LUCHADORES DE
UN MUNDO NUEVO
Frei Betto

En nombre de todos los que integramos el
Consejo de Redacción de América Libre espero que estos días de reflexión,
de profundizar nuestras experiencias, como trabajadores, como jóvenes,
como mujeres, como movimientos populares, de derechos humanos, de
educación popular, sirvan para reforzar también nuestras esperanzas,
nuestras luchas, nuestras utopías.
Quería abrir este artículo con una buena
noticia, una noticia evangélica, porque el Evangelio significa buena
noticia. En la reunión del Consejo de Redacción de América Libre, se ha
aprobado la propuesta de que vamos a seguir en la pequeña pero promisoria
tradición de organizar cada año en Argentina, un seminario sobre las
perspectivas de liberación en América Latina y el Caribe. Pero con una
diferencia: en octubre de 1997 haremos en Rosario un Encuentro
Internacional Ernesto Che Guevara, para conmemorar los 30 años del Che.
Decidimos también dedicar el año 1997, como "Año Ernesto Che Guevara".
Quiero compartir con ustedes algunas
ideas, algunas preocupaciones, dentro del tema de la crisis del
neoliberalismo y la vigencia de las utopías.
Todos sabemos que el neoliberalismo es
una nueva fase del capitalismo. Nosotros sentimos en nuestras vidas, en la
piel, en el bolsillo, cuál es la diferencia entre el capitalismo liberal y
el capitalismo neolioliberal. Pequeñas pero significativas diferencias.
Porque antes el capitalismo hablaba de desarrollo. Y había una esperanza
de que mucha gente fuera a ser beneficiada por ese desarrollo. Por
ejemplo, en los años 60 la Alianza para el Progreso era un esfuerzo de
preocupación por el bienestar de toda la población de América Latina. Hoy
el neoliberalismo no habla de desarrollo. Habla de modernización. Y
modernización no incluye a la mayoría de la gente. Modernización es este
proceso creciente en que las inversiones no se hacen teniendo en vista las
necesidades del pueblo, sino teniendo en vista la tecnología de punta.
En el liberalismo se hablaba de
marginalización. Una persona que está marginada en una iglesia, en una
escuela, tiene la esperanza de volver al centro. Ahora no, ahora se habla
de exclusión. Y uno que está excluido no tiene más como volver al centro.
El neoliberalismo es la canonización de la exclusión. Quizás la frase más
perversa que yo he leído, en estos últimos años, ha sido la de un
economista norteamericano, Paul Samuelson, en la revista Newsweek, que ha
afirmado lo siguiente: "la guerra contra la pobreza terminó, y los pobres
la perdieron". O sea, no hay nada qué hacer. No hay qué preocuparse por
los pobres. El mecanismo de producción de excluidos no es un problema para
el neo liberalismo, es un fruto necesario, previsto, para facilitar la
acumulación del capital.
En el neoliberalismo se hablaba de
producción, hoy se habla de especulación. El dinero no existe para
producir, existe para reproducirse. Hoy por las computadoras han pasado
30.000 millones de dólares de la bolsa de Buenos Aires de San Pablo a
Tokio, de Tokio a Londres, de Londres a Nueva York, en búsqueda de mejores
inversiones.
Y si esas inversiones quitan 1.000
millones de dólares, de cinco, seis países de África, no tiene ninguna
importancia. Pero si un muchacho responsable por esas inversiones comete
un pequeño error en Singapur, y un Banco pierde 1.000 millones de dólares,
tiene que ir preso como un criminal. Porque el sistema no admite errores.
Admite muertes, pero los errores, cuando se trata de acumular capital, son
inadmisibles.
Hablando de trabajo. Hoy no importa si
tú tienes o no un trabajo. En el pasado nosotros teníamos orgullo de
nuestros padres. Y decíamos: "mi padre ha educado a su familia, siendo
empleado de los correos, mi madre "ha sido maestra". El trabajo era un
factor de identidad social. Hoy no. Hoy quien tiene un trabajo, es una
persona de mucha suerte. La vocación es un lujo. No importa si tú tienes
vocación para ser un Van Gogh o un Mozart. Debes agradecer a Dios si
consigues un trabajo que ni siquiera alcanza para vivir.
Hoy no se habla de trabajo, se habla de
mercado. Vivimos en la idolatría del mercado. El mercado es un nuevo Dios,
omnisciente, omnipotente, globalizado. La diferencia es que muy pocos se
encuentran en el mercado. El mercado existe para aquellos privilegiados
que tienen acceso a los bienes de consumo. Hay por lo menos 600 millones
de personas en la Tierra fuera del mercado. En Brasil, por ejemplo, las
agencias de publicidad trabajan para 40 millones de consumidores.
Ocurre que Brasil tiene 155 millones de
habitantes. Lo que significa que hay más de 100 millones de personas fuera
del mercado.
Se ha hablado antes de valores. Hoy se
habla de éxito. No importa si para el éxito todos los valores son
sacrificados. Se hablaba antes de cultura. Hoy tú pasas una semana mirando
la televisión, y solamente ves entretenimiento. Lo que llamo "miamización"
de la cultura latinoamericana. Miami es la capital de la neo inteligencia
latinoamericana. Y somos todos invitados como telespectadores a una
permanente imbecilización de nuestra mente y de nuestra inteligencia.
Antes el capitalismo hablaba de nación,
y de la responsabilidad social del Estado, que debía en principio asegurar
a todos la educación, la salud, la vivienda, la ocupación. Hoy se habla de
privatización. La privatización de las ~ empresas estatales, de las
empresas públicas, de las playas, de las carreteras, de los correos.
La destrucción total de la educación
pública, de la salud pública, a favor de la privatización, y lo que es
peor la privatización de nuestros valores.
La privatización es un fenómeno tan
agresivo que afecta a nuestros corazones y mentes. Está la privatización
de la fe. Iglesias en las que la gente ya no tiene que tener ninguna
preocupación social por la justicia, porque la privatización de la fe
existe para un consuelo muy individual, una relación vertical y directa
con Dios, no importa lo que pase en el mundo y está la privatización cada
vez mayor de la persona, indiferente a los valores de la solidaridad, de
la amistad, de la ternura. Cada vez somos menos solidarios, participamos
menos en las causas colectivas, creemos menos en la posibilidad de cambiar
la sociedad y el mundo.
Y gracias a la tecnología de punta
entramos hoy en la "civilización" de la virtualidad. Tenemos relaciones
virtuales en todos los niveles. Desde tu habitación, en un edificio de 50
departamentos, tú puedes tener un amigo muy íntimo en Tokio, a través de
Internet. Pero no sabes ni siquiera el nombre de tu vecino de al lado. A
través de la computadora tú puedes tener relaciones sexuales virtual es,
sin ningún compromiso, ningún riesgo de contraer Sida, y por ahí vamos a
la virtualización de las relaciones humanas. Cada vez más esas relaciones
son deificadas, son codificadas, porque vivimos en la ética contable.
Todas las cosas en el neoliberalismo tienen que tener valor económico. Por
eso los niños, y los sidosos, no tienen ninguna importancia. Importancia
tienen aquellos que pueden todavía producir para la economía. Y ¿qué
pasa?
Que en ese proceso de deificación, las
relaciones humanas se dan como relaciones mercantiles. Antes yo imprimía
valor a mi camisa, porque ese tejido me proporcionaba abrigo contra la
intemperie. Hoyes al revés. Es mi camisa, con la marca que tiene, la que
imprime valor a mi persona. Son las mercancías las que nos imprimen valor
a nosotros y uno que no está suficientemente revestido de mercancías, y de
marcas, no tiene ningún valor. Es muy distinto si yo llego a tu casa a
pie, en bicicleta, o en un mercedes benz. Son valores diferentes. Entonces
aquellos que no tienen las marcas que puedan imprimir les valor, no tienen
ningún valor. Y nosotros nos vamos dejando domesticar por esos reflejos
culturales, comportamentales, "éticos", del neo liberalismo. Nos vamos
deshumanizando en nombre de la modernización, en nombre del avance de la
tecnología, en nombre de la estabilidad de la moneda. Se desestabiliza la
nación total, pero se garantiza la estabilización de la moneda. Es la
inversión completa. Diría el Evangelio, que hay que salvar el sábado, y no
al hombre. Mientras nosotros queremos salvar al hombre, y no al sábado.
Ahí está nuestra pelea.
En este clima, viene un señor y
proclama: la historia acabó. Esta es la más peligrosa frase que se ha
pronunciado en los últimos años. La otra es la más perversa. Esta es
peligrosa porque creer que la historia acabó es creer que el capitalismo
en su versión neo liberal va a perpetuarse en la historia. Es creer que
dentro de 300 años vamos a seguir preocupados en promover en nuestra
ciudad el status. Así como en la Edad Media una ciudad tenía status cuando
lograba construir su catedral, hoy una ciudad tiene status cuando logra
construir su shopping center. Lo increíble es que los shopping centers,
todos, tienen Unas arquitectónicas de catedrales estilizadas. Y uno no
puede ir a un shopping center con cualquier ropa. Tiene que ir con ropa de
misa de domingo. Y cuando entra en la nave del shopping center, hay una
musiquita con una versión posmoderna del gregoriano y uno va pasando y
mirando las diversas capillas con los venerables objetos de consumo,
cuidados por bellísimas sacerdotisas. Si uno puede consumir se siente en
el Reino del Cielo. Si hay qué hacer cuentas, comprar a crédito, se siente
en el Purgatorio. Y aquellos que apenas pueden entrar años se sienten en
el Infierno. Por suerte podemos todos, hermanados en la mesa eucarística
del neo liberalismo, celebrar que la vida va a mejorar, con la eucaristía
del jugo de naranja, que es más hielo que jugo, y un sandwich con gusto a
telgopor de Mc Donald. El Mc Donald es la versión posmoderna de la
eucaristía.
Ante este cuadro, el capitalismo más que
nunca expone sus contradicciones. ¿ Porqué ? Ahora no está la sombra del
socialismo. Y como no está la sombra del socialismo, no está la disculpa
de que aquí vivimos mejor que allá. Pregunte al Papa si Polonia está mejor
que antes. La iglesia en Polonia está desesperada. Primero, porque pensaba
que iba a venir más gente a la Iglesia, y más gente sale de la Iglesia,
incluso sacerdotes. Segundo, porque la Polonia católica acaba de aprobar
la ley del aborto. Y después, porque como me decía un padre muy
conservador, en San Pablo, que es polaco, "mi mamá, que tiene más de
ochenta años, antes tenía garantizado todo lo necesario de la medicina,
como jubilada. Ahora tiene que hacer colas tremendas y gastar mucho dinero
para obtener lo que necesita". Esa es la maravilla de la libertad
capitalista. Ahora uno tiene, si consigue dinero, lo que es difícil, la
libertad de escoger entre cinco marcas de cerveza, de perfume, ocho de
coches. No puede escoger otro sistema de vida en el que la felicidad de
uno sea asegurada por la felicidad de todos.
Con esas contradicciones el capitalismo
hace que sectores significativos, sobre todo de América Latina, rescaten
las utopías. Porque no creemos que la historia ha terminado. Al revés.
Creemos que todavía estamos en la prehistoria. Todavía no llegamos a la
historia.
A veces en Europa me preguntan: ¿cómo es
en América Latina la lucha por los derechos humanos? Yo digo, lucha por
los derechos humanos en América Latina no existe. Porque todavía luchamos
por los derechos animales. Eso de comer, educar la cría, abrigarse de la
intemperie, es cosa de animales, que la mayoría de la gente en América
Latina, todavía no tiene garantizado.
Yo nunca he visto en América Latina a
una vaca esperando comida en una esquina, o a su hijo abandonado en las
calles. Pero gente hay, y mucha. Entonces aquí todavía luchamos, por más
impresionante que pueda sonar, para conquistar para la gente derechos
animales. Como la necesidad imprescindible de comer un pan y tomar un vaso
de leche.
Vivimos dentro de un proceso muy
difícil, pero las utopías se reabren, después de pasar mucho dolor, mucha
perplejidad, por la caída del Muro de Berlin.
No es que el socialismo que había en el
este europeo era el paraíso para nuestros ojos. No se trata de eso.
Nosotros somos suficientemente autocríticos para saber que también el
socialismo realmente existente hoy en China, Corea, Cuba, tiene sus
errores, sus problemas. No somos tontos. Pero somos tan tontos al punto de
no reconocer que en esos países, los derechos fundamentales están
estructuralmente garantizados. Porque con la excepción de Cuba, en los
demás países de América Latina somos todos hijos de la lotería biológica.
Ninguno de nosotros ha escogido nacer en
la familia ni en la clase social que nació. Y lo normal en este continente
es nacer pobre, o en la miseria. Si así no pasa con nosotros, es porque
somos hijos de la lotería biológica. La lotería sólo no funciona en Cuba,
a pesar de las dificultades.
Si miramos a América Latina, vemos que a
pesar de que aparentemente son cosas inexpresivas, porque no me merecen la
atención de la prensa, en verdad, son muy expresivos los movimientos
liberación que se multiplican en nuestro continente, los Chiapas, Sin
Tierras del Brasil
los movimientos populares, los
movimientos de derechos humanos, los grupos de educación popular, los
partidos políticos que hacen toda una reflexión sobre qué significa luchar
por una sociedad diferente. No se trata de tener como referencia primera
la idea del socialismo. Se trata de tener como referencia primera el
derecho natural de que no existen personas empobrecidas. Esta es la
cuestión fundamental. Si nosotros vivimos en una nave espacial llamada
planeta Tierra y sabemos que esta nave no tiene cómo abastecerse, si no es
a partir de sus propios recursos, y sabemos que somos 5.000 millones de
personas, y sabemos por la FAO que la comida existente hoy en el planeta
alcanza para alimentar a 10.000 millones de personas, que es casi el doble
de la población mundial; si esto no pasa, no es porque los hambrientos no
quieren trabajar, y por eso no pueden comprar la comida. Es porque la
riqueza está mal distribuida. Porque vivimos en sociedades de aprobación y
no de compartir.
Ahora, podemos inventar muchos nombres
para la sociedad que queremos. De cualquier manera es una sociedad que va
a tener que priorizar lo social sobre los intereses individuales, y es una
sociedad que va a tener que compartir los bienes, o en otras palabras,
hacer políticamente lo que todo sacerdote dice en la eucaristía, compartir
los bienes en la tierra y los frutos del trabajo humano. Esa frase es
altamente subversiva y yo me pregunto ¿por qué? La gente no llama a la
policía cuando en la eucaristía el sacerdote dice esto todos los días?
Porque está proponiendo hacer del mundo
una mesa eucarística. Compartir los bienes de la tierra y los frutos del
trabajo humano. ¿Qué proyecto más comunista que éste? No hay. Y es el
momento más sacramental y sagrado de la celebración. Entonces este
proyecto supone que nosotros rescatemos nuestra esperanza, nuestra
disposición a luchar para que todos tengan vida en plenitud. Es la
propuesta de Jesús, es la propuesta de todas las personas de buena
voluntad. Es la propuesta del Che.
¿Qué quería el Che, qué quiere la
revolución cubana, qué quiere Fidel, qué quieren aquellos que han dado la
vida por la liberación de América Latina?
Quieren algo muy sencillo. Que cada
persona pueda tener un plato de comida al día, salud, vivienda, educación,
trabajo. Eso es lo que queremos.
Para tener eso es necesario cambiar
mucho las estructuras, porque vivimos en sociedades que secularmente han
profundizado el proceso de acumulación. Por eso cada uno de nosotros, que
somos luchadores de la esperanza, luchadores de un mundo nuevo, tengamos
esta capacidad de reflexionar, para evitar que nuestros errores, sean
capaces de crear desvíos que dificulten la liberación. Tenemos que caminar
con un rumbo cierto, caminar con mucha seguridad, con mucha esperanza, y
también caminar con mucha fe.
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* Director de la Revista "América Libre"
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