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Por
Humberto Gómez García *
Para entender la vigencia, permanencia
en el tiempo histórico y contemporaneidad del concepto político
bolivariano de Anfictionía, tanto en su propuesta de 1826 donde llegara a
materializarse con el Congreso Anfictiónico de Panamá y sus acuerdos y
resoluciones, como la propuesta del Encuentro Venezolano por la Unidad
Soberanía de Nuestros Pueblos de ver en ella más que un concepto, una
estrategia latinoamericana para la «transformación liberadora de los
pueblos latinoamericanos y caribeños», es preciso ir al pensamiento de
Bolívar, sus concepciones, esa utopía cargada de posibilidades objetivas.
La utopía bolivariana, fundamentada en
un cabal conocimiento de la situación americana, lo lleva a establecer en
su diagnóstico de los sucesos de la realidad venezolana de 1811, que se
impone un cambio drástico, radical, estructural, revolucionario de las
formas de dominación política y social a través de la independencia total
de España. Posteriormente el magistral análisis sociológico, de clases,
político que hacen en su famosa Carta de Jamaica que ya no sólo plantea la
abolición de las condiciones de dominación colonial, el surgimiento de un
nuevo tipo humano, un Hombre Nuevo, idóneo para la construcción de un
nuevo mundo; sino que formula las ideas iniciales de la anfictionía. Es
decir, esa dimensión crítico utópica dirigida a grandes y profundos
cambios políticos, económicos y sociales en un continente dominado y
colonizado por un poderoso imperio, no podríamos entenderla sin la
confrontación diálogo, debate, interrelación, retroalimentación, diapasón
con el pueblo al que dirigirá y conducirá a las más épicas victorias; y
en el deberá apoyarse para lograr las victorias obtenidas.
El extraordinario pensador socialista
peruano, José Carlos Mariátegui, señala que:
«Las muchedumbres se emocionan. y se
apasionan ante aquella doctrina que no es sino la revelación de una nueva
realidad en marcha. de una nueva realidad en camino. Un ideal caprichoso,
una utopía imposible por bellos que sean, no conmueven nunca a las
muchedumbres». (1)
Entonces Bolívar, el utopista, igual a
los otros grandes majaderos de la historia, fue un intérprete cabal, fiel
de un enorme sentimiento colectivo, de un soterrado sueño de su pueblo
americano, madurado durante trescientos años de brutal dominación colonial
y al que se debía sacar del inconsciente a la conciencia colectiva para
que la noción de Patria pudiera materializarse, se transformara en
conciencia para sí como nación.
Hay romanticismo, ¿quién lo duda?, pero
simultáneamente hay una aguda intuición. « ¿Hacia la utopía? Es el
pueblo que inventa la discusión; que inventa la crítica. Mira al pasado y
crea la
historia; mira al futuro y crea las
utopías». (2)
«Yo
deseo más que otro alguno ver formar en América la más grande nación del
mundo»,
(3) dirá en uno de
sus más trascendentales sueños por el que lucharía casi 20 años.
El hombre de las Dificultades,
venido de una atroz derrota,
con la pérdida de la Primera República, ha reflexionado en Cartagena y en
Jamaica y sacado sus conclusiones esenciales sobre la estrategia
grancolombiana y le ha dicho a su interlocutor, Henry Cullen, en su
conocida carta, otro juicio utópico sobre el hecho histórico: «Lo
presente ya pasó, lo futuro es la propiedad del hombre, pues éste siempre
vive lanzado en la región de las ilusiones, de los apetitos y de los
deseos». (4)
El Congreso Anfictiónico de Panamá
Sabotajes Norteamericanos para su realización. Agresiones Yanquis contra
El Libertador
Diez años después de la primera
formulación de unidad americana, de esbozar el concepto de anfictionía y
unidad política americana ya para ese momento política de Estado con la
liberación e independencia de Venezuela y Colombia el pulpo
norteamericano arremetería contra Bolívar para intentar no sólo
desprestigiarlo en lo personal, socavar su autoridad, buscando así abortar
el proyecto Anfictiónico en marcha y que se concretaría tres años después,
en 1826. Evitar su concreción y los acuerdos y resoluciones que emanarían
del
Congreso, cuyo primer ensayo concreto era la Gran Colombia (fusión de
Venezuela, Colombia, Panamá, Ecuador, Perú y Bolivia en una sola nación) y
la materialización de la utopía bolivariana: «Yo deseo más que otro
alguno ver formar en América la más grande nación del mundo»...
(3)
Ya la existencia de la Gran Colombia
era una terrible dificultad para el desarrollo del expansionismo
norteamericano, el control y monopolio del comercio, la imposición de un
mercado único; por ello era preciso no sólo evitar la realización exitosa
del Congreso Anfictiónico de Panamá; había que intrigar, soliviantar y
agudizar las contradicciones entre las naciones de esa Gran Colombia
buscando su disolución.
Pero habían, además, otras razones que
chocaban con los intereses norteamericanos en el proyecto bolivariano. El
15% de la población norteamericana de entonces era esclava, es decir,
cerca de dos millones de esclavos negros. Bolívar había planteado, y así
lo recogía la Constitución de Bolivia, la abolición definitiva de la
esclavitud, y la norteamericana era una nación altamente esclavista.
«Todos los delegados al
Congreso tendrán instrucciones de condenar la esclavitud y el tráfico de
esclavos, como en efecto lo acordaron».
(5)
Otra razón poderosa de los yanquis para
oponerse a la realización del Congreso de Panamá, era su enorme temor de
la consolidación de una alianza político militar entre la Gran Colombia y
México para ir en pos de la liberación de Cuba y Puerto Rico de la
dominación colonial española, naciones estas
en la mira de la terrofagia
expansionista del incipiente imperialismo norteamericano. Uno de los
objetivos del Congreso de Panamá era, precisamente, trabajar política y
militante en pos de la independencia de Cuba y Puerto Rico. A los
proyectos de acuerdos colombo mexicanos de 1825 para ir a liberar
militante a Cuba, la diplomacia norteamericana intrigó en la persona de
Joel Roberts Poinsett, Ministro de los Estados Unidos ante el gobierno de
México, para evitar esa posibilidad. La intriga, el maquiavelismo más
pérfido era utilizado por el agente yanqui que incitaba a los mexicanos
contra los gran colombianos y viceversa.
El dirigente norteamericano Tomás
Jeterson le envía al presidente Monroe una carta donde expresa
abiertamente su pensamiento anexionista en tomo a Cuba.
«Confieso francamente que he sido
siempre de opinión que Cuba seria la adición más interesante que podría
hacerse a nuestros sistemas de Estados». (6)
Ya el 27 de mayo de 1823, tres años
antes del Congreso de Panamá, el Departamento de Estado yanqui impartió
instrucciones al Ministro norteamericano en Bogotá, Richard C. Anderson,
para enfrentar el proyecto de unidad latinoamericana; necesaria, al
criterio de Bolívar, para enfrentar los peligros comunes, las probables
agresiones o la injerencia de potencias extranjeras. Señala el instructivo
del Departamento de Estado norteamericano: «Durante algún tiempo han
fermentado en la imaginación de muchos estadistas teóricos los
propósitos flotantes e indigestos de esa Gran Confederación Americana».
(7)
La insolencia no puede ser más brutal,
y digna de total y de absoluto rechazo. Decirle a Bolívar: Estadista
teórico de propósitos flotantes, revela el diseño de una política antibolivariana,
que busca descalificar su concepción política de unidad latinoamericana,
que se intenta ridiculizarlo como un charlatán, descalificarlo como líder
revolucionario, popular; habla del desprecio que siempre han sentido las
clases dominantes norteamericanas sobre nuestros pueblos al Sur de sus
fronteras; del temor a la unidad y la integración real en aquellos
momentos para enfrentar el naciente imperialismo; tratar de impedir
cualquier proyecto soberano; políticas imperiales que hemos vivido
dramáticamente en el continente en todo lo que va de siglo a través de sus
políticas de rapiña, saqueo de las riquezas e injerencia a partir del
panamericanismo.
“Evitar a toda costa la no rea1ización
del Congreso Anfictiónico de Panamá fue un objetivo político
norteamericano y una obsesión de sus principales dirigentes, para ello
diseñaron políticas de intrigas entre los gobiernos de América, sabotajes
a las gestiones de Bolívar, ingerencias descaradas en las políticas de
otros Estados, con tal de frustrar el Congreso.
Cercano el Congreso Anfictiónico,
arreciaron su conspiración para abortar el mismo, el 26 de marzo de 1826
en carta enviada por el agente norteamericano ante el gobierno de Chile,
Herman Allen, le escribe al Departamento de Estado una correspondencia
altamente reveladora de esas políticas antibolivarianas. Señala:
«...Creo que, como Buenos Aires, ha rehusado enviar miembros a ese cuerpo,
no pudiendo ver ninguna buena razón que cualquiera de ellos tenga que
apartarse de ese criterio. tanto más que de concurrir se sujetarán a los
mismos términos que Bolívar imponga a México. Guatemala, Colombia y el
Perú. Uniformemente he sostenido que semejante asamblea sería prematura y
no produciría ningún bien: que las armas de España no pondrían por más
tiempo en peligro la independencia de los nuevos Estados: que no exista
peligro de intervención en sus asuntos de ninguna potencia extranjera y
que bajo tales circunstancias podrían dirigir mejor sus energías a mejorar
sus cuestiones internas antes que a gastar parte de las mismas en alientos
inútiles y quizás perjudiciales. (8)
Pero no sólo eran los
norteamericanos los opuestos al Congreso. La corona inglesa conspiraba
también si bien no abiertamente para sabotear la realización del mismo,
si intrigaba para que algunas naciones americanas con problemas con
otras, Brasil y Argentina, por ejemplo quienes tenían una disputa por la
Banda Oriental del Uruguay, no fuesen a la reunión en Panamá pues sus
probables acuerdos de dirimir las controversias entre los países
americanos la apartaba de ser la instancia exclusiva de mediación. Así en
carta enviada por el Encargado de Negocios Extranjeros de la Gran Bretaña, Canning, a Lord Ponsonby, Encargado de la Mediación, le expone que: «Nada
puede ser de mayor importancia para el Bracil que lograr que sus disputas
con Buenos Aires estén en vías de solución antes de se recurra al Congreso
general de Estados en Panamá para que se aboque a ella (así podría ocurrir
si Buenos Aires llevaba el caso ante la Anfictionía).
En una asamblea de tal composición. Hay
poca duda de que la decisión
ser desfavorable para el imperio del Brasil. No obstante, si la discusión
pasara a Panamá, el enviado de Su Majestad al Congreso recibirá
instrucciones para emplear sus buenos oficios con el fin de lograr una
solución amigable y
satisfactoria. (9)
En buena medida el proyecto de unidad
latinoamericana y caribeña que preconizara Simón Bolívar quedó frustrado,
se fractura la Gran Colombia, se balcanizan sus naciones integrantes y
aparentan concentrarse en sí mismas para iniciar el despegue como «países
independientes y soberanos» cuando en verdad un federalismo montarás y
parroquismo, pugnas estériles, insensatas luchas fratricidas desgarran
las auténticas conquistas independentistas y el pueblo sigue sumido en la
pobreza, la miseria y la opresión del caudillismo entregado a las
oligarquías, a los terratenientes, a la clase comerciante.
Los Estados Unidos del Norte, buscando
activamente el control político de las naciones americanas para sujetarlas
a su dominio político y económico, colonizarlas o neocolonizarlas,
mediatizarlas e imponerles su modelo de «desarrollo» fundamentado en la monoproducción de productos que les eran útiles para su desarrollo.
Diseñaron una política exterior pretendiendo introducirse en la cultura
política americana, imponiendo ser aceptado como un miembro más de la
gran familia de naciones americanas; desvirtuando sistemáticamente el
ideario bolivariano ya ese Bolívar a quien odiaban y veían como un peligro
para sus intereses.
Sentimiento
Integracionista de los pueblos. Surgimiento de formas nacionales,
populares y antiimperialista en la lucha política
Sin embargo, en los pueblos la idea
integracionista, anfictiónica, de unidad latinoamericana seguía viva,
latente unas veces, activa otros. Un profundo sentimiento antiimperialista
corría desde el río Bravo hasta la Patagonia, de la frontera norte de
México a la tierra del Fuego, en la Argentina, pues las garras de rapiña
del nuevo imperio se clavaban sin piedad en las carnes de
nuestros sufridos y oprimidos pueblos, los sumían en
atroces estados de pobreza y miseria, de hambre y seculares enfermedades
mientras usufructuaban nuestras riquezas.
Por esa pobreza de América Latina y el
Caribe, su atraso y subdesarrollo; gracias al saqueo de nuestras riquezas
naturales o agrícolas, se desarrollaba y enriquecía la nación imperial, se
alejaba de nuestro tercer mundismo para ser, cada vez más, nación de un
exclusivo primer mundo donde apenas estaban unos diez o quince países.
Los sentimientos nacionales de corte
popular y antiimperialista, confundidos a veces ideológicas y
políticamente con anacrónicos nacionalismos de fronteras y chovinismos
baratos, se fueron incubando en nuestros pueblos. Los sectores más
lúcidos de las burguesías latinoamericanas impulsaban en diferentes
épocas un nacionalismo que a veces rozaba el antiimperialismo: México,
Argentina, Perú. Bolivia; pero al final terminaban por imponerse los
intereses y las políticas yanquis y ese trasnochado jacobinismo quedaba
como cosa del pasado, como travesura del radicalismo juvenil. En tal
sentido dirá Otto Vandervelde: Aprovechando semejante «filosofía»
la burocracia de turno del
Estado desmonta. en forma barata el sentido nacional revolucionario de las
grandes masas campesinas, las de Sarraiga ideológicamente
y demográficamente facilita los
avances del capital monopolista en el sector agro-industrial; arruina el
campesino pobre y medio para beneficiar las importaciones de los
países industrializados situación que es acentuada
por las medidas neoliberales». (10)
Las clases dominantes criollas,
oligarquías decimonónicas, sus partidos liberales o conservadores,
socialdemócratas o socialcristianos, pseudosocialistas; con democracias
de utilería, con farsas electorales para «elegir» (en Venezuela es
patético como se ha «institucionalizado» el fraude y una minoría pírrica
«elige». En Chile, cuando perdieron, cuando no funcionó la manipulación y
el fraude, rompieron las reglas del juego y violentaron la situación
imponiendo por medio del crimen, el terror y la represión un régimen
militar sanguinario y criminal) a los gobernantes, perpetuaban
periódicamente la dominación, la dependencia y el neocolonialismo. Las
clases dominantes atadas servilmente por un cordón umbilical, al corazón y
al cerebro y a la banca imperial de los cuales dependen y dependieron
siempre para vivir, manejaban a su antojo nuestros países y lo adecuaban a
esos intereses.
Las luchas nacionales con un sentido y
una realidad nueva, emanada de la contradicción histórica: nación
opresora (USA), naciones oprimidas (AL y el Caribe) se dibuja con
claridad para algunos sectores de las vanguardias políticas en diferentes
momentos.
Después de la derrota de la lucha
armada en los años 60 por años reinará una confusión y un enorme caos
ideológico en las dispersas y atomizadas fuerzas revolucionarias, cargadas
de foquismo, unas, de mesianismo, otras. No hay lucha ideológica,
confrontación, análisis, nuevas propuestas políticas. Un sector de la
izquierda se integra a los procesos que imponen las clases dominantes y
una pesadez teórico invade todo, se incuba la división del PCV y ésta se
consuma en 1970. Surge una visión «renovadora» del socialismo, una
«mayoría comunista» que muere para colarse un sedicente social
democratismo que termina como Teodoro Petkoff y el MAS defendiendo
abiertamente a la oligarquía y al neoliberalismo.
Algunas nuevas búsquedas, no obstante,
se van dando tratando de explicar políticamente la derrota y vislumbrar
salidas futuras. EL MPDIN comienza en 1970 a darle un sentido nuevo y
una reinterpretación a la cuestión nacional desde una posición socialista,
de la óptica de la clase trabajadora, revolucionaria. Elabora su teoría
del nacionalismo popular antiimperialista y se bate en lucha contra el
revisionismo masista que devendría en oportunismo abierto y contra el
oportunismo electoralista de una izquierda derrotada,
contra el mesianismo de importantes grupos, que plantean un socialismo
directo, organizaciones que muchas desaparecerán, con los tiempos casi
todos.
En otro polo está el caso de MBR200
que insurge, con una cruenta insurgencia militar, y produce una
irreversible fractura en la estructura de dominación imperial y neocolonial en Venezuela. Nace inicialmente con confusas banderas
nacionalistas y tímidamente antiimperialistas. En su seno convergen y a
veces se confunden sectores radicales de izquierda con sectores nacional
burgueses, pero ese Movimiento va paulatinamente afinando sus políticas
nacional antiimperialistas plasmadas en el programa «Agenda Bolivariana»,
se autodepura y aclara más su pensamiento político y el de sus principales
líderes, con el Comandante Hugo Chávez Frías a la cabeza. Atrás va
quedando cieno mesianismo y sectarismo de los primeros años, pero la
cuestión nacional todavía se mueve con propuestas ideológicas y no del
todo claras en situaciones de fondo aun cuando percibimos una propensión
de asumir más claramente los intereses populares y la conflictividad
social. El MBR es una organización de izquierda nacionalista
de nuevo cuño, aliada de la izquierda revolucionaria.
Más recientemente (1995) un
interesante ensayo unitario de izquierda y popular, el Bloque Popular
Unitario, integrado por la LS, PCV, MPDIN, BR, CONVERGENCIA
REVOLUCIONARIA e independientes, que comienza a asumir la cuestión
nacional, como opción en la lucha política de nuestro pueblo, tanto en la
lucha contra los opresores de adentro (burguesía monopólicas, oligarquía
política, burocracia estatal, Estados mayores militares) como los de
afuera (imperialismo yanqui, factor hegemónico, pero también los siete
países imperialistas más desarrollados, las transnacionales, banca
internacional, etc.) en un proceso ininterrumpido de revolución nacional
antiimperialista en marcha hacia el socialismo.
Tenía que producirse la insólita caída
del campo socialista europeo y el desmembramiento de la URSS, para que los
sectores de izquierda comenzaran no sólo a ver hacia adentro de sus
pueblos y dentro de la realidad del continente y comenzar a hacer una
revalorización de la cuestión nacional como parte fundamental de una
nueva estrategia. Los viejos conceptos de una indigesta y dogmática
interpretación marxista de la lucha de clases, que despojaba a ésta de lo
nacional, para dejárselo exclusivamente a los sectores burgueses y
pequeños burgueses en sus variadas expresiones y estamentos, comenzaba a
acercar a esos sectores a una comprensión global tanto de la llamada
contradicción fundamental (capital-trabajo) y la contradicción principal
(opresores-oprimidos).
Naturalmente ello no impedía que por
confusión ideológica y política, visión limitada, oportunismo, pragmatismo
sectores del campo de la izquierda, progresista hicieran una
interpretación errónea de un presunto anti neoliberalismo en las
propuestas demagógicas de los futuros gobernantes, astutos zorros de la
política , y apoyaran sus gobiernos y sus políticas dándole la espalda al
movimiento popular en lucha; craso error que ha generado confusión en
diferentes sectores populares y de trabajadores en lucha y que le ha
permitido a la clase dominante manejarse como que tiene un sólido apoyo
popular y que sus políticas neo liberales, tienen un sólido apoyo
nacional, debilitándose las luchas de la clase trabajadora y del pueblo.
La Anfictionía hoy: motor para los
cambios políticos y transformaciones en los pueblos latinoamericanos y
caribeños en la lucha para la toma del poder
Nuestra idea de darle continuidad a
partir de la reflexión, el debate y la confrontación de las ideas en un
evento como el Encuentro Venezolano por la Unidad y Soberanía de los
Pueblos, antesala de lo que denominamos 11 Congreso Anfictiónico
Latinoamericano y del Caribe, convocado por ilustres venezolanos, un
grupo de patriotas y revolucionarios exponentes de los sectores más
avanzados y lúcidos intelectual y políticamente de los sectores
universitarios ucevistas, del campo del movimiento progresista,
revolucionario, nacionalista y socialista, y del movimiento popular
venezolano, del concepto de anfictionía manejado por Bolívar, queda
expresada, en primer término, en la concreción de este Simposio donde se
debatirán con amplitud, frescura y profundidad las diferentes tesis y
propuestas que conforman las Mesas de Discusión.
Ante la avalancha neoliberal, las
tendencias y políticas de desmantelamiento de nuestras patrias, la
conversión de nuestros ejércitos en policías, de la «uniformidad cultural»
que preconiza la globalización. Ante la conversión de nuestros países en
inmensas maquilas de mano de obra barata; las seudo privatizaciones,
absurda y estúpida entrega de nuestras industrias básicas por 30
miserables monedas de oro (petróleo, hierro, siderúrgica, petroquímica,
minería preciosa, etc.). Ante el desarrollo de los criminales paquetes
neoliberales con sus políticas shock que están matando de hambre a
nuestros pueblos, incrementando a grados insospechados la miseria,
políticas impuestas a sangre y fuego por los últimos desgobiernos (CAP-AD-Copei-Fernández;
Caldera-Ucero-AD-PetkoffMAS-Convergencia) lo que ha institucionalizado
una política de terrorismo de Estado. Ante el avance del flagelo de la
droga y del juego de envite y azar que tienen sus capos más poderosos en
los grandes consorcios monopólicos nacionales y transnacionales, en
banqueros, casas de juego,
políticos, etc., etc., etc. Ante el
debilitamiento de las estructuras del poder burgués, la división de las
clases dominantes, la crisis estructural que estremece a nuestra Patria,
el avance del movimiento popular y revolucionario en nuestros países, la
idea, el concepto de la anfictionía, de la unidad latinoamericana y
caribeña, de lo más profundo y actual del pensamiento bolivariano cobra,
a nuestro juicio, inusitada vigencia, enorme actualidad y debe
considerarse la pertinencia de que sea asimila y adoptada por todo el'
movimiento popular y revolucionario como una de sus principales políticas.
La crisis, diagnosticada en diferentes
foros, documentos, análisis, partidos políticos alternativos, por agudos
pensadores del campo progresista y revolucionario no admite dudas que
plantea, en términos perentorios, la discusión del problema del poder, de
definirlos instrumentos y las políticas y estrategias para los próximos
tiempos.
Para nuestra organización la cuestión
nacional y la anfictionía bolivariana no admiten la más mínima duda no
sólo de su vigencia sino que son las políticas principales y a ella se
subordinan otras políticas. Hablar del poder es pensar en términos
políticos la posibilidad de acceder a ese poder, allí no caben ni
reformismos, ni economicismo, ni parlamentarismo, lo cual no implica que
no se asuma la conflictividad social, las luchas reivindicativas y
económicas de los trabajadores y el pueblo, pero en términos políticos de
la toma del poder para los sectores afectados por las políticas
neoliberales, antinacionalistas,
privatizadoras, anti populares.
El sistema de capitalismo dependiente y
neocolonial, su modelo político democrático representativo nacido con el
infame Pacto de Punto Fijo por los partidos que apuntalaron la entrega de
Venezuela: AD. Copei, MAS, Convergencia; su modelo económico parasitario
- rentista que está siendo barrido y sustituido por otro más rapaz y cruel,
el modelo neoliberal que no tiene patria ni sentimientos, es despiadado y
no se para ante nada, ni el crimen de seres humanos, ni el crimen
ecológico o la depredación y destrucción de la naturaleza, el
desmantelamiento de conquistas laborales, que arroja a todo el mundo al
basurero de la miseria y la pobreza. Ese sistema está herido de manera
irrecuperable, las clases dominantes agotadas, sin propuestas que permitan
salir ni de la crisis estructural ni siquiera de las coyunturas de la
crisis.
Conformar frentes nacionales, amplios,
populares y de trabajadores, con la presencia de sectores nacionales
burgueses, con una sólida presencia revolucionaria, socialista en su seno
que defienda los interés de la clase obrera y trabajadora y del movimiento
popular; con un programa que encarne los intereses de los sectores
enfrentados a la dominación imperial, al neoliberalismo, a la burguesía
monop6lica, que se planteen la salvación y rescate de Venezuela de su
creciente desintegración, impulsar un desarrollo económico independiente,
soberano, con sólidos vínculos con los pueblos y naciones hermanas de AL
y el Caribe.
Los revolucionarios podemos
perfectamente coincidir con los patriotas auténticos que no siendo del
movimiento popular, del campo de los trabajadores asuman un programa
nacional antimperialista, antimonopólico, de rescate de los valores de
nuestra identidad nacional, hoy venida a menos. Nadie tiene hoy el
monopolio del nacionalismo ni de las ideas bolivarianas; variará, de
acuerdo con una posición de clase, la interpretación del nacionalismo,
pero apartando reservas, prejuicios, dogmas se hace necesario unirse en
base a las coincidencias para salvar la Patria en peligro de disolución
por la acción depredadora y criminal de las políticas neoliberales y de
los neoliberales, de los monopolios y el imperialismo.
Esta no es una lucha exclusivamente
venezolana, ni colombiana, ni peruana, ni cubana, ni argentina; es una
lucha latinoamericana y caribeña; no entenderlo así es darle la espalda a
la vigencia que tiene la anfictionía bolivariana. Como el Padre de la
Patria digamos << Para nosotros la Patria es América>>. <<Pongamos sin
vacilar la piedra, de la libertad americana, vacilar es perdernos>>
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Bibliografía
(1) Mariátegui. José Carlos,
Historia de la crisis mundial. p. 157.
(2) Enrique Ureña. Pedro. La
Utopía Americana, Biblioteca Ayacucho, Caracas.1978.
(3) Bolívar, Simón, Carta de
Jamaica, En Simón Bolívar, siete documentos esenciales Colección
Historia, introducción y sub títulos de José Luis Salcedo Bastardo,
p. 37
(4) B.S., Carta de Jamaica,
ob. Cit.
(5) Ortega Díaz, Pedro, El
Congreso de Panamá y la Unidad Latinoamericana, Cotragraf.
Caracas, 1982.
(6) Cita hecha por Pedro Ortega
Díaz, ob. Cit. p. 18.
(7) Cita tomada del libro de
PividaI, Francisco, Bolívar: Pensamiento Precursor
del Antimperialismo.
Ediciones Casa de las
Américas, La Habana, 1977. p. 170.
(8) Pividal, Francisco, ob. Cit
p. 172.
(9) Pividal. Francisco, ob. Cit.
p. 173
Revista Caracola, Nº 42, caracas,
julio-septiembre de 1966. |
_________
* Dirigente del
Movimiento Pro Defensa de las Ideas Nacionalistas |