bahía de
cochinos a contraviento
Debate Abierto
Abril 17, 1961
A contrapelo, siempre de ida, nunca de
vuelta, la revolución cubana continúa escandalosamente viva a no más de
ocho minutos de vuelo de Miami.
Para acabar con la insolencia, la CIA
lanza una invasión desde Estados Unidos, Guatemala y Nicaragua. Somoza II
despide en el muelle a los expedicionarios. El Ejército Cubano de
Liberación, que la CIA ha fabricado y puesto en funcionamiento, está
formado por militares y policías de la dictadura de Batista y por los
desalojados herederos de las plantaciones de azúcar, los bancos, los
diarios, los garitos, los burdeles y los partidos políticos.
-¡Tráiganme un par de pelos de
la barba de Castro! les encarga Somoza.
Aviones de los Estados Unidos entran en
el cielo de Cuba. Están camuflados. Llevan pintada la estrella de la
Fuerza Aérea Cubana. Los aviones ametrallan, volando bajo, al pueblo que
los saluda, y descargan bombas sobre las ciudades. Tras el bombardeo, que
prepara el terreno, los invasores desembarcan en los pantanos de la Bahía
de Cochinos. Mientras tanto, el presidente Kennedy juega golf en
Virginia.
Kennedy ha dado la orden, pero había
sido Eisenhower quien había puesto en marcha el plan de invasión.
Eisenhower había dado su visto bueno a la invasión de Cuba en el mismo
escritorio donde antes había aprobado la invasión de Guatemala. El jefe de
la CIA, Allen Dulles, le aseguró que acabaría con Fidel Castro como había
acabado con Arbenz. Sería cosa de un par de semanas, días más, días menos,
y el mismo equipo de la CIA se haría cargo del asunto: los mismos hombres,
desde las mismas bases. El desembarco de los libertadores desencadenaría
la insurrección popular en la isla sometida a la tiranía roja. Los espías
norteamericanos sabían que el pueblo de Cuba, harto de hacer colas, no
esperaba más que la señal de alzarse.
Playa Girón La segunda derrota militar
de los Estados Unidos en América Latina
En tres días acaba Cuba con los
invasores. Entre los muertos hay cuatro pilotos norteamericanos. Los siete
buques, escoltados por la Marina de Guerra de los Estados Unidos, huyen o
se hunden en la bahía de los Cochinos.
El presidente Kennedy asume la total
responsabilidad por este fiasco de la CIA.
La CIA creyó como siempre, en los
informes de sus picaros espías locales, que cobran por decir lo que gusta
escuchar, y, como siempre, confundió la geografía con un mapa militar
ajeno a la gente y a la historia. Las ciénagas que la CIA eligió para el
desembarco habían sido el lugar más miserable de toda Cuba, un reino de
cocodrilos y mosquitos, hasta que la revolución llegó. Entonces el
entusiasmo humano transformó estos lodazales, fundando en ellos escuelas,
hospitales y caminos. La gente de aquí fue la primera en poner el pecho a
las balas, contra los invasores que venían a salvarla.
La Habana Retrato del pasado
Los invasores, parásitos y verdugos,
jóvenes millonarios, veteranos de mil crímenes, responden a las preguntas
de los periodistas. Nadie asume la responsabilidad de Playa Girón ni de
nada; todos eran cocineros en la expedición.
Ramón Calviño, célebre torturador de los
tiempos de Batista, sufre amnesia total ante las mujeres por él golpeadas
y pateadas y violadas, que lo reconocen y lo increpan. El padre Ismael de
Lugo, capellán de la brigada de asalto, busca amparo bajo el manto de la
Virgen. El había peleado del lado de Franco en la guerra española, por
consejo de la Virgen, y ahora ha invadido Cuba para que la Virgen no sufra
más contemplando tanto comunismo. El padre Lugo invoca una Virgen
empresaria, dueña de algún banco o plantación nacionalizada, que piensa y
siente como los otros mil doscientos prisioneros: el derecho es el derecho
de propiedad y de herencia; la libertad, libertad de empresa. La sociedad
modelo, una sociedad anónima. La democracia ejemplar, una asamblea de
accionistas.
Todos los invasores han sido educados en
la ética de la impunidad. Nadie reconoce haber matado a nadie. Y al fin y
al cabo, tampoco la miseria firma sus crímenes. Algunos periodistas les
preguntan sobre las injusticias sociales, pero ellos se lavan las manos,
el sistema se lava las manos: los niños que en toda América Latina mueren
a poco de nacer, mueren de gastroenteritis, no de capitalismo.
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