misión a
Marte y guerra comercial
Andrés Roldán *
La exitosa misión a Marte ha provocado
una amplia corriente de simpatía en todo el mundo. En las dos semanas que
la patineta "Sojourner" explora la superficie del planeta rojo, se ha
batido el récord de consultas por Internet, más de 100 millones. Las
primeras encuestas acerca de si valió la pena la inversión en la misión
Pathfinder dan reusaltados apabullantes, 92% a favor (La Nación, 12/7).
Mucho antes que las conclusiones científicas
pudieran comenzar siquiera a considerarse, la Nasa había logrado su primer (y
para algún principal objetivo), restablecer la simpatía de la población
norteamericana hacia la agencia espacial gubernamental. "La explosión de la nave
Challenger y la muerte de sus siete tripulantes, el 28 de enero de 1986, frente
a millones de telespectadores, marcó el comienzo de un período negro, del que la
Nasa comienza a salir" (Le Monde, 8/7). Desde las misiones Viking que
fotografiaron Marte en 1976, ninguna misión alcanzó al planeta vecino. Los rusos
fracasaron dos veces y "en 992 fracasó la nave norteamericana Mars Observer
al perder contacto con su base" (Clarín, 5/7).
Armamentismo y guerra comercial
Desde sus orígenes, el programa espacial
norteamericano estuvo subordinado a objetivos armamentistas. Los primeros
cohetes fueron concebidos para portar ojivas nucleares y alcanzar los lugares
más recónditos del planeta. Los primeros satélites tenían como misión espiar a
amigos y enemigos. Durante la era Reagan, la Nasa se lanzó a faraónicos
proyectos, como el "escudo espacial estratégico", rebautizado como "guerra
de las galaxias", que debía conducir a la absoluta primacía estadounidense
en la carrera espacial y militar. Los estrepitosos fracasos de los 80 (Challenger
y otros) y la caída de la URSS volvieron muy impopular este fenomenal
despilfarro presupuestario.
Como en otros terrenos, Clinton procuró
restablecer la confianza popular en las instalaciones pilares del estado
imperialista. La Nasa, bajo la nueva administración de Daniel Goldin a partir de
1993 se fijó la consigna "smaller, better, faster, cheaper" (más chico,
mejor, más rápido y más barato) (ver Financial Times, 3/7). La misión a Marte,
con su pequeño y simpático "Sojourner", es una pieza clave de esta nueva etapa
de "seducción" al contribuyente (hasta el nombre de la patineta fue
cuidadosamente elegido: "fue bautizada en honor a una militante negra
norteamericana, Sojourner Truth, nacida esclava en 1797 y que luchó contra la
esclavitud y por un mejor lugar para las mujeres" (Clarín, 7/7).
Es que está en juego una fabulosa inyección de
fondos para los programas espaciales, que debe ser aprobada por el Congreso en
los próximos días y que apunta a colocar una estación en órbita antes de fin de
siglo (para lo cual tiene que superar, además, las peligrosas y hasta
irresponsables condiciones en que sobrevive la actual estación espacial rusa Mir,
que cuenta con apoyo y participación de la Nasa).
Los gastos presupuestarios juegan un papel
clave en e] sostenimiento del complejo industria] espacial militar (que abarca
desde la industria aérea a la informática), especialmente en su rentabilidad,
tan golpeada por el estancamiento y la sobreproducción mundiales. Los "años
negros" de la Nasa no fueron desaprovechados por sus competidores. "Los
europeos sacaron ventaja hábilmente de los errores estratégicos de la Nasa para
apropiarse de más del 50% del mercado mundial de
lanzamiento de satélites comerciales" (Le
Monde, 8/7)
La guerra comercial entre EE.UU. y Europa (y
Japón) está en pleno desarrollo. Mientras "Sojourner" hace las delicias de los
televidentes, la fusión de los dos gigantes aeroespaciales estadounidenses, la
Boeing y la McDonnell Douglas (dos de los principales contratistas de la Nasa),
provocó el rechazo del comité antimonopólico europeo, a lo que Clinton respondió
"ordenando la preparación de una batería de posibles represalias y amenazó
veladamente con llegar a una guerra comercial" (Ambito, 18/7).
Ciencia y religión
Como parte del marketing para justificar el
relanzarniento de las misiones espaciales, la Nasa apeló al anuncio pomposo de
que en un meteorito hallado hace unos años en la Antártida, y presuntamente
proveniente de Marte, había restos fósiles que podrán corresponder a bacterias,
lo que probaría la existencia de vida en Marte, presente o pasada.
Aunque la comunidad científica recibió con
bastante desconfianza el anuncio, se instaló públicamente la cuestión de si
había vida o no en Marte y, más en general, sobre la existencia de vida
extraterrestre. Incluso se asoció algo apresuradamente al Pathfinder con este
propósito. Lo cierto es que la actual misión va a avanzar en analizar la
posibilidad de la existencia actual o pasada de agua (algo que parece cada vez
más probable), condición indispensable para la vida, por lo menos tal como
nosotros la conocemos.
Esto llevó a varios prominentes especialistas
del Vaticano a pronunciarse sobre la cuestión. Gino Concetti, desde hace treinta
años influyente teólogo articulista del diario vaticano, en una entrevista con
Clarín (1317), refiriéndose a posibles seres extraterrestres, se terminó
preguntando: "¿Son como nosotros o como los ángeles?, ¿o hay una tercera
variante?... ¿participaron o no de la prueba a que Dios sometió a Adán y Eva?
¿Pecaron todos como ellos?" Por su parte, Bernardo Cervellera, director de las
Obras Misioneras, sostuvo que "si los habitantes de otros mundos fueran
capaces de raciocinio, tienen el pecado original... y dijo que se organizaría
para ofrecerles la fe en Jesús" (La República, 817).
El absurdo anticientífico y oscurantista al
que llegan los prominentes teólogos no es casual. A medida que la ciencia
avanza, las "teorías" basadas en la fe pierden todo sustento y llegan al
ridículo de presentar a supuestos seres extraterrestres como ángeles. Los
caminos de la ciencia y la religión se apartan inexorablemente. Es una de las
consecuencias del desarrollo científico que el capitalismo toma inevitable, a
pesar de que es incapaz de utilizarlo como palanca para el bienestar de la
humanidad. El capitalismo está metido, también en este terreno, en una
contradicción que no puede eludir. Obligado a desenvolver los conocimientos
científicos, socava al mismo tiempo la influencia de la religión y de la Iglesia
que es, hoy por hoy, uno de sus principales sustentos ideológicos y que juega,
desde Polonia hasta nuestro país, un papel fundamental en la contención de las
masas.
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