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Por
Humberto Pliego
Arenas *
Cuestión fundamental de la filosofía,
es la de la relación entre el pensamiento y el ser, la relación entre la
conciencia y la materia, la naturaleza. Es fundamental porque determina la
solución de todos los demás problemas filosóficos. Engels hace notar que
los filósofos se han dividido en dos grandes campos, en idealistas y en
materialistas, según que consideraran como dato primario la conciencia el
pensamiento o bien el ser, la naturaleza.
Todos los filósofos idealistas
consideran la conciencia, la idea, el espíritu como el dato primario. Para
los materialistas, es la naturaleza, la materia lo que está en primer
término, mientras que la conciencia viene en segundo término como derivada
de la materia. La solución materialista de la cuestión fundamental de la
filosofía es absolutamente hostil al dualismo, según el cual, la materia y
el espíritu existirían separadamente como substancias independientes.
Por oposición al idealismo, el cual
afirma que sólo nuestra conciencia tiene una existencia real .y que el
mundo material, el ser, la naturaleza, sólo exista parte del criterio de
que la materia, la naturaleza, el ser, son una realidad objetiva, existen
fuera de nuestra conciencia e independientemente de ella, de que la
materia es lo primario, ya que constituye la fuente de la que se derivan
las sensaciones, las percepciones y la conciencia, y ésta lo secundario,
lo derivado, ya que es la imagen refleja de la materia, la imagen refleja
del ser.
Así el ser es la noción filosófica que
designa a la naturaleza, la materia, el mundo exterior, la realidad
objetiva. Ser es el concepto con el que la filosofía materialista designa
todo el mundo que nos circunda, que existe objetivamente y que es
independiente de nuestra conciencia. El materialismo dialéctico no se
circunscribe, sin embargo a reconocer la realidad de la existencia del
mundo, la objetividad del ser. Rasgo importantísimo del ser es su
materialidad, como lo demuestra todo el desarrollo de la conciencia y la
práctica humana. Esto significa que el ser no existe simplemente fuera de
nuestra conciencia. El ser material es externo y primario con respecto a
la conciencia, determina su funcionamiento y desarrollo; la conciencia, en
cambio, es secundaria, es reflejo del ser. De ahí que el concepto de ser y
el de materia sean utilizados en un mismo sentido, como sinónimos.
El ser «puros», es decir el ser
existente antes de la materia y fuera de ella, no existe. Los intentos de
separar el ser de la materia conducen de modo inevitable al idealismo
filosófico, cuando en lugar del fundamento real, material del mundo, se
coloca un fundamento espiritual, ideal tal como la idea, el alma, el
espíritu, etc.
En religión se entiende por alma cierta
fuerza inmaterial, in corpórea e inmortal, que posee existencia propia
independiente del cuerpo. Con este término se expresa de modo incorrecto y
anticientífico, el conjunto de funciones psíquicas del ser humano
Así mismo el término «espíritu», que
literalmente significa soplo, hálito, aire finísimo, aliento, es un
concepto que en el amplio sentido de la palabra, es idéntico a los
conceptos de lo ideal, de la conciencia como forma superior de la
actividad psíquica. Por ello, tiene importancia subrayar que justamente la
materia, como unidad de lo diverso, condiciona en su incesante movimiento
y desarrollo la infinita diversidad de formas del ser: los objetos,
procesos y fenómenos concretos. El mundo es material por naturaleza. La
diversidad de fenómenos naturales es una manifestación de las diversas
formas de la materia en movimiento. La materia es la fuente única y la
causa última de todos los procesos naturales.
La conciencia no es una esencia
especial, separada de la materia. La imagen de un objeto creada en la
cabeza del hombre no puede reducirse ni al propio objeto material, que se
encuentra fuera del sujeto, ni a los procesos fisiológicos que se producen
en el cerebro y engendran esa imagen.
El análisis del nexo existente entre la
conciencia y los procesos fisiológicos que tienen lugar en el cerebro está
lejos aún de descubrir las peculiaridades de este último. Porque los
mecanismos fisiológicos de los fenómenos psíquicos no son idénticos al
contenido de la psique, la cual es el reflejo de la verdad en forma de
imágenes subjetivas, ideales. El pensamiento y la conciencia son reales.
Pero no son la realidad objetiva sino algo subjetivo, ideal. La conciencia
es una imagen subjetiva del mundo objetivo. '
Cuando hablamos de la subjetividad de
la imagen tenemos' en cuenta que no es un reflejo adulterado de la
realidad, sino algo ideal, es decir, como señalaba Marx, lo material
transpuesto a la cabeza del hombre y transformado en ella.
La cosa en la conciencia del hombre es
una imagen y la cosa real es su prototipo. «La diferencia fundamental
entre el materialista y el partidario de la filosofía idealista decía
Lenin estriba en que el primero toma la sensación, la percepción, la
representación y, en general la conciencia del hombre por una imagen de la
realidad objetiva. El Universo es el movimiento de esa realidad objetiva,
reflejada por nuestra conciencia. Al movimiento de las representaciones,
de las percepciones, etc., corresponde el movimiento de la materia que
está fuera de mí»
La aparición, el funcionamiento y el
desarrollo de la conciencia están unidos del modo más estrecho a la
adquisición de conocimientos por el hombre acerca de unos y otros objetos
y fenómenos. «El modo en que existe la conciencia decía Marx y en que algo
existe para ella es el conocimiento...
Algo surge para la conciencia en tanto
en cuanto ésta conoce ese algo». Por consiguiente, la conciencia es
imposible sin la actitud cognoscitiva del hombre ante el mundo objetivo.
Al mismo tiempo, cuando hablamos de la conciencia nos referimos en primer
término, a su característica como actividad espiritual, como fenómeno
ideal, distinto cualitativamente de lo material. El conocimiento es la
actividad de la conciencia orientada a reflejar el mundo circundante. No
toda psique del hombre es consciente. El concepto de psíquico es mucho más
amplio que el concepto de conciencia Los animales, especialmente los
vertebrados también tienen psique, más carecen de conciencia. La vida
psíquica es propia de un niño recién nacido, pero éstos no tienen todavía
conciencia. Cuando un individuo se sume en el sueño y ve escenas
caprichosas, se trata de fenómenos psíquicos, pero no de la conciencia. E
incluso hallándose despierto, no todos sus procesos psíquicos, ni mucho
menos, están iluminados por la luz de la conciencia.
La vida exige del hombre formas de
conducta no sólo conscientes, sino también inconscientes, que le eximen de
la participación constante de la conciencia donde ello no es necesario.
Las formas inconscientes de conducta se basan en el registro latente de la
información acerca de las propiedades y relaciones de las cosas.
La gama de lo inconsciente es bastante
amplia. Abarca las sensaciones, percepciones y representaciones cuando
transcurren fuera del foco de la conciencia, y también los instintos, los
hábitos, la intuición, etc.
El problema de lo inconsciente ha sido
siempre objeto de una enconada lucha entre el materialismo y el idealismo.
Una de las doctrinas burguesas sobre lo inconsciente más difundidas, es la
del siquiatra austriaco Segismundo Freud. Éste estudió en todos sus
aspectos la esfera de lo inconsciente, determinó su lugar y su papel en
las perturbaciones psíquicas y concibió los métodos de influencia en ella
para suprimirlos. Pero Freud afirmó erróneamente que la conciencia está
determinada por lo inconsciente, que era para él un conjunto de
aspiraciones instintivas cargado de alta energía. Según Freud, la
estructura del individuo, su conducta y su carácter, así como toda la
cultura humana son determinados, en última instancia, por las emociones
innatas de los hombres, por sus instintos e inclinaciones, cuyo núcleo es
el instinto sexual.
El marxismo rechaza estas ideas
irracionales sobre la vida espiritual del individuo, que hiperbolizan el
papel de los factores biológicos, y afirma que el principio rector en la
personalidad humana es la razón, la conciencia. A diferencia de los
animales, en el hombre normal predomina el estado consciente de la
psique.
La conciencia es un sistema cabal de
elementos cognoscitivos, emocionales y volitivos distintos, pero
estrechamente vinculados entre sí.
La imagen sensorial inicial, el factor
más elemental de la conciencia, es la sensación a través de la cual se
establece el nexo directo del sujeto con la realidad objetiva. La
sensación es el reflejo de algunas propiedades de las cosas del mundo
objetivo durante su influjo directo en los órganos de los sentidos. Al
destacar como factor principal en la sensación el reflejo de la realidad,
Lenin decía que: «lo primero, lo primogénito es la sensación, y en ella
hay también cualidad».
Las sensaciones del hombre reflejan el
mundo real con una fidelidad relativa. Al ser el medio del nexo directo
de la conciencia con el mundo, las sensaciones son, en fin de cuentas, la
fuente de todos nuestros 'conocimientos acerca de los objetos y fenómenos.
Lenin definió las sensaciones como transformaciones de la energía de la
excitación exterior en el hecho de la conciencia.
La pérdida de sentir
conduce inevitablemente a la pérdida de la conciencia.
Mientras que las sensaciones reflejan
únicamente algunas propiedades de las cosas, la cosa en su conjunto, en la
unidad de sus diversas propiedades reproducidas sensorialmente se refleja
en la percepción. En el hombre, la percepción comprende de ordinario el
discernimiento de los objetos, de sus propiedades y relaciones. Por eso,
el carácter de la percepción depende del nivel de conocimientos que posee
el hombre, de sus intereses.
El proceso del reflejo sensorial no se
limita a las sensaciones y las percepciones. La forma superior del reflejo
sensorial es la representación: el conocimiento imaginativo de objetos que
percibimos en el pasado, pero que no influyen ya directamente en un
momento en nuestros órganos de los sentidos.
Las representaciones surgen como
resultado de la percepción de los influjos exteriores y de su conservación
después en la memoria.
Las imágenes con que opera la
conciencia humana no son sólo una reproducción de lo percibido por los
sentidos. El hombre puede cambiar con espíritu creador y crear con una
libertad relativa nuevas imágenes en su conciencia. La forma superior de
representación es la imaginación creadora, productiva.
La libertad relativa con respecto a la
influencia directa del objeto y la sintetización) del conjunto de señales
de los órganos de los sentidos en una imagen gráfica única hacen que la
representación sea un grado importante del proceso de reflejo, que va de
las sensaciones al pensamiento teórico.
El materialismo dialéctico admite la
diferencia cualitativa entre la representación Y el pensamiento, pero no
los separa.
Lenin decía, al difundir la dialéctica
de la relaci6n mutua entre la representaci6n Y el pensamiento: «¿La
representación está más cerca de la realidad que del pensamiento?»
Sí y no. La representaci6n no puede
captar el movimiento en su totalidad; por ejemplo no capta el movimiento
que tenga una velocidad de 300,000 Km. por segundo; pero el pensamiento lo
capta y debe captarlo».
El pensamiento teórico, que tiene la
forma de conceptos, juicios y deducciones, es un reflejo de las relaciones
esenciales, regulares, entre las cosas.
Para el pensamiento están abiertos
aspectos del mundo que son inaccesibles a la percepción del mundo que son
inaccesibles a la percepción sensorial. Sobre la base de lo visible, lo
tangible, lo audible, etc., gracias a la actividad mental penetramos en lo
invisible, intangible e inaudible. El pensamiento nos proporciona
conocimientos sobre las propiedades, los nexos y las relaciones más
profundas entre los objetos y fenómenos.
Con su ayuda efectuamos la transición
dialéctica de lo exterior a lo interior, de los fenómenos a la esencia de
las cosas, de los procesos, etc. El pensamiento, como forma superior de la
actividad reflexiva, está presente al mismo tiempo en el grado sensorial;
al sentir y percibir algo, el hombre piensa ya, toma conciencia de los
resultados de las percepciones sensoriales.
La conciencia no es solamente un
proceso cognoscitivo y su resultado, el conocimiento. Es, a la vez, una
vivencia emocional de lo cognoscible, una valoración determinada de las
cosas, las propiedades y las relaciones. Sin las vivencias emocionales,
que ayudan a movilizar o frenar nuestras fuerzas, es imposible una u otra
actitud ante el mundo. Sin «emociones humanas» nunca ha habido, ni habrá
jamás, búsqueda humana de la verdad». El «resorte» motriz de la conducta y
la conciencia de los hombres es la necesidad: la dependencia concreta del
individuo respecto del mundo exterior, las demandas subjetivas que
presenta el mundo objetivo, su necesidad de objetos y condiciones
imprescindibles para su actividad vital normal, para su autoafirmación y
desarrollo. La cognición lleva en sí el reflejo en forma de aspiración.
Como reflejo que es de la realidad, la imagen no existe fuera del
individuo históricamente concreto, con sus peculiaridades personales, con
su singular mundo interior, que refleja los rasgos particulares de su
camino en la vida, de su educación.
Un aspecto importante de la conciencia
es la autoconciencia. La vida exige al hombre no sólo que conozca el mundo
exterior, sino también que se conozca a sí mismo. Al reflejar la realidad
objetiva, el individuo toma conciencia no sólo de este proceso, sino
también de sí mismo como ser que siente y piensa, de sus ideales, sus
intereses y su fisonomía moral. Se destaca del mundo circundante, dándose
cuenta de su relación con él, de que siente, piensa y hace. La
autoconciencia aparece cuando el hombre toma conciencia de sí mismo como
individuo. La autoconciencia se forma bajo el influjo del modo social de
vida, el cual requiere del hombre que controle sus acciones y responda de
sus actos.
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* Secretario de la
Dirección Nacional del Partido Popular Socialista, México |