|
Jim Cason y David
Brooks *
Funcionarios norteamericanos confirman
que la CIA trabajó con narcotraficantes durante diez años
Estados Unidos
trabajó con narcotraficantes en varias ocasiones en América Latina durante
los últimos 10 años y tuvo pleno conocimiento de las actividades de envío
de droga a su país por miembros de la contra nicaragüense, argentinos y
figuras como el panameño Manuel Antonio Noriega, aseveró un ex funcionario
del Congreso al testificar el pasado 23 de octubre ante el Senado.
Jack Blum, el ex asesor del Subcomité
sobre Terrorismo y Narcóticos del Senado y quien encabezó la primera
investigación en tomo a los vínculos entre la contra y el narcotráfico a
finales de los 80, afirmó que hay amplia evidencia de que la comunidad de
inteligencia de Estados Unidos estaban bien enterada y que deliberadamente
decidió ignorar las actividades de narcotráfico de las fuerzas
antisandinistas durante la segunda mitad de la década de 1980.
También recordó que las administraciones
de Ronald Reagan y George Bush obstaculizaron la investigación sobre el
vínculo entre "aliados" de Estados Unidos en América Latina y el
narcotráfico.
Durante esta audiencia especial
convocada por el comité encabezado por el senador republicano Arlen
Specter y su colega demócrata Bos Kerrey para investigar los alegatos de
un vínculo entre la Agencia Central de Inteligencia (CIA) y el
narcotráfico, también se presentó el inspector general de la CIA,
Frederick Hitz y su colega en el Departamento de Justicia, Michel Bromwich,
quienes realizan una investigación formal sobre el asunto.
Estas audiencias Y las investigaciones
formales fueron provocadas por una serie de reportajes publicados por el
diario californiano San José Mercury News, según los cuales dirigentes de
la contra, con el apoyo de la CIA, introdujeron cocaína crack a la
comunidad negra de Los Angeles para financiar la guerra contra los
sandinistas. A pesar de reportajes del New York Times, el Washington Post
y declaraciones del director de la CIA, Jobo Deutch, entre otros,
rechazando o cuestionando la versión del San José Mercury, la reacción
causada por el diario ha generado llamados para realizar amplias
investigaciones por parte de la representante Maxime Waters y la senadora
Barbara Boxer y varios dirigentes sociales.
Hitz, inspector general de la CIA,
reiteró hoy que investigaciones anteriores dentro de la agencia,
realizadas en 1988, concluyeron que "no hay información creíble" para
apoyar los alegatos de que los contras apoyados por Estados Unidos fueran
narcotraficantes con el conocimiento de Washington.
Pero afirmó que su investigación durará
meses, ya que el equipo de 11 personas tendrá que revisar miles de cables,
cientos de cajas de documentos y llevar a cabo entrevistas antes de poder
llegar a una conclusión. Hitz reconoció que estos alegatos "son los más
controvertidos, políticamente cargados y más dañinos que hemos enfrentado
(en la CIA)".
Michael Bromwich, inspector general del
Departamento de Justicia, informó a su vez a los senadores que está
realizando una investigación interna sobre este asunto. Bromwich fue uno
de los investigadores del escándalo Irán contra, que involucró el envío
secreto de armas a Irán y el posterior desvío de fondos a la contra
nicaragüense durante el último gobiemo de Reagan.
Pero fue Blum quien hizo un recuento a
fondo de los casos en que había evidencia de que agentes y funcionarios
trabajaron con personas en América Latina en la lucha anticomunista con
pleno conocimiento que sus aliados eran narcotraficantes, o que tenían
contactos con ese sector criminal.
"La verdad es que los políticos cerraron
sus ojos ante el comportamiento criminal de nuestros aliados y apoyadores
en esa guerra. Los políticos ignoraron su negocio de droga, su robo, y sus
violaciones a los derechos humanos", sostuvo Jack Blum. "Sabíamos de la
conexión entre el comercio de cocaína de la costa oeste (estadounidense) y
los contras".
Blum encabezó la investigación del
subcomité del Comité de Relaciones Exteriores sobre posibles acciones
ilegales de funcionarios del gobierno estadounidense en la guerra contra
los sandinistas, la cual llevó a cabo de 1986 a 1989, y hoy ofreció varios
detalles y ejemplos de casos en los que se encontró evidencias para
concluir que los estadounidenses tenían conocimiento pleno de las
actividades de narcotráfico de sus aliados en Centroamérica.
Recordó que el propio general Noriega de
Panamá estaba en la nómina del gobierno estadounidense, con un pago de
unos 200 mil dólares al año, y que en por lo menos dos ocasiones se reunió
con el coronel Oliver North, considerado uno de los cerebros del Irán
contras, para planificar actividades de apoyo a la contra. Y subrayó que
durante todo ese tiempo el gobierno estadounidense estaba consciente de
que Noriega estaba involucrado en el narcotráfico.
Aunque Blum afirmó que las conclusiones
de sus investigaciones a fines de los 80 no ofrecieron evidencias de que
la CIA haya vendido drogas en las comunidades negras de Los Ángeles para
financiar la contra, ni que la CIA vendió cocaína para sostener
económicamente la causa antisandinista en América Latina. Pero señaló que
al ignorar intencionalmente estas conocidas actividades, empleados del
gobierno no hicieran nada por detener el flujo de drogas que finalmente
afectó a comunidades estadounidenses, sólo con la justificación de que la
guerra anticomunista en Centroamérica era la prioridad.
Blum recordó igualmente que el poder
Ejecutivo hizo todo lo posible para entorpecer su investigación, girando
órdenes a todos los fiscales federales de no compartir información con la
investigación legislativa (quien encabeza la División Criminal del
Departamento de Justicia en ese entonces era William Weld, actual
gobernador de Massachusetts). El senador Bob Kerrey, en sus comentarios al
comienzo de la sesión, reconoció que independientemente de que las
versiones del San José Mercury News sean verdad, "tenemos que dar un paso
atrás y preguntar cómo fue afectada América cuando la administración
Reagan tomó la decisión política de que el comunismo en Nicaragua, y no el
narcotráfico era la prioridad principal de Estados Unidos en América
Latina.
"Esta opinión política prosiguió Kerry
podría haber hecho más fácil para los carteles de la cocaína construir sus
negocios en este país, y podría haber puesto a personal de la CIA en
contacto que en otra situación no tendrían con los narcotraficantes. Si
los mundos de la acción encubierta y el narcotráfico se encontraron,
tenemos que saber cómo reaccionó la CIA..."
Para Jack Blum, la respuesta es que la
CIA no sólo reaccionó sino que ésa fue la decisión de los políticos en
Washington que manejaban la guerra antisandinista. Destacó que esto se
debe entender en un contexto más amplio de la política estadounidense
hacia la región. Recordó que fueron los argentinos quienes primero
entrenaron a la contra y sugirió que fueron responsable del "golpe de
cocaína" en Bolivia, con el propósito de establecer sus propios vínculos
con el narcotráfico.
'Blum aseveró que "la pérdida más
importante que tuvimos en la guerra encubierta en Centroamérica,.. fue la
pérdida de la confianza del público estadounidense" en la gente que lleva
a cabo operaciones clandestinas a nombre de Estados Unidos, A fin de
cuentas, lo notable de todo esto es que la historia de la guerra secreta
estadounidense en Centroamérica, que muchos políticos aquí creían bien
enterrada, ha resucitado, pero esta vez el enfoque no es sobre sus
consecuencias en América Latina, sino dentro de Estados Unidos
__________
* Periodista
estadounidense |