los pueblos, del rescate de las
economía y los recursos naturales, del desarrollo y la integración
regional, de la democracia y la justicia social.
También se impone la necesidad de hacer
una nueva lectura de la sociedad en la que estamos inmersos y en cuyo
beneficio trabajamos, lo que significa comprender mejor el papel que
juegan los distintos actores sociales, trabajar en una adecuación de las
organizaciones políticas a las exigencias de los tiempos, diseñar una
nueva relación de los partidos con la sociedad, laborar en la
democratización interna de las organizaciones e implementar nuevos
mecanismos socioculturales para organizar, que utilicen todo el potencial
creado por los recientes avances tecnológicos.
Es imprescindible trabajar en la
formación de mediaciones políticas que promuevan espacios unitarios,
sustentados en una diversidad que sortee las tendencias sectarias y
dogmáticas, mantenga el equilibrio político interno y la disciplina, así
como una unidad de acción, que garantice eficacia política en el plano
nacional e internacional.
Resulta impostergable para nuestras
organizaciones articular una estrategia de poder alternativo que permita
aumentar los márgenes de decisión e influencia de la izquierda. Si
queremos acceder a un desarrollo auto sostenible con justicia social y
soberanía, si se pretende avanzar hacia políticas que permitan alcanzar
niveles de concertación frente a los bloques mundiales en formación, si
aspiramos a ganar la credibilidad de los ciudadanos, lo primero y
posiblemente lo más importante es que exista voluntad política y capacidad
de decisión. Sin ello es virtualmente imposible crear espacios de
colaboración, de concertación y unidad reales entre las organizaciones
políticas progresistas y populares.
Constituye una prioridad trabajar para
solucionar el dualismo existente entre la acumulación en los sectores
sociales y populares y el trabajo encaminado a ocupar mayores espacios
institucionales, que frecuentemente se acompaña de importantes
concesiones, en no pocas ocasiones se concierten en un fin en si mismo.
La izquierda debe emprender acciones
que redefinan el lugar del mercado, del Estado y los distintos actores
sociales y económicos en su proyecto alternativo. Una concepción
alternativa supone relativizar el papel del mercado como el que asigna de
recursos. El desarrollo no puede y nunca fue conducido por el mercado.
Necesitamos Estados fuertes, capaces de establecer estrategias y planes
desarrollo, preparados para defender los intereses regionales, regular el
uso de los excedentes, distribuir los costos y beneficios de estos
procesos con un criterio de equidad y justicia. Sólo un Estado honesto y
popular puede garantizar el uso racional de los recursos naturales
autóctonos en un patrón de crecimiento y desarrollo ecológicamente
sustentable.
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*Sociólogo |