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Debate Abierto
10 de noviembre de 1970 - Santiago de
Chile
Ha ordenado la CIA a dos de sus agentes.
Sólo sirven para ocultar pistolas automáticas esas cámaras de televisión
que hacen como que filman, muy atareadas, la visita de Fidel Castro a
Santiago de Chile. Los agentes enfocan a Fidel, lo tienen en el centro de
la mira, pero ninguno dispara.
Hace ya muchos años que los
especialistas de la División de Servicios Técnicos de la CIA vienen
imaginando atentados contra Fidel. Han gastado fortunas. Han probado con
cápsulas de cianuro en el batido de chocolate y con ciertas infalibles
pildoritas que se disuelven en la cerveza o el ron y fulminan sin que la
autopsia las delate. También lo han intentado con bazukas y fusiles de
mira telescópica y con una bomba de plástico, de 30 kilos, que un agente
debía ubicar en la alcantarilla, bajo la tribuna. Y han usado cigarros
envenenados.
Prepararon para Fidel un habano
especial, que mata apenas toca los labios. Como no funcionó, probaron con
otro habano que provoca mareos y aflauta la voz. Ya que no conseguían
matarlo, trataron de matarle, por lo menos, el prestigio: intentaron
rociarle el micrófono con un polvo que en pleno discurso provoca una
irresistible tendencia al disparate y hasta le prepararon una pócima
depilatoria, para que se le cayera la barba y quedara desnudo ante la
multitud.
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