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Dalia Acosta*
Se
oye, se siente, Juan Pablo está presente», «Juan Pablo, amigo, Cuba está
contigo», coreaban los manifestantes al paso del papa-móvil .En otro auto,
Fidel Castro recorrió los 20 kilómetros que separan el aeropuerto José
Martí de la nunciatura, en el barrio residencial de Miramar, al oeste de
la capital.»Ni la visita de Gorbachov puede compararse», dijo una
enfermera que aseguró creer «en la virgen (de la caridad) y en Fidel» y
haber acudido a esa misma esquina en tiempos en que La Habana miraba con
esperanzas hacia la perestroika. «Todavía me parece increíble, un sueño»,
fue el comentario de un hombre de unos cuarenta años que repartía estampas
de la Virgen de la Caridad del Cobre, patrona de Cuba, y banderitas
nacionales y del Vaticano.
«Si alguna vez han surgido dificultades
(con los creyentes), no ha sido nunca por culpa de la Revolución», dijo
Castro en su mensaje de bienvenida en clara alusión a las tensiones
vividas durante las últimas décadas entre la Iglesia y el Estado
Socialista que, hasta 1992, se declaró constitucionalmente ateo.
"Pensamos igual que usted en muchas
importantes cuestiones del mundo de hoy; en otras, nuestras opiniones
difieren, pero rendimos culto respetuoso a la convicción profunda con que
usted defiende sus ideas", afirmó Fidel a más de doce meses de su primer
encuentro con el Papa en Roma. Juan Pablo TI, tras recibir la invitación
de Castro para que hablara "con libertad", recordó las circunstancias
difíciles en que se ha visto envuelta la Iglesia en la isla y defendió el
deseo de poder disponer en Cuba del espacio necesario "para seguir
sirviendo a todos en conformidad con la misión y enseñanzas de
Jesucristo.
Casi diez años después de que recibiera
la primera invitación oficial para que visitara el único país socialista
en América Latina, Juan Pablo 11 inició su viaje pastoral número 81
diciendo a todos los cubanos que nadie más que ellos "son y deben ser
protagonistas de su propia historia". "Que Cuba se abra con todas sus
magníficas posibilidades al mundo y que el mundo se abra a Cuba", clamó.
Poco antes, Fidel había hábilmente
saludado la "valentía" del Papa para reconocer los crímenes del
catolicismo a lo largo de su historia: envío a la hoguera y proscripción
de científicos "herejes", Inquisición, Cruzadas, genocidio en la conquista
de América. Cuba puede ofrecerle, dijo a su invitado, recibirlo en un país
con menos injusticias, menos pobreza, menos analfabetismo, menos
desigualdades sociales que cualquier otro que haya pisado previamente.
Castro también destacó las coincidencias entre el Vaticano y el gobierno
socialista en la denuncia de los males del "capitalismo salvaje",
plantando el escenario de lo que puede ser el verdadero objetivo de La
Habana en este viaje: la conclusión de una suerte de "compromiso
histórico" a la cubana entre el PCC (que desde hace cinco años admite a
católicos confesos en sus filas) y el Vaticano, no sólo para romper el
bloqueo condenado repetidamente por el Papa, que también ha reconocido que
Cuba no es Polonia, con todo lo que se deduce de ellos sino también para
ampliar el respaldo incluso en el plano interno a la revolución.
En los últimos años han comenzado a
florecer en la isla publicaciones ligadas a la Iglesia y algunos estiman
que se estaría gestando en la isla un movimiento intelectual católico que
buscaría puntos de contacto con el gobierno. "Algo así no hubo nunca en
Cuba", comentó el periodista católico Juan Emilio Friguls. Incluso en
periodos de fuerte enfrentamiento entre Estado e Iglesia, Castro buscó
puntos de entendimiento con sectores cristianos. El acercamiento comenzó a
concretarse en 1979, cuando la Iglesia cubana pasó de la oposición
declarada a la coexistencia pacífica y se consolidó en 1986, cuando el
Vaticano condenó el bloqueo estadounidense, recuerda Steve Wilkinson,
director de la revista Cubasí, publicada en Londres. La visita del Papa,
resistida en Estados Unidos (Castro dijo en diciembre que Washington
presionó para que no se hiciera), fue minuciosamente preparada en La
Habana y todo parece indicar que tras ella la Iglesia jugará un nuevo
papel en la sociedad cubana. El llamado de Castro a llenar calles y plazas
esta semana no parece ser sólo un intento de ''recuperar" la visita del
Papa sino parte de un cálculo político a más largo plazo. Que todo esto
derive en el reconocimiento explícito a una oposición interna moderada,
que ayude a gestionar una transición y con la que haya puntos de acuerdo
generales, habrá que verlo. Las fichas recién comienzan a moverse en el
tablero y Fidel y Juan Pablo II son, qué duda cabe, dos grandes
ajedrecistas.
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Desde La Habana |