R.Regalado y F. Gil
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América latina: crisis del neoliberalismo

y nueva etapa de lucha para los pueblos 

 

Roberto Regalado Álvarez y

Felipe Gil Chamizo 

Los avances científicos y técnicos del presente siglo generan nuevas capacidades para enfrentar los grandes problemas mundiales. No obstante, la ciencia y la técnica son instrumentos cuya utilización depende de la lógica social en que están inmersos: pueden solucionar el déficit alimentario de pueblos enteros o provocar la destrucción de «excedentes»; preservar el entorno eco lógico o devastar lo; cerrar la brecha entre ricos y pobres o agrandarla, así como ser utilizados en función de la paz y el desarrollo o aumentar la intervención militar, el sojuzgamiento, la dominación y el poder de aniquilar a la humanidad. 

En el mundo actual, ningún proyecto político, económico y social puede soslayar las transformaciones operadas en la ciencia y la técnica, ni sus connotaciones en las más diversas esferas. Este proceso contribuyó al menos hasta el presente al afianzamiento de un fenómeno dominante de signo negativo: la utilización de sus potencialidades en beneficio de las élites super privilegiadas principalmente del llamado Primer Mundo y en detrimento de la inmensa mayoría de las naciones y seres humanos. 

Durante las últimas décadas, los avances tecnológicos experimentados por las potencias occidentales facilitaron cambios cualitativos en la transnacionalización del capital, así como contribuyeron al surgimiento de la actual división internacional del trabajo y los mercados, a la que muchos aluden como «globalización>. Diversos autores llegan a afirmar que el imperialismo entró en una «nueva fase» o que surgió un «nuevo imperialismo», asociado a la imposición a escala global del modelo neo liberal. Aunque para evaluar tales definiciones se requerirían estudios más profundos, lo cierto es que estos procesos conducen a la imposición de un modelo emergente de acumulación de capital y la introducción de modificaciones en el sistema de dominación mundial, que combina resortes ideológicos, políticos, económicos, militares y culturales. 

Los cambios ocurridos en la economía y en la correlación mundial de fuerzas traen como resultado cambios en la configuración estratégica: si bien desde el punto de vista económico el mundo actual está integrado por grandes bloques dominantes que compiten entre sí, en el plano militar conforman un solo polo, bajo la hegemonía de Estados Unidos. En este esquema de dominación se destaca la supremacía del capital financiero sobre el capital productivo, la reestructuración de las relaciones entre las grandes potencias y de éstas con los países no desarrollados y, la institucionalización de la injerencia y el intervencionismo a escala global, a través del control político, económico y militar ejercido por las naciones industrializadas en los organismos internacionales (ONU, FMI, Banco Mundial y otras).  

El neo liberalismo es la doctrina que se corresponde con la implantación del nuevo patrón de acumulación y modelo de dominación capitalista, la cual impone a los países no desarrollados:  

  • El concepto de soberanía limitada y la ampliación de los mecanismos supranacionales coercitivos, para aumentar y facilitar la injerencia e intervención, con vistas a acrecentar su subordinación a los intereses de las grandes potencias industriales y sus compañías transnacionales.

 

  • La desregulación de la economía y la apertura indiscriminada al comercio y las inversiones que conducen a la desprotección del mercado interno- conjuntamente con el otorgamiento de privilegios para la acumulación, así como la aplicación de una política activa de reducción de los costos de la mano de obra.

 

  • La reestructuración del Estado y la redefinición de sus relaciones con el mercado, en función de lograr mayor subordinación de lo público a lo privado, de lo político a lo económico y del Estado al mercado, que permita una transferencia de la riqueza favorable a la concentración del capital en los sectores transnacionalizados "de vanguardia".

 

  • La pretensión de afianzar un modelo de «control social» que garantice la acumulación y concentración de capitales, mediante la implantación de «democracias neoliberales», en las cuales se acentúa la disociación entre el «poder real» y las instituciones políticas que supuestamente lo ejercen, las que deben funcionar dentro de parámetros que no admiten cuestionamiento al dogma y,

  • Una versión de democracia y derechos humanos que limita las libertades políticas al ejercicio del voto en elecciones que no interfieran con el ajuste, al tiempo que considera a los derechos económicos y sociales como «obstáculos» para la reducción de los costos de la mano de obra y la concentración del capital.

En este entorno, uno de los elementos determinantes en la ubicación de América Latina dentro del proceso de conformación de la nueva división internacional del trabajo y los mercados, así como del sistema de dominación mundial que sustituye al de la Post Guerra, es su cercanía geográfica con Estados Unidos, país que considera a la región como espacio natural para la conformación de un bloque económico, político y militar bajo su hegemonía.

Estados Unidos junto a Gran Bretaña fue uno de los pioneros en la implantación y promoción mundial del neo liberalismo, modelo concebido para revertir la pérdida de competitividad y preservar la condición de principal potencia imperialista, erosionada por los irracionales gastos militares y las deformaciones derivadas del privilegio de contar con el patrón dólar como base del sistema de Bretton Woods, que le permitió traspasar al resto del mundo los costos, no sólo de su inflacionaria industria bélica, sino también de niveles desproporcionados de consumo, elementos que contribuyeron a rezago tecnológico de ese país en numerosas ramas y relativizaron su supremacía ante el resto de las naciones capitalistas. 

El cambio en la correlación estratégica mundial y la consolidación del nuevo esquema de dominación global contribuyeron a neutralizar los puntos de fricción que afectaron las relaciones entre Estados Unidos y América Latina en la pasada década -el conflicto centroamericano y la deuda externa-o Durante la administración de Ronald Reagan se establecieron las bases de una política hemisférica bipartidista fundada en las líneas generales esbozadas en los documentos de Santa Fe que conllevan a la rearticulación del sistema de relaciones interamericanas. 

En tal sentido, el segundo mandato de William Clinton apunta a contener el aumento de la penetración comercial e inversionista de la Unión Europea y los países de la Cuenca del Pacífico en América Latina y el Caribe; impulsar la creación de la Zona Hemisférica de Libre Comercio; acelerar la consolida del sistema de dominación hemisférica, dirigido a reforzar el compromiso de las élites con los ajustes neoliberales; afianzar el modelo de democracia representativa limitada y dependiente; controlar los excesos desestabilizadores de la política económica anti popular; profundizar y diversificar las presiones y agresiones destinadas a intentar la destrucción de la Revolución Cubana y, evitar el eventual desencadenamiento de procesos revolucionarios. 

Sin embargo, cuando el fin de la «Guerra Fría» y los «éxitos» en la «pacificación» del sub continente, hacían a Estados Unidos prever un entorno hemisférico «tranquilo», el agravamiento de la crisis de la región tiene un profundo efecto desestabilizador, que dista de ser el escenario concebido para el afianzamiento de su esquema de dominación. 

El panorama latinoamericano se caracteriza por el descrédito de las instituciones ejecutivas, legislativas y represivas; el aumento de las contradicciones dentro de los partidos y corrientes políticas, que conducen a su fraccionamiento; la desconfianza creciente en los sistemas y procesos electorales; el desgaste acelerado de gobernantes recién electos; el incremento del abstencionismo; la proliferación de escándalos por corrupción; la extensión de la 'producción y tráfico de narcóticos, el agravamiento de la delincuencia y la violencia institucionalizada; la marginación de amplios sectores sociales; la generalización de la demagogia como recurso para capitalizar la ilustración y la desesperación de la población y, otros fenómenos que conducen a lo que algunos definen como «crisis de gobernabilidad»- Esta crisis repercute en el auge de los movimientos sociales y populares, así como en el incremento sin precedentes del rechazo al fraude y a la corrupción, en muchas ocasiones sin conducción política partidista. 

El ajuste neo liberal se aplica en América Latina desde la década de los ochenta, con variables de gradualidad que oscilan entre las fórmulas ortodoxas de «shock» y las heterodoxas más graduales, de acuerdo a las peculiaridades de cada país y subregión. No obstante, en ambos casos los objetivos y resultados son los mismos: favorecer la acumulación del capital financiero internacional y los grupos locales subordinados, mediante una transferencia de recursos que agrava las contradicciones económicas, políticas y sociales, así como acentúa la brecha entre el crecimiento de los capitales de «vanguardia»y el rezago del resto de los sectores productivos. 

Independientemente de los ritmos y efectos secundarios en cada nación, en diversos sectores se fortalece la comprensión de que el neoliberalismo no es una estrategia de desarrollo para la región, sino que constituye un esquema funcional a los intereses estratégicos de las grandes potencias, que perpetúa y agudiza el subdesarrollo e impone un patrón de acumulación altamente concentradora y excluyente. 

América Latina fue invadida por el neo liberalismo como consecuencia de factores externos e internos. En lo externo, resalta la presión de las naciones industrializadas para promover la apertura unilateral al comercio e inversiones, los ajustes estructurales y las políticas de estabilización, mediante una avalancha ideológica y política, el chantaje en la renegociación de la deuda externa y la falsa promesa de acceso a mercados, capitales y tecnología. En lo interno, se destaca la necesidad de sustituir al caduco modelo «desarrollista»que funcionaba en la región, por lo que sectores de las élites locales aceptaron gustosos la nueva asociación subordinada con el capital transnacional.

El neoliberalismo en los años ochenta usurpó colosales recursos financieros que, sumados a la fuga de capitales, al intercambio desigual y a la fraudulentas operaciones comerciales, sobrepasan la cifra de los $600 mil millones. La deuda externa se incrementó a tal punto que asfixió financieramente a las naciones, cercenó su ahorro interno, sustrajo enormes recursos de la inversión productiva y el desarrollo económico, sirvió para que el capital financiero internacional se apoderara de bienes productivos estratégicos y de los principales recursos naturales de la región, promovió la especulación financiera, concentró más aún la propiedad y el ingreso en manos de corporaciones extranjeras, produjo una mayor desindustrialización y generó quiebras masivas de empresas nacionales, al mismo tiempo que agudizó la recesión, potenció la inflación, incrementó el desempleo y agudizó la pobreza. 

En los años noventa, bajo pretexto de la lucha contra la inflación y en favor de la estabilización, el neoliberalismo amplió la desregulación y liberalización económica unilateral, sobrevaloró artificialmente las monedas nacionales, vulneró la soberanía monetaria de muchos países -al imponerles paridades con el dólar artificialmente elevadas, continuó la expulsión del Estado del sector social de la economía, sacrificó la educación y la salud, hipertrofió las importaciones que agudizaron las quiebras y la desindustrialización, agravó el carácter primario exportador de la región, incrementó el déficit comercial y en cuentas corrientes lo cual repercutió en un incremento ulterior de la deuda externa e interna, tanto pública como privada y aplicó una política artificial de crecimiento, subsidiada por los carriles especulativos del capital «golondrina» internacional, que inauguró un nuevo ciclo de especulación financiera, consolidó el poderío transnacional en el subcontinente y ahondó aún más el desempleo, la pobreza y la marginalidad. 

El comportamiento de los indicadores macroeconómicos en el neoliberalismo responde a una mayor concentración de capitales en los sectores «de punta», mediante el otorgamiento de subsidios, exenciones, privilegios y transferencia de fondos a ciertas industrias exportadoras. En virtud de este fenómeno que agudiza la desprotección y descapitalización del mercado interno, el resto de la nación, la economía y la sociedad se desangran aceleradamente, abandonados en un entorno cada vez más hostil y discriminatorio. Se agudiza el «dualismo» y la «desconexión» entre el avance de los sectores priorizados y el retroceso de los demás. Por este motivo, el crecimiento del Producto Interno Bruto (PIB) registrado en la actual década con tasas, según la CEPAL, de 3,5% en el 91, 2,4% en el 92, 3,3% en el 93, 3,7% en el 94, 0,6% en el95 y 3,5% en el 96-, no repercute en desarrollo económico y social, sino que aumenta la brecha entre los ricos -que se benefician de este crecimiento- y los excluidos cuyas condiciones de vida se depauperan.  

El crecimiento económico es una condición necesaria, pero insuficiente para el desarrollo. La «reinserción» de la región en el mercado mundial, instaura un modo de producción y consumo cada vez más excluyente, en el cual los éxitos relativos en la macroeconomía se asientan sobre el deterioro vertiginoso del desarrollo económico y social

En la esfera socio­económica, el incre­mento de la acumula­ción y concentración de capitales se realiza a tra­vés de la reducción del costo de la mano de obra, provocada por el crecimiento del desem­pleo y el sub-empleo, la desregulación laboral y la disminución sustan­cial de los programas sociales. 

Según la CEPAL, el empleo en los siete países de los que se disponía de información descendió de 54% en 1995 a 53,5% en el primer semestre de 1996. La desocupación urbana de 7,7% (7,3% en 1995) es la más alta de la década. Esta fuente afirma que: «persisten los indicios de una creciente precariedad de las condiciones de trabajo, al reducirse el número de personas con contrato laboral y expandirse las categorías informales en Brasil, al tiempo que en Argentina se incrementaba la contratación por plazos fijos. Se incrementa el sector informal y la cantidad de trabajadores que perciben remuneraciones por debajo del salario mínimo legal. Los salarios del sector formal crecieron sólo en Brasil y Chile, aunque en el caso brasileño se presentó un comportamiento desigual, pues aumentaron en Río de Janeiro, pero descendieron en Sao Paulo. En Argentina, Colombia y Uruguay no hubo variaciones en relación con los valores previos, mientras que en Bolivia, México y Perú se observó una reducción. En México los salarios industriales decrecieron en 14% respecto al año anterior. 

Carlos Vilas demuestra como el aumento del desempleo, la precarización de las condiciones de trabajo y la extensión del sector informal redundan en el deterioro de los salarios reales y estimulan la competencia por el acceso al mercado laboral, al mismo tiempo que la concentración de capitales también se realiza a expensa de los programas de desarrollo social salud, educación, vivienda y otros, que en el esquema anterior eran considerados como «externalidades» para la reproducción y calificación de una mano de obra que ya no interesa, salvo en el entorno de las industrias «de punta». Dentro del modelo, la política dirige los exiguos gastos a la franja de «pobreza extrema», con el objetivo de prevenir conflictos que hagan peligrar el modelo. 

Vilas añade que la privatización de los servicios sociales los convierte en mercancías y este hecho contribuye a una mayor erosión del poder adquisitivo del conjunto de la sociedad, al tener que asumir gastos que antes eran sufragados por un erario público que ahora prioriza otros fines. Los sectores más golpeados son precisamente aquellos ubicados por encima de esa línea, quienes a su vez sufren mayormente el desempleo y la precarización de las condiciones de trabajo. Paralelamente, la reducción del nivel de ingresos del conjunto de la sociedad provoca una disminución de la captación fiscal, que repercute en mayores déficits presupuestarios. Las políticas neoliberales tratan de cerrar esta brecha con el aumento de los impuestos regresivos, que hacen recaer el peso de la contribución precisamente sobre aquellos sectores a los cuales el Estado brinda cada vez menos servicios. 

La actual crisis política en América Latina es el resultado del agravamiento simultáneo de dos tipos de contradicciones, que rebasan las posibilidades de conciliación y cooptación de los mecanismos institucionales vigentes dentro del sistema: las derivadas de los cambios en la correlación de fuerzas entre los grupos económicos y políticos dominantes y, las provocadas por el aumento de la polarización, exclusión y marginación económica y social de crecientes sectores de la población. 

Los ajustes neoliberales son la expresión de una aguda lucha entre las élites, de la que emergen como triunfadores los sectores exportadores asociados al capital transnacional, que desplazaron del control del Estado a los orientados al mercado interno, así como a la mediana y la pequeña empresa; mientras que el incremento del desempleo, combinado con la reducción de los salarios reales y los programas sociales, coloca en crisis al sistema corporativista, prebendatario y clientelar utilizado por las «burguesías nacionales» para el control y la cooptación de los grupos subordinados, entre los cuales se redistribuía una parte de la riqueza a cambio de su lealtad al sistema, en lo general, y a un determinado partido, en lo especifico. 

Tras más de una década de políticas neo liberales en la región, resulta evidente el carácter fraudulento de su única promesa para la sociedad: la de prosperidad integral, que se deriva del  «efecto de derrame» de un eventual crecimiento económico generado por la mayor concentración de la riqueza, el cual según la teoría debería incrementar el ahorro interno, estimular las inversiones, generar empleos y elevar los ingresos del conjunto de la sociedad. La primarización y terciarización de la economía, que desmonta la planta industrial construida durante el desarrollismo y las conquistas sociales alcanzadas por las luchas populares, provoca el tensionamiento y la fractura de la institucionalidad, así como de las mediaciones políticas que funcionaron durante décadas. 

Como expresión de la preocupación de las élites dominantes por el agravamiento de la situación del subcontinente, proliferan diversas iniciativas para el diseño de un modelo de control social capaz de neutralizar los efectos de la crisis socioeconómica, algunas de las cuales preconizan el mantenimiento del patrón de acumulación neo liberal, mientras que otras pretenden encontrarle alternativas dentro del sistema. La magnitud y gravedad del problema condujo a que los propios mandatarios decidieran dedicar la VI Cumbre Iberoamericana al tema de la «gobernabilidad». 

Dentro de este contexto, la izquierda latinoamericana está ante una situación cualitativamente distinta, tanto en lo que respecta al entorno mundial y regional, como a las mutaciones provocadas por el neo liberalismo en el seno de las propias sociedades en las cuales desarrolla sus luchas. Se trata de la búsqueda teórica y práctica en condiciones en las que surgen nuevos retos, pero también nuevas posibilidades. 

La izquierda y el movimiento popular se encuentran en la transición de una etapa de luchas -que se cerró con el fin de la bipolaridad- a otra, caracterizada por la modificación de las modalidades de la dominación imperialista mundial y la fragmentación nacional y social. Este último fenómeno, que contiene un germen de profundas transformaciones porque provoca la destrucción de las bases tradicionales del capitalismo dependiente, también debilita y dispersa a los sujetos sociales hacia los cuales la izquierda orientó su trabajo históricamente, así como relativiza la eficacia de muchas nociones y prácticas previas de acumulación de fuerzas. 

La desaparición del campo socialista coloca en una nueva perspectiva a las luchas por el poder, al eliminar a uno de los elementos de la estrategia de defensa, consolidación y desarrollo de los gobiernos revolucionarios surgidos de las luchas de liberación nacional después de la Post Guerra: el apoyo externo para enfrentar las agresiones imperialistas y la contrarrevolución interna. En la nueva etapa, los proyectos populares tienen que ser concebidos a partir de la conformación de un sujeto social revolucionario capaz de conquistar el poder, defenderlo y desarrollarlo con medios propios, así como en la refundación y revitalización del internacionalismo y la solidaridad. 

Las diversas corrientes de la izquierda están inmersas en un proceso de reestructuración organizativa, redefiniciones pro gramáticas y reagrupamientos internos. Este proceso está en una transición de la fase de desorientación identificable por el énfasis en los balances críticos del «socialismo real» y las autocríticas desde diferentes perspectivas a otra de recuperación en que comienzan a concentrarse los esfuerzos en la elaboración de programas políticos, económicos y sociales alternativos al neo liberalismo, así como en la conformación de nuevas políticas de alianzas. La lucha de la izquierda necesita asentarse en un programa de desarrollo sostenible y en una amplia política de alianzas de todos excluidos por el modelo, con una clara hegemonía popular. 

La izquierda latinoamericana ocupa en la actualidad espacios sin precedentes en los gobiernos y legislaturas nacionales, así como en las gobernaturas y municipalidades de numerosos países. Sin embargo, pero carece de peso institucional para enfrentar con éxito al neoliberalismo. Los partidos de izquierda sufren la crisis que actualmente afecta a las mediaciones políticas de todos los signos ideológicos, agravada en su caso por las condiciones discriminadas en las que participa en la lucha política dentro de un sistema que fue concebido para negarle el acceso al poder. 

La naturaleza del sistema burgués tiende a colocar a la izquierda en una contradicción entre su política institucional y la de acumulación social. En determinadas circunstancias, la postergación de las reivindicaciones más apremiantes de los sectores populares -y la renuncia a los objetivos transformadores pueden facilitar el acceso a mayores espacios institucionales, pero inevitablemente genera descontento, desconfianza y desacumulación entre sus bases. 

Frente a la globalización neo liberal es necesario reconstruir la unidad de la nación y desarrollar una nueva noción de internacionalismo de los pueblos. El programa de lucha de la izquierda necesita establecer una adecuada interrelación entre las tareas que pueden ser abordadas en una perspectiva inmediata y la solución a los problemas que requieren del ejercicio del poder, ambos encaminados al fortalecimiento de la independencia, la soberanía y la autodeterminación; la reestructuración y fortalecimiento del Estado y del área social de la economía; la promoción del desarrollo económico, social y humano, con democracia, equidad y justicia y, el establecimiento de la unidad e integración latinoamericana y caribeña, como necesidad para afianzar las políticas de desarrollo nacional y de potenciar la capacidad negociadora para replantear la ubicación del subcontinente dentro de la nueva división internacional del trabajo y los mercados. Dentro de este proyecto, la democracia es un concepto integral, político, económico y social, que presupone una vinculación estrecha entre participación y representación. 

En esta coyuntura, el principal aporte de la Revolución Cubana es que destruye el mito de que, en la actual situación mundial, resulta imposible que una nación adopte políticas propias e independientes. A pesar del bloqueo de los Estados Unidos, agravado por las leyes Torricelli y Helms-Burton, Cuba es un participante activo en la redefinición de su lugar en la nueva división internacional del trabajo y comenzó una paulatina pero sólida recuperación, basada en el fortalecimiento constante de la unidad nacional, así como en un partido Y un proyecto propio de construcción del socialismo, que incluye la defensa de la soberanía y la independencia; búsqueda de eficiencia económica; generación de capacidades científicas y técnicas y, estimulo a la solidaridad y cooperación humanas, que le permiten mantener al desarrollo social, con justicia y equidad, como su primera prioridad. 

A pesar de las complejidades impuestas por las nuevas condiciones mundiales, regionales y nacionales, desde el punto de vista de las luchas populares, la tendencia a la fragmentación de la clase obrera y el reflujo coyuntural de algunas organizaciones populares tradicionales, se compensa con el surgimiento de los «nuevos actores sociales» los «sin tierra», los «sin techo», indígenas, movimientos femeninos, ecologistas, cristianos de base y otros-, que tienen reivindicaciones particulares, pero cuya característica común es ser víctima del capitalismo y participantes potenciales del proyecto alternativo. La izquierda se encuentra ante la tarea de elaborar el programa y articular la política de alianzas que permitan aglutinar y catalizar el potencial disperso de los sectores populares, por una parte, y de combinar las luchas por la democracia con la acumulación de la fuerza y la unidad necesarios para realizar las profundas transformaciones que demanda la región.

Estamos convencidos de que, en perspectiva, sólo el desafió y aplicación de proyectos de construcción socialista pueden llevar a cabo tales transformaciones. 

En el discurso de clausura del IV Encuentro del Foro de Sao Paulo, el compañero Fidel Castro dijo:

« Hoy en la América Latina la batalla prioritaria es derrotar al neoliberalismo, porque si no derrotamos al neoliberalismo desapareceremos como Estados independientes, y vamos a ser más colonias de lo que nunca fueron los países del Tercer Mundo (..) Derrotar el neoliberalismo sería crear una esperanza para el futuro, preservar condiciones para seguir adelantando, porque el límite de nuestro progreso estará en el capitalismo, y no habría progreso humano si éste no se propone rebasar las fronteras del capitalismo, pero eso será tarea de otros momentos, no diría que tarea de otras generaciones». 

Con la marginación y exclusión de que son objeto crecientes sectores nacionales, se crean las condiciones para la articulación de alianzas a favor de políticas alternativas al neoliberalismo, pero tienen que estar fundadas en una proyección estratégica de defensa de los intereses populares. Los avances dentro de la institucionalidad sólo tienen sentido como parte de un proceso integral de acumulación que permita construir un poder real, no sólo gubernamental, sino participativo y movilizativo. 

Ante las evidentes señales de crisis del neo liberalismo en América Latina, se abre para los pueblos una nueva etapa de luchas, en la que la izquierda necesita establecer una estrecha interrelación entre sus programas (elaborados en función de objetivos de corto, mediano y largo plazo) y su política de alianzas. Sin embargo, esta ecuación, tienen que ser los objetivos los que determinen las alianzas; no las alianzas las que desnaturalicen a los objetivos.

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Debate Abierto: revista venezolana para la reflexión y discusión. Director responsable y fundador: Carolus Wimmer
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