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Debate Abierto
Septiembre 11, 1987 - Santiago de Chile
“Junto a un puñado de hombres, Salvador
Allende escucha las noticias. Los militares se han apoderado de todo el
país. Allende se pone un casco y prepara su fusil. Resuena el estruendo de
las primeras bombas. El presidente habla por radio, por última vez:
-yo no vaya renunciar"...
Por valija diplomática llegan los verdes
billetes que financian huelgas y sabotajes y cataratas de mentiras. Los
empresarios paralizan a Chile y le niegan alimentos. No hay más mercado
que el mercado negro. Largas colas hace la gente en busca de un paquete de
cigarrillos o un kilo de azúcar, conseguir carne o aceite requiere un
milagro de la Virgen María Santísima. La Democracia Cristiana y el diario
"El Mercurio" dicen pestes del gobierno y exigen a gritos el cuartelazo
redentor, que ya es hora de acabar con esta tiranía roja; les hacen eco
otros diarios y revistas y radios y canales de televisión. Al gobierno le
cuesta moverse; jueces y parlamentarios le ponen palos en las ruedas,
mientras conspiran en los cuarteles los jefes militares que Allende cree
leales.
En estos tiempos difíciles, los
trabajadores están descubriendo los secretos de la economía. Están
aprendiendo que no es imposible producir sin patrones, no abastecerse sin
mercaderes. Pero la multitud obrera marcha sin armas, vacías las manos,
por este camino de su libertad.
Desde el horizonte vienen unos cuantos
buques de guerra de los Estados Unidos, y se exhiben ante las costas
chilenas. Y el golpe militar, tan anunciado, ocurre.
Santiago de Chile Allende
Le gusta la buena vida. Varias veces ha
dicho que no tiene pasta de apóstol ni condiciones para mártir. Pero
también ha dicho que vale la pena morir por todo aquello sin lo cual no
vale la pena vivir.
Los generales alzados le exigen la
renuncia. Le ofrecen un avión para que se vaya de Chile. Le advierten que
el palacio presidencial será bombardeado por tierra y aire.
Junto a un puñado de hombres, Salvador
Allende escucha las noticias. Los militares se han apoderado de todo el
país. Allende se pone un casco y prepara su fusil. Resuena el estruendo de
las primeras bombas. El presidente habla por radio, por última vez:
-yo no voy a
renunciar...
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