Luis Britto Garcia
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América Latina: requerimientos y pensamiento alternativo

 

Luís Brito García *

 

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Permítanos pensar por usted, es a la vez el lema de una célebre firma publicitaria venezolana y la síntesis de la estrategia de consolidación imperial en América Latina. Hasta hoy, gran parte de las tendencias ideológicas de nuestro continente han sido propuestas para que no pensemos en nosotros mismos desde la perspectiva, con las premisas y con las metas del colonizador. Los conquistadores legitimaron sus invasiones mediante el llamado Requerimiento, un texto escrito en latín que leían a los indígenas para instarlos a someterse religiosa, política, social y económicamente. El discurso teocrático de la Colonia; la Ilustración de las repúblicas oligárquicas; el Liberalismo romántico; el Positivismo racista y europeizante, el Populismo neopositivista y últimamente el Neoliberalismo y la Postmodernidad Académica han sido otros tantos Requerimientos dirigidos a los latinoamericanos para que, al mismo tiempo que los cuerpos y que los recursos naturales, entreguen las conciencias.

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Para su difusión, cada uno de estos Requerimientos ha contado con la casi totalidad de los aparatos ideológicos y de los medios de comunicación de cada país y de cada época. Decía Marx que las ideas de la clase dominante son siempre las ideas dominantes, porque así como dicha clase es propietaria de los medios de producción material, posee también los medios de producción intelectual. Nada de extraño tiene que todos y cada uno de estos requerimientos ascendieran a ideologías dominantes en América Latina, a pesar de ser gestados en ámbitos extraños a ésta, desde el punto de vista de élites extranjeras o extranjerizantes, y compartiendo como único rasgo unificador el de concebir lo autóctono, no sólo como peculiaridad, sino como anomalía, en­fermedad o rasgo caduco a ser exterminado.

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Así el Pensamiento Teocrático fue explícitamente dirigido contra el llamado paganismo o «Monarquía del Diablo» de las religiones y culturas indígenas. La Ilustración predicó la sujeción de todo .pensamiento a los patrones de Racionalidad y Universalismo del iluminismo europeo. El Liberalismo romántico conjugó vagos sentimientos de simpatía hacia el tipicismo popular con el sometimiento a las ideologías liberales europeas. El positivismo condenó a los pueblos latinoamericanos como ra­zas genéticas y culturalmente irrecuperables, que debían ser controlados por Gendarmes Necesarios que mediante la fuerza bruta abrieran espacios para la civilización. Los Populismos neo positivistas apelaron a la tradición cultural nacional popular de las masas para sujetarlas a proyectos de modernización dictados desde las metrópolis. La misma sucesión de estas escuelas de pensamiento correspondió con frecuencia a un desplazamiento de hegemonías. La irrupción del pensamiento ilustrado. del Romanticismo liberal y de los Positivismos fue así el correlato de la sustitución de España por Francia e Inglaterra; el advenimiento de los Populismos neo positivistas la expresión de la preponderancia estadounidense; el Neoliberalismo y su versión filosófica la Post modernidad Académica, según señala Fredric Jameson, etiquetas ideológicas de la expansión global del capi­talismo financiero.

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La avalancha de derechización del mundo ha permitido a algunos de estos Requerimientos quitarse sus máscaras. El neoliberalismo postula la virtual desaparición de los Estados latinoamericanos que quedarían reducidos a su mínima expresión para presidir la conversión de sus naciones en mercados y de sus pueblos en reservas de mano de obra sin derechos económicos. políticos ni sociales. La Postmodemidad Académica, paralelamente predica la desaparición del Sujeto, la ética, la Política, la Utopía, la historia y los proyectos en aras de la supuesta racionalidad del mercado. Las ventajas comparativas que podría aportar América Latina a este mercado son ya conocidas: recursos naturales regalados y mano de obra virtualmente esclava para las maquilas. Las vías prácticas para este fin. los autoritarismos militares o cívicomilitares. La meta última, la virtual desaparición de América Latina y de sus Estados nacionales a favor de las transnacionales 

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Se ha dicho siempre que el pensamiento latinoamericano no ha tenido respuestas para estas doctrinas de metrópolis. Lo cierto es que frente a cada requerimiento ha in surgido siempre un pensamiento alternativo. Sin la menor pretensión de exhaustividad ni de exclusión pasemos revista a algunas de sus manifestaciones más vigentes.

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La Teoría de la Dependencia ha sido la respuesta a las tesis positivistas, desarrollistas y liberales que postularon que el único destino de América Latina era calcar paso a paso los estilos de desarrollo de las metrópolis hasta igualarse con ellas. Plantearon los dependientólogos, por el contrario. que el subdesarrollo era la otra cara de las economías desarrolladas, y que la relación entre ambos estilos productivos tendía a agravar el subdesarrollo antes que a corregirlo. Ello. abrió el campo a multiplicidad de propuestas sobre la reforma de nuestras economías: desde las variantes de las postulaciones socialistas, incluidas las marxistas. hasta los planes de desarrollo protegido por el Estado y las propuestas de autogestión o las vueltas a las comunidades autóctonas de los indigenismos. 

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La catolicidad es acaso el rasgo más difundido y compartido en América Latina; por esa razón es también uno de los más decisivos a los efectos de definir la identidad cultural de ésta. La Teología de la Liberación desarrolla las consecuencias económicas y sociales de esta relativa unidad religiosa. Pues la doctrina católica lleva añeja una cierta tabla de valores, invocada a veces contra los explotados, manejada en la actualidad a favor de ellos con importantes efectos en la organización y la concientización de las masas. La Teología de la Liberación, por otra parte no es una doctrina de toma directa del poder político, tarea que no es de la incumbencia de la Iglesia. Al mismo tiempo es la única oportunidad de ésta de seguir siendo un fuerza ecuménica. Los mayores contingentes de católicos están en el Tercer Mundo y específicamente en América Latina. Si las altas jerarquías eclesiásticas les vuelven la espalda para alinearse con el neoliberalismo agnóstico o protestante, estarán entregando sus feligreses como presa a la proliferación de cultos y de sectas que el imperialismo favorece como una de las formas de quebrar la unidad religiosa y por tanto cultural de los latinoamericanos. 

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Prematuramente decretaron los ideólogos la muerte de los movimientos armados rurales en América Latina. Aparte de que el Movimiento 26 de Julio culminó en el único estado socialista que se mantiene en el continente, muchas organizaciones de índole parecida siguen operativas y vigentes en los últimos años del siglo XX. El sandinismo continúa siendo la más importante fuerza política en Nicaragua; la guerrilla rural llevó a los gobiernos a las mesas de negociación en el Salvador, en Guatemala y en Honduras; dos movimientos armados siguen activos en el Perú y dos en México; en Colombia cuatro ejércitos guerrilleros dominan cerca del 40% del territorio. Como es lógico, estos movimientos surgen y se perpetúan en países con un elevado porcentaje de población rural, alto grado de concentración en la tenencia  de la tierra y tradición de inmovilismo político y social. Seguirán siendo la vía hacia un socialismo autóctono, o cuando menos hacia la remoción de injusticias y privilegios intolerables, mientras los anquilosados sistemas oligárquicos o los autoritarismos neoliberales cierren el camino á la revolución social. 

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La independencia política de América Latina comenzó con la creación de sus ejércitos; el desmantelamiento de su soberanía coincide con la desintegración de ellos. Muchas de nuestras milicias sirvieron, lamentablemente, como soporte armado de los requerimientos ideológicos imperiales. El último de ellos constituye una muerte anunciada de los ejércitos latinoamericanos: predica que no debe dedicarse a los gastos de defensa más allá del 5% del Producto Territorial Bruto; pauta para convertir a los ejércitos en fuerzas policíacas al servicio de la DEA o en task force al mandato de las intervenciones multilaterales dispuestas por la OEA. Los grados de resistencia a estas políticas son diversos en cada país; en todos ellos los ejércitos pierden capacidad operativa, la carrera militar disminuye de prestigio; en algunos casos las oficialidades enfrentan verdaderos procesos de proletarización. Históricamente, sectores de las oficialidades en América Latina han protagonizado intentos de toma del poder que se autoproclamaron como nacionalistas y antiimperialistas. Al respecto se pueden citar algunas variantes del peronismo argentino, el movimiento boliviano, el velasquismo peruano, el torrijismo panameño. Entre los más recientes figuran los intentos de toma militar del poder en Argentina y Venezuela, signados por una denuncia explícita de las políticas del Fondo Monetario Internacional. Es seguro que amplios sectores militares de otros países comparten dichos idearios Más allá de la cuestión táctica de la toma del poder, se plantea para estos movimientos el problema estratégico de vincularlo con un movimiento popular y de definir un proyecto que permita utilizar dicho poder para una meta que trascienda del simple objetivo de perpetuarlo. 

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La integración latinoamericana es un tema con tal potencial de movilización, que la estrategia favorita del imperialismo para neutralizarlo ha sido convertirlo en lugar común. Hay integracionismos de todos los géneros, desde el bolivariano de la Gran Colombia y latinoamericanismo revolucionario del Che Guevara y el cultural del Boom, hasta el neocolonial de la Organización de Estados Americanos y el globalizador de los Tratados de Libre Comercio. Sin embargo, el concierto o el desconcierto de estas múltiples y contradictorias llamadas a la unión deja en la conciencia del latinoamericano el sedimento de una clara disyuntiva: integrarse o morir. El castigo por cada intento de transformación radical por parte de un país latinoamericano ha sido hasta ahora la intervención o el aislamiento. Quizá la integración sea la doctrina internacional que nos permita actuar como bloque contra todos los bloqueos. 

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El espíritu activo de estos diversos proyectos es la esencial unidad cultural que alienta en América Latina. Superior a todos los proyectos de vasallaje, ha afirmado su especificidad cultural irreducible a toda penetración, ha asegurado la persistencia de las naciones latinoamericanas incluso dentro de la propia metrópolis norteamericana, donde cerca de treinta millones de personas se reconocen como Latinoamericanas. Acaso esta alma, este espíritu, este sentimiento, esperan apenas organizar los elementos que le permitan tener con­ciencia plena de sí misma, de su pasado, de su presente, de su voluntad de perduración.                    

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Teoría de la Dependencia, Teología de la Liberación, Guerrillas Campesinas, Militarismos Nacionalistas, Integracionismo, Unidad Cultural no son, desde esta perspectiva partes inconexas: son los miembros potenciales de un cuerpo ideológico integrado que postula diagnósticos o soluciones para los aspectos económicos, culturales, sociales, políticos e internacionales de América Latina. Como sucede entre nuestros pueblos, son más los rasgos que unen a estas diversas escuelas de pensamiento que las que los separan. Como ocurre con estos, una vasta geografía contigua, una multitudinaria demografía, un riquísimo potencial en recursos naturales y una espléndida unidad cultural esperan la trama de pensamiento que pueda organizar y coordinar tan extraordinarias fuerzas en la persecución de una meta común y de un destino.

 

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* Ponencia presentada en el Encuentro Venezolano por la Unidad Soberanía de Nuestros Pueblos; Luís Brito García es escritor venezolano

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Debate Abierto: revista venezolana para la reflexión y discusión. Director responsable y fundador: Carolus Wimmer
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