san salvador:
dictador se busca
Debate Abierto
Jacobo
Arbenz, acusado de conspiración comunista, no se inspira en Lenin sino en
Abraham Líncoln. Su reforma
agraria, que se propone modernizar el capitalismo en Guatemala, es más moderada
que las leyes rurales norteamericanas de hace casi un siglo.
El general guatemalteco Miguel Ydígoras
Fuentes, distinguido matador de indios, vive en el exilio desde la caída del
dictador Ubico. Walter Turnbull viene a San Salvador para plantearle un negocio.
Turnbull, representante de la United Fruit y de la CIA, le propone que se haga
cargo de Guatemala. Se le prestará el dinero necesario para tomar el poder, si
se compromete a destruir los sindicatos, restituir a la United Fruit sus tierras
y privilegios y devolver hasta el último centavo de este préstamo en un plazo
razonable. Ydígoras pide tiempo para pensarlo, aunque desde ya adelanta que las
condiciones le parecen abusivas.
En un santiamén se riega la noticia. Unos
cuantos guatemaltecos exiliados, militares y civiles, vuelan a Washington a
ofrecer sus servicios, y otros corren a golpear a las puertas de las embajadas
de los Estados Unidos. José Luís Arena, presunto amigo del vicepresidente Nixon,
asegura que volteará al presidente Arbenz doscientos mil dólares. El general
Federico Ponce dice que dispone de un ejército de diez mil hombres listos para
asaltar el Palacio Nacional: anuncia un precio módico, aunque prefiere no hablar
de cifras todavía. Sólo pide un pequeño adelanto...
Un cáncer de garganta suprime al candidato
preferido de la United Fruit, Juan Córdova Cerna. En su lecho de agonía, el
doctor Córdova ronca el nombre de su recomendado, el coronel Carlos Castillo
Armas, formado en Fort Leavenworth, Kansas, hombre barato, obediente y burro.
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