H. Gomez
[Principal] [Arriba] [H. Mendez] [Congreso] [Pablo Neruda] [Luis Britto Garcia] [H. Gomez] [Pedro Ortega] [L. Rojas] [J. Carrera] [R. Dominquez] [Crisis del marxismo] [V. Lenin] [R. Zardoya] [C. Wimmer] [H. Pliego] [P. Garcia] [EEUU] [V. Teitelboim]


Desde 01/07/07
Page Ranking Tool
 

*

Principal
Arriba
 
La Anfictionía, gran Utopía de Simón Bolívar

Por Humberto Gómez García *

Para entender la vigencia, permanencia en el tiempo histórico y contemporaneidad del concepto político bolivariano de Anfictionía, tanto en su propuesta de 1826 donde llegara a materializarse con el Congreso Anfictiónico de Panamá y sus acuerdos y resoluciones, como la propuesta del Encuentro Venezolano por la Unidad Soberanía de Nuestros Pueblos de ver en ella más que un concepto, una estrategia latinoamericana para la «transformación liberadora de los pueblos latinoamericanos y caribeños», es preciso ir al pensamiento de Bolívar, sus concepciones, esa utopía cargada de posibilidades objetivas.

La utopía bolivariana, fundamentada en un cabal conocimiento de la situación americana, lo lleva a establecer en su diagnóstico de los sucesos de la realidad venezolana de 1811, que se impone un cambio drástico, radical, estructural, revolucionario de las formas de dominación política y social a través de la independencia total de España. Posteriormente el magistral análisis sociológico, de clases, político que hacen en su famosa Carta de Jamaica que ya no sólo plantea la abolición de las condiciones de dominación colonial, el surgimiento de un nuevo tipo humano, un Hombre Nuevo, idóneo para la construcción de un nuevo mundo; sino que formula las ideas iniciales de la anfictionía. Es decir, esa dimensión crítico utópica dirigida a grandes y profundos cambios políticos, económicos y sociales en un continente dominado y colonizado por un poderoso imperio, no podríamos entenderla sin la confrontación diálogo, debate, interrelación, retroalimentación, diapasón con el pueblo al que dirigirá y conducirá a las más épicas victorias; y en el deberá apoyarse para lograr las victorias obtenidas. 

El extraordinario pensador socialista peruano, José Carlos Mariátegui, señala que:

«Las muchedumbres se emocionan. y se apasionan ante aquella doctrina que no es sino la revelación de una nueva realidad en marcha. de una nueva realidad en camino. Un ideal caprichoso, una utopía imposible por bellos que sean, no conmueven nunca a las muchedumbres». (1) 

Entonces Bolívar, el utopista, igual a los otros grandes majaderos de la historia, fue un intérprete cabal, fiel de un enorme sentimiento colectivo, de un soterrado sueño de su pueblo americano, madurado durante trescientos años de brutal dominación colonial y al que se debía sacar del inconsciente a la conciencia colectiva para que la noción de Patria pudiera materializarse, se transformara en conciencia para sí como nación.

 

Hay romanticismo, ¿quién lo duda?, pero simultáneamente hay una aguda intuición. « ¿Hacia la utopía? Es el pueblo que inventa la discusión; que inventa la crítica. Mira al pasado y crea la historia; mira al futuro y crea las utopías». (2)

 

«Yo deseo más que otro alguno ver formar en América la más grande nación del mundo», (3) dirá en uno de sus más trascendentales sueños por el que lucharía casi 20 años.

 

El hombre de las Dificultades, venido de una atroz derrota, con la pérdida de la Primera República, ha reflexionado en Cartagena y en Jamaica y sacado sus conclusiones esenciales sobre la estrategia grancolombiana y le ha dicho a su interlocutor, Henry Cullen, en su conocida carta, otro juicio utópico sobre el hecho histórico: «Lo presente ya pasó, lo futuro es la propiedad del hombre, pues éste siempre vive lanzado en la región de las ilusiones, de los apetitos y de los deseos». (4)

 

El Congreso Anfictiónico de Panamá Sabotajes Norteamericanos para su realización. Agresiones Yanquis contra El Libertador 

Diez años después de la primera formulación de unidad americana, de esbozar el concepto de anfictionía y unidad política americana  ya para ese momento política de Estado con la liberación e independencia de Venezuela y Colombia  el pulpo norteamericano arremetería contra Bolívar para intentar no sólo desprestigiarlo en lo personal, socavar su autoridad, buscando así abortar el proyecto Anfictiónico en marcha y que se concretaría tres años después, en 1826. Evitar su concreción y los acuerdos y resoluciones que emanarían del Congreso, cuyo primer ensayo concreto era la Gran Colombia (fusión de Venezuela, Colombia, Panamá, Ecuador, Perú y Bolivia en una sola nación) y la materialización de la utopía bolivariana: «Yo deseo más que otro alguno ver formar en América la más grande nación del mundo»... (3) 

Ya la existencia de la Gran Colombia era una terrible dificultad para el desarrollo del expansionismo norteamericano, el control y monopolio del comercio, la imposición de un mercado único; por ello era preciso no sólo evitar la realización exitosa del Congreso Anfictiónico de Panamá; había que intrigar, soliviantar y agudizar las con­tradicciones entre las naciones de esa Gran Colombia buscando su disolución. 

Pero habían, además, otras razones que chocaban con los intereses norteamericanos en el proyecto bolivariano. El 15% de la población norteamericana de entonces era esclava, es decir, cerca de dos millones de esclavos negros. Bolívar había planteado, y así lo recogía la Constitución de Bolivia, la abolición definitiva de la esclavitud, y la norteamericana era una nación altamente esclavista. «Todos los delegados al Congreso tendrán instrucciones de condenar la esclavitud y el tráfico de esclavos, como en efecto lo acordaron». (5) 

Otra razón poderosa de los yanquis para oponerse a la realización del Congreso de Panamá, era su enorme temor de la consolidación de una alianza político militar entre la Gran Colombia y México para ir en pos de la liberación de Cuba y Puerto Rico de la dominación colonial española, naciones estas en la mira de la terrofagia expansionista del incipiente imperialismo norteamericano. Uno de los objetivos del Congreso de Panamá era, precisamen­te, trabajar política y militante en pos de la independencia de Cuba y Puerto Rico. A los proyectos de acuerdos colombo mexicanos de 1825 para ir a liberar militante a Cuba, la diplomacia norteamericana intrigó en la persona de Joel Roberts Poinsett, Ministro de los Estados Unidos ante el gobierno de México, para evitar esa posibilidad. La intriga, el maquiavelismo más pérfido era utilizado por el agente yanqui  que incitaba a los mexicanos contra los gran colombianos y viceversa.

 

El dirigente norteamericano Tomás Jeterson le envía al presidente Monroe una carta donde expresa abiertamente su pensamiento anexionista en tomo a Cuba. «Confieso francamente que he sido siempre de opinión que Cuba seria la adición más interesante que podría hacerse a nuestros sistemas de Estados». (6)

 

Ya el 27 de mayo de 1823, tres años antes del Congreso de Panamá, el Departamento de Estado yanqui impartió instrucciones al Ministro norteamericano en Bogotá, Richard C. Anderson, para enfrentar el proyecto de unidad la­tinoamericana; necesaria, al criterio de Bolívar, para enfrentar los peligros comunes, las probables agresiones o la injerencia de potencias extranjeras. Señala el instructivo del Departamento de Estado norteamericano: «Durante algún tiempo han fermentado en la imaginación de muchos estadistas teóricos los propósitos flotantes e indigestos de esa Gran Confederación Americana». (7) 

La insolencia no puede ser más brutal, y digna de total y de absoluto re­chazo. Decirle a Bolívar: Estadista teórico de propósitos flotantes, revela el diseño de una política antibolivariana, que busca descalificar su concepción política de unidad latinoamericana, que se intenta ridiculizarlo como un charlatán, descalificarlo como líder revolucionario, popular; habla del desprecio que siempre han sentido las clases dominantes norteamericanas sobre nues­tros pueblos al Sur de sus fronteras; del temor a la unidad y la integración real en aquellos momentos para enfrentar el naciente imperialismo; tratar de impedir cualquier proyecto soberano; políticas imperiales que hemos vivido dramáticamente en el continente en todo lo que va de siglo a través de sus políticas de rapiña, saqueo de las riquezas e injerencia a partir del panamericanismo. 

“Evitar a toda costa la no rea1ización del Congreso Anfictiónico de Panamá fue un objetivo político norteamericano y una obsesión de sus principales dirigentes, para ello diseñaron políticas de intrigas entre los gobiernos de América, sabotajes a las gestiones de Bolívar, ingerencias descaradas en las políticas de otros Estados, con tal de frustrar el Congreso. 

Cercano el Congreso Anfictiónico, arreciaron su conspiración para abortar el mismo, el 26 de marzo de 1826 en carta enviada por el agente norteamericano ante el gobierno de Chile, Herman Allen, le escribe al Departamento de Estado una correspondencia altamente reveladora de esas políticas antibolivarianas. Señala: «...Creo que, como Buenos Aires, ha rehusado enviar miembros a ese cuerpo, no pudiendo ver ninguna buena razón que cualquiera de ellos tenga que apartarse de ese criterio. tanto más que de concurrir se sujetarán a los mismos términos que Bolívar imponga a México. Guatemala, Colombia y el Perú. Uniformemente he sostenido que semejante asamblea sería prematura y no produciría ningún bien: que las armas de España no pondrían por más tiempo en peligro la independencia de los nuevos Estados: que no exista peligro de intervención en sus asuntos de ninguna potencia extranjera y que bajo tales circunstancias podrían dirigir mejor sus energías a mejorar sus cuestiones internas antes que a gastar parte de las mismas en alientos inútiles y quizás perjudiciales. (8)

Pero no sólo eran los norteamericanos los opuestos al Congreso. La corona inglesa conspiraba también si bien no abiertamente para sabotear la realización del mismo, si intrigaba para que algunas naciones americanas con problemas con otras, Brasil y Argentina, por ejemplo quienes tenían una disputa por la Banda Oriental del Uruguay, no fuesen a la reunión en Panamá pues sus probables acuerdos de dirimir las controversias entre los países americanos la apartaba de ser la instancia exclusiva de mediación. Así en carta enviada por el Encargado de Negocios Extranjeros de la Gran Bretaña, Canning, a Lord Ponsonby, Encargado de la Mediación, le expone que: «Nada puede ser de mayor importancia para el Bracil que lograr que sus disputas con Buenos Aires estén en vías de solución antes de se recurra al Congreso general de Estados en Panamá para que se aboque a ella (así podría ocurrir si Buenos Aires llevaba el caso ante la Anfictionía). En una asamblea de tal composición. Hay poca duda de que la decisión ser desfavorable para el imperio del Brasil. No obstante, si la discusión pasara a Panamá, el enviado de Su Majestad al Congreso recibirá instrucciones para emplear sus buenos oficios con el fin de lograr una solución amigable y satisfactoria. (9)

 

En buena medida el proyecto de unidad latinoamericana y caribeña que preconizara Simón Bolívar quedó frustrado, se fractura la Gran Colombia, se balcanizan sus naciones integrantes y aparentan concentrarse en sí mismas para iniciar el despegue como «países independientes y soberanos» cuando en verdad un federalismo montarás y parroquismo, pugnas estériles, insensatas luchas fratricidas desgarran las auténticas conquistas independentistas y el pueblo sigue sumido en la pobreza, la miseria y la opresión del caudillismo entregado a las oligarquías, a los terratenientes, a la clase comerciante.

 

Los Estados Unidos del Norte, buscando activamente el control político de las naciones americanas para sujetarlas a su dominio político y económico, colonizarlas o neocolonizarlas, media­tizarlas e imponerles su modelo de «desarrollo» fundamentado en la monoproducción de productos que les eran útiles para su desarrollo. Diseñaron una política exterior pretendiendo introducirse en la cultura política america­na, imponiendo ser aceptado como un miembro más de la gran familia de naciones americanas; desvirtuando sistemáticamente el ideario bolivariano ya ese Bolívar a quien odiaban y veían como un peligro para sus intereses.

 

Sentimiento Integracionista de los pueblos. Surgimiento de formas nacionales, populares y antiimperialista en la lucha política

 

Sin embargo, en los pueblos la idea integracionista, anfictiónica, de unidad latinoamericana seguía viva, latente unas veces, activa otros. Un profundo sentimiento antiimperialista corría desde el río Bravo hasta la Patagonia, de la frontera norte de México a la tierra del Fuego, en la Argentina, pues las garras de rapiña del nuevo imperio se clavaban sin piedad en las carnes de nuestros sufridos y oprimidos pueblos, los sumían en atroces estados de pobreza y miseria, de hambre y seculares enfermedades mientras usufructuaban nuestras riquezas. Por esa pobreza de América Latina y el Caribe, su atraso y subdesarrollo; gracias al saqueo de nuestras riquezas naturales o agrícolas, se desarrollaba y enriquecía la nación imperial, se alejaba de nuestro tercer mundismo para ser, cada vez más, nación de un exclusivo primer mundo donde apenas estaban unos diez o quince países.

 

Los sentimientos nacionales de corte popular y antiimperialista, confundidos a veces ideológicas y políticamente con anacrónicos nacionalismos de fronteras y chovinismos baratos, se fueron incubando en nuestros pueblos. Los sectores más lúcidos de las burguesías latinoamericanas impulsaban en diferentes épocas un nacionalismo que a veces rozaba el antiimperialismo: México, Argentina, Perú. Bolivia; pero al final terminaban por imponerse los intereses y las políticas yanquis y ese trasnochado jacobinismo quedaba como cosa del pasado, como travesura del radicalismo juvenil. En tal sentido dirá Otto Vandervelde: Aprovechando semejante «filosofía» la burocracia de turno del Estado desmonta. en forma barata el sentido nacional revolucionario de las grandes masas campesinas, las de Sarraiga ideológicamente y demográficamente facilita los avances del capital monopolista en el sector agro-industrial; arruina el campesino pobre y medio para beneficiar las importaciones de los países industrializados situación que es acen­tuada por las medidas neoliberales». (10)

 

Las clases dominantes criollas, oligarquías decimonónicas, sus partidos liberales o conservadores, socialdemócratas o socialcristianos, pseudosocialistas; con democracias de utilería, con farsas electorales para «elegir» (en Venezuela es patético como se ha «institucionalizado» el fraude y una minoría pírrica «elige». En Chile, cuando perdieron, cuando no funcionó la manipulación y el fraude, rompieron las reglas del juego y violentaron la situación imponiendo por medio del crimen, el terror y la represión un régimen militar sanguinario y criminal) a los gobernantes, perpetuaban periódicamente la dominación, la dependencia y el neocolonialismo. Las clases dominantes atadas servilmente por un cordón umbilical, al corazón y al cerebro y a la banca imperial de los cuales dependen y dependieron siempre para vivir, manejaban a su antojo nuestros países y lo adecuaban a esos intereses. 

Las luchas nacionales con un sentido y una realidad nueva, emanada de la contradicción histórica: nación opresora (USA), naciones oprimidas (AL y el Caribe) se dibuja con claridad para algunos sectores de las vanguardias políticas en diferentes momentos

Después de la derrota de la lucha armada en los años 60 por años reinará una confusión y un enorme caos ideológico en las dispersas y atomizadas fuerzas revolucionarias, cargadas de foquismo, unas, de mesianismo, otras. No hay lucha ideológica, confrontación, análisis, nuevas propuestas políticas. Un sector de la izquierda se integra a los procesos que imponen las clases dominantes y una pesadez teórico invade todo, se incuba la división del PCV y ésta se consuma en 1970. Surge una visión «renovadora» del socialismo, una «mayoría comunista» que muere para colarse un sedicente social democratismo que termina como Teodoro Petkoff y el MAS defendiendo abiertamente a la oli­garquía y al neoliberalismo. 

Algunas nuevas búsquedas, no obstante, se van dando tratando de explicar políticamente la derrota y vislumbrar salidas futuras. EL MPDIN comienza en 1970 a darle un sentido nuevo y una reinterpretación a la cuestión nacional desde una posición socialista, de la óptica de la clase trabajadora, re­volucionaria. Elabora su teoría del nacionalismo popular antiimperialista y se bate en lucha contra el revisionismo masista que devendría en oportunismo abierto y contra el oportunismo electoralista de una izquierda derrotada, contra el mesianismo de importantes grupos, que plantean un socialismo directo, organizaciones que muchas desaparecerán, con los tiempos casi todos. 

En otro polo está el caso de MBR­200 que insurge, con una cruenta insurgencia militar, y produce una irreversible fractura en la estructura de dominación imperial y neocolonial en Ve­nezuela. Nace inicialmente con confusas banderas nacionalistas y tímidamente antiimperialistas. En su seno conver­gen y a veces se confunden sectores radicales de izquierda con sectores nacional burgueses, pero ese Movimiento va paulatinamente afinando sus políticas nacional antiimperialistas plasmadas en el programa «Agenda Bolivariana», se autodepura y aclara más su pensamiento político y el de sus principales líderes, con el Comandante Hugo Chávez Frías a la cabeza. Atrás va quedando cieno mesianismo y sectarismo de los primeros años, pero la cuestión nacional todavía se mueve con propuestas ideológicas y no del todo claras en situaciones de fondo aun cuando percibimos una propensión de asumir más claramente los intereses populares y la conflictividad social. El MBR es una organización de izquierda nacionalista de nuevo cuño, aliada de la izquierda revolucionaria. 

Más recientemente (1995) un inte­resante ensayo unitario de izquierda y popular, el Bloque Popular Unitario, integrado por la LS, PCV, MPDIN, BR, CONVERGENCIA REVOLUCIONA­RIA e independientes, que comienza a asumir la cuestión nacional, como op­ción en la lucha política de nuestro pueblo, tanto en la lucha contra los opresores de adentro (burguesía monopólicas, oligarquía política, burocracia estatal, Estados mayores militares) como los de afuera (imperialismo yanqui, factor hegemónico, pero también los siete países imperialistas más desarrollados, las transnacionales, banca internacional, etc.) en un proceso ininterrumpido de revolución nacional antiimperialista en marcha hacia el socialismo. 

Tenía que producirse la insólita caída del campo socialista europeo y el desmembramiento de la URSS, para que los sectores de izquierda comenzaran no sólo a ver hacia adentro de sus pueblos y dentro de la realidad del continente y comenzar a hacer una revalorización de la cuestión nacional como parte fundamental de una nueva estrategia. Los viejos conceptos de una indigesta y dogmática interpretación marxista de la lucha de clases, que despojaba a ésta de lo nacional, para dejárselo exclusivamente a los sectores burgueses y pequeños burgueses en sus variadas expresiones y estamentos, comenzaba a acercar a esos sectores a una comprensión global tanto de la llamada contradicción fundamental (capital-trabajo) y la contradicción principal (opresores-oprimidos). 

Naturalmente ello no impedía que por confusión ideológica y política, visión limitada, oportunismo, pragmatismo sectores del campo de la izquierda, progresista hicieran una interpretación errónea de un presunto anti neoliberalismo en las propuestas demagógicas de los futuros gobernantes, astutos zorros de la política , y apoyaran sus gobiernos y sus políticas dándole la espalda al movimiento popular en lucha; craso error que ha generado confusión en diferentes sectores populares y de trabajadores en lucha y que le ha permitido a la clase dominante manejarse como que tiene un sólido apoyo popular y que sus políticas neo liberales, tienen un sólido apoyo nacional, debilitándose las luchas de la clase trabajadora y del pueblo. 

La Anfictionía hoy: motor para los cambios políticos y transformaciones en los pueblos latinoamericanos y caribeños en la lucha para la toma del poder

 

Nuestra idea de darle continuidad a partir de la reflexión, el debate y la confrontación de las ideas en un evento como el Encuentro Venezolano por la Unidad y Soberanía de los Pueblos, antesala de lo que denominamos 11 Congreso Anfictiónico Latinoamericano y del Caribe, convocado por ilustres venezolanos, un grupo de patriotas y revolucionarios exponentes de los sectores más avanzados y lúcidos intelectual y políticamente de los sectores universitarios ucevistas, del campo del movimiento progresista, revolucionario, nacionalista y socialista, y del movimiento popular venezolano, del concepto de anfictionía manejado por Bolívar, queda expresada, en primer término, en la concreción de este Simposio donde se debatirán con amplitud, frescura y profundidad las diferentes tesis y propuestas que conforman las Mesas de Discusión.

 

Ante la avalancha neoliberal, las tendencias y políticas de desmantelamiento de nuestras patrias, la conversión de nuestros ejércitos en policías, de la «uniformidad cultural» que preconiza la globalización. Ante la conversión de nuestros países en inmensas maquilas de mano de obra barata; las seudo privatizaciones, absurda y estúpida entrega de nuestras industrias básicas por 30 miserables monedas de oro (petróleo, hierro, siderúrgica, petroquímica, minería preciosa, etc.). Ante el desarrollo de los criminales paquetes neoliberales con sus políticas shock que están matando de hambre a nuestros pueblos, incrementando a grados insos­pechados la miseria, políticas impuestas a sangre y fuego por los últimos desgobiernos (CAP-AD-Copei-Fernández; Caldera-Ucero-AD-Petkoff­MAS-Convergencia) lo que ha institucionalizado una política de terro­rismo de Estado. Ante el avance del flagelo de la droga y del juego de envite y azar que tienen sus capos más podero­sos en los grandes consorcios monopólicos nacionales y transnacionales, en banqueros, casas de juego, políticos, etc., etc., etc. Ante el debilitamiento de las estructuras del poder burgués, la división de las clases dominantes, la crisis estructural que estremece a nuestra Patria, el avance del movimiento popular y revolucionario en nuestros países, la idea, el concepto de la anfictionía, de la unidad latinoamericana y caribeña, de lo más profundo y actual del pensamiento bolivariano cobra, a nuestro juicio, inusitada vigencia, enorme actualidad y debe considerarse la pertinencia de que sea asimila y adoptada por todo el' movimiento popular y revolucionario como una de sus principales políticas.

 

La crisis, diagnosticada en diferentes foros, documentos, análisis, partidos políticos alternativos, por agudos pensadores del campo progresista y revolucionario no admite dudas que plantea, en términos perentorios, la discusión del problema del poder, de definirlos instrumentos y las políticas y estrategias para los próximos tiempos.

 

Para nuestra organización la cuestión nacional y la anfictionía bolivariana no admiten la más mínima duda no sólo de su vigencia sino que son las políticas principales y a ella se subordinan otras políticas. Hablar del poder es pensar en términos políticos la posibilidad de acceder a ese poder, allí no caben ni reformismos, ni economicismo, ni parlamentarismo, lo cual no implica que no se asuma la conflictividad social, las luchas reivindicativas y económicas de los trabajadores y el pueblo, pero en tér­minos políticos de la toma del poder para los sectores afectados por las políticas neoliberales, antinacionalistas, privatizadoras, anti populares.

 

El sistema de capitalismo dependiente y neocolonial, su modelo político democrático representativo nacido con el infame Pacto de Punto Fijo por los partidos que apuntalaron la entrega de Venezuela: AD. Copei, MAS, Convergencia; su modelo económico parasitario - rentista que está siendo barrido y sustituido por otro más rapaz y cruel, el modelo neoliberal que no tiene patria ni sentimientos, es despiadado y no se para ante nada, ni el crimen de seres humanos, ni el crimen ecológico o la depredación y destrucción de la naturaleza, el desmantelamiento de conquistas laborales, que arroja a todo el mundo al basurero de la miseria y la pobreza. Ese sistema está herido de manera irrecuperable, las clases dominantes agotadas, sin propuestas que permitan salir ni de la crisis estructural ni siquiera de las coyunturas de la crisis. 

Conformar frentes nacionales, amplios, populares y de trabajadores, con la presencia de sectores nacionales burgueses, con una sólida presencia revolucionaria, socialista en su seno que defienda los interés de la clase obrera y trabajadora y del movimiento popular; con un programa que encarne los intereses de los sectores enfrentados a la dominación imperial, al neoliberalismo, a la burguesía monop6lica, que se planteen la salvación y rescate de Venezuela de su creciente desintegración, impulsar un desarrollo económico independiente, soberano, con sólidos vínculos con los pueblos y naciones hermanas de AL y el Caribe. 

Los revolucionarios podemos perfectamente coincidir con los patriotas auténticos que no siendo del movimiento popular, del campo de los trabajadores asuman un programa nacional antimperialista, antimonopólico, de rescate de los valores de nuestra identidad nacional, hoy venida a menos. Nadie tiene hoy el monopolio del nacionalismo ni de las ideas bolivarianas; variará, de acuerdo con una posición de clase, la interpretación del nacionalismo, pero apartando reservas, prejuicios, dogmas se hace necesario unirse en base a las coincidencias para salvar la Patria en peligro de disolución por la acción ­ depredadora y criminal de las políticas neoliberales y de los neoliberales, de los monopolios y el imperialismo. 

Esta no es una lucha exclusivamente venezolana, ni  colombiana, ni peruana, ni cubana, ni argentina; es una lucha latinoamericana y caribeña; no en­tenderlo así es darle la espalda a la vigencia que tiene la anfictionía bolivariana. Como el Padre de la Patria digamos << Para nosotros la Patria es América>>. <<Pongamos sin vacilar la piedra, de la libertad americana, vacilar es perdernos>> 

Bibliografía

(1) Mariátegui. José Carlos, Historia de la crisis mundial. p. 157.

(2) Enrique Ureña. Pedro. La Utopía Americana, Biblioteca Ayacucho, Caracas.1978.

(3) Bolívar, Simón, Carta de Jamaica, En Simón Bolívar, siete documentos esenciales Colección Historia, introducción y sub títulos de José Luis Salcedo Bastardo, p. 37

(4) B.S., Carta de Jamaica, ob. Cit.

(5) Ortega Díaz, Pedro, El Congreso de Panamá y la Unidad Latinoamericana, Cotragraf. Caracas, 1982.

(6) Cita hecha por Pedro Ortega Díaz, ob. Cit. p. 18.

(7) Cita tomada del libro de PividaI, Francisco, Bolívar: Pensamiento Precursor

      del Antimperialismo. Ediciones Casa de las Américas, La Habana, 1977. p. 170.

(8) Pividal, Francisco, ob. Cit p. 172.

(9) Pividal. Francisco, ob. Cit. p. 173

Revista Caracola, Nº 42, caracas, julio-septiembre de 1966.

_________

* Dirigente del Movimiento Pro Defensa de las Ideas Nacionalistas

www.debateabierto.net - www.lapatriagrande.net

Debate Abierto: revista venezolana para la reflexión y discusión. Director responsable y fundador: Carolus Wimmer
ISSN: 1316-497X. Deposito legal: p.p. 19702DF390 - RIF: J30691967-8