EL HORROR ECONÓMICO LA HUMANIDAD
CENTRIFUGADA
Kiko Schvarz *
"En quelque soir, par
exemple, retiré de nos horreurs économiques iI frisonne au passage des
chasses et des hordes. * Este
pasaje de las Illuminations del poeta Arthur Rimbaud da pie a una obra
signada por una curiosa trayectoria. Viviane Forrester, su autora, era
conocida por sus ensayos literarios sobre Virginia Woolf, una biografía
novelada de Van Gogh, una decena de novelas y relatos, sus críticas
literarias en Le Monde y su actuación como jurado del premio literario
Fémina. Bruscamente, incursionó en el tema de la economía globalizada y de
la noche a la mañana se encontró con que su libro aparte de conocer una
difusión galopante, que determinó reediciones sucesivas era esgrimido en
las manifestaciones por los trabajadores enfrentados a las consecuencias
de la política económica del gobierno francés y en particular a la
desocupación, tema central de El horror económico.
En verdad, no se trata de un estudio denso
plagado de cifras. Los datos estadísticos son escuetos, pero no por ello menos
contundentes. El problema es analizado en su integridad, en sus proyecciones
ramificadas sobre el planeta. Lo más apreciable es su reflexión sobre las
derivaciones humanas y sociales de la orientación económica impuesta al mundo,
incluso sobre la vida diaria y la psicología del desocupado. Y se aleja del
panfleto o la diatriba por la audacia del planteo, que procura mirar la realidad
y sus perspectivas, por dramáticas que sean, al fondo de los ojos. También por
una prosa tersa, poética de a ratos, obra en suma de una escritora de raza.
Su esencia está sintetizada en estos términos:
"Estamos tropezando con una realidad 'terrible. Existe algo peor que la
explotación de los hombres: es el hecho de que ahora millones de seres humanos
ya no sirven siquiera para ser explotados. El concepto de trabajo, que era el
fundamento de nuestra civilización, ha caducado. Mienten los políticos -y
probablemente parte de ellos se mientan así mismos- cuando hablan de crisis
económicas pasajeras, transitorias, coyunturales. Se trata de una mutación
violenta, de una mutación brutal de la civilización occidental, cuyas
consecuencias pueden ser aún peores que las que sufrimos hoy (…) No un período
de crisis, sino una nueva modalidad de civilización ya organizada, cuya lógica
supone la eliminación del empleo, la extinción de la vida asalariada, la
marginalización de la mayoría de los humanos; no un descaecimiento pasajero,
sino un régimen nuevo, dominador”.
La magnitud del fenómeno se expresa en datos
como que entre 1979 y 1994 el número de desocupados en los siete países más
ricos pasó de 13 a 24 millones, cifras que no toman en cuenta los 4 millones que
ya dejaron de buscar trabajo ni los 15 millones condenados a aceptar empleos
precarios y de tiempo parcial, y que por tanto "no reflejan cabalmente la
tragedia de estos millones de destinos humanos arruinados", apunta Forrester.
Hay alrededor de 120 millones de desocupados en el mundo, 35 millones de los
cuales en los países industrializados (18 en Europa).
Para establecer una situación decente en el
planeta sería necesario crear 1.000 millones de nuevos empleos en los próximos
diez años.
La crítica literaria consumada en Viviane
Forrester reaparece para comparar el estrechamiento del mercado de trabajo con
la piel de zapa de la novela de Balzac. Como consecuencia, "un número
considerable de seres humanos ha dejado de ser necesario al pequeño número de
quienes modelan la economía y detentan el poder. Multitudes de personas se
encuentran así sin razón razonable de vivir en el mundo en que advinieron a la
vida. Su presencia no corresponde ya a la lógica reinante. Su número es
excedentario".
La autora se refiere a la angustia y la
desesperación del que sale cada día en busca de un trabajo cada vez más esquivo.
Traza el perfil psicológico de quienes vegetan en los guetos de la periferia
(ayer obreros, hoy desocupados); habla de "la lentitud extrema de los días que
se arrastran, de "estos muchachos y muchachas acusados como si fuesen culpables
de habitar las zonas marginales y cuya existencia funciona como una pesadilla
vaga y sin fin". Alude al racismo y la xenofobia, promovidos para escamotear el
problema real y enfrentar a los pobres contra los pobres, los oprimidos contra
los oprimidos. Señala, en síntesis, "el hiato instaurado entre una economía de
mercado, que se ha vuelto propietaria exclusiva de este mundo, y quienes lo
habitan, prisioneros de su geografía". La conclusión es patética, pero resuena a
la vez como un alerta: "Jamás el conjunto de los seres humanos se ha visto tan
amenazado en su supervivencia".
LÓGICA INTERNA.
"Mi meta fue desnudar la lógica interna, implacable, de esta economía de mercado
a escala planetaria, lógica que las declaraciones sibilinas de los tecnócratas
internacionales y los discursos demagógicos de los políticos de toda índole nos
impiden percibir", escribe Forrester Yagrega: "Un desocupado sufre actualmente
las consecuencias de una lógica planetaria que supone la supresión de lo que se
llama trabajo, es decir, de los empleos".
Las redes tentaculares de las transnacionales
se han instalado como un poder mundial, omnímodo. Por encima de los estados, que
aliado de ellas "adquieren la imagen de simples municipalidades". Si en algunos
países o regiones (que antes fueron colonizados, despojados, saqueados) la mano
de obra no vale nada, o casi, hacia allí se dislocan, dejando el tendal de
desocupados en los países de origen. O bien super explotan a los inmigrantes
desde esas zonas, víctimas por añadidura de la xenofobia rampante. Es un
neocolonialismo a dos puntas. Que tiene además los dones de la ubicuidad, de la
simultaneidad, de la sincronización, porque la trama informática al servicio de
las intermulti transnacionales ha abolido el espacio y el tiempo. Están a la vez
aquí y en todas partes, como Dios. En resumidas cuentas: "Estas redes económicas
privadas dominan cada vez más los poderes estatales; lejos de estar controladas
por ellos, son ellas las que los controlan y forman una especie de nación que,
por encima de todo territorio, de toda institución gubernamental, ordena y manda
en grado creciente a los órganos de gobierno de los distintos países, por
intermedio de organizaciones de poderío considerable como el Banco Mundial, el
FMI y la OCDE".
Esas organizaciones proclaman a su vez sus
objetivos en lenguaje descarnado, sin muchas vueltas. "Para lograr un ajuste
salarial determinado, se requiere un nivel más elevado de desempleo coyuntural",
dice la OCDE. El Banco Mundial precisa: "Una flexibilidad acrecentada del
mercado de trabajo es esencial para que todas las regiones emprendan reformas en
profundidad". El FMI se suma al coro: "Los gobiernos deben lanzarse con audacia
a una reforma a fondo de los mercados de trabajo. La flexibilización de éstos
pasa por la reformulación del seguro de desempleo, del salario mínimo legal y de
la legislación que protege el trabajo".
DESREGULACION DEL TRABAJO. En un
reciente reportaje sobre su libro, Forrester advierte sobre la actual ofensiva
desreguladora de patronales, gobiernos y organismos financieros internacionales.
"No se requiere ser autor de novelas de ciencia ficción para imaginar lo que nos
espera: al lado de millones de personas definitivamente excluidas del mundo del
trabajo, veremos a otros millones de esclavos laborales modernos recibiendo
migajas de empleos, aceptando cualquier trabajo en cualquier condición. Luego
deberán soportar periodos de inactividad, sin salario, durante los cuales
deberán estar siempre disponibles, a la espera de nuevas limosnas de trabajo.
Eso comienza a darse ya en Europa.
Y no solo en Europa. Los comentarios del
presidente Rafael Caldera y su superministro Teodoro Petkoff sobre la crítica
situación económica social en el país centrados en la flexibilización laboral.
Fue la única medida concreta, que promovió en relación con el elevado nivel de
desempleo, luego fue de que el presidente del BID, Enrique Iglesias, reconociera
que en América latina los niveles de pobreza se mantienen en el entorno del 40
por ciento, el desempleo sigue siendo un problema de fondo, con sus correlatos
de exclusión y marginalidad, y que el crecimiento macroeconómico de la región no
se ha traducido en una mejora en las condiciones de vida de las poblaciones.
POTENCIAL EXPLOSIVO. La autora se
levanta contra la idea que los difusores del "pensamiento único" procuran
viabilizar que la tremenda realidad actual sea fruto de una fatalidad
ineluctable. Sostiene (cartesianamente) que en primer lugar hay que pensar bien
el problema, adquirir una visión clara y distinta a partir de un examen
minucioso del mundo contemporáneo. Polemiza con los eslóganes en boga (por
ejemplo, que hay que contemplar adecuadamente a los capitales, porque de lo
contrario se irán).
Piensan que sería maravilloso poder utilizar
los fabulosos logros de la revolución científico tecnológica para liberar a la
humanidad de la maldición bíblica del trabajo. Pero se resiste a inventar
soluciones simplistas. No obstante, en la citada entrevista (quizá por motivo de
la ola de acciones de múltiples sectores en París y en las provincias, mientras
la desocupación trepaba a la cifra récord del 13 por ciento y Chirac, con sus
índices de popularidad por el suelo, convocaba a elecciones anticipadas),
apuntaba: "La gente está enardecida. El ambiente es explosivo. No digo que
explotará mañana. Pero el potencial explosivo allí está"
*
Alguna noche, por ejemplo, retirado de
nuestros horrores económicos se estremece al paso de las cacerías y de las
hordas". (Rimbaud, Oeuvres complètes, París, Gallimard, 1972, p. 150). |