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*Jaime Caycedo Turriago
El
tema fronterizo entre Colombia y Venezuela cobra cada día ribetes más
complicados. Hay una tendencia en los comentaristas a hablar de «crisis»
en las relaciones bilaterales. El lenguaje de los gobernantes, de un lado
y otro, se hace más agresivo. Las corrientes de fondo, que afloran en los
incidentes que copan las primeras planas, indican que los problemas son
más graves de lo que corrientemente se admite. Una primera exploración del
tema quiere proponer algunos criterios para examinar esta nueva situación,
a la luz de nuestra postura inclaudicable de amistad y solidaridad
bolivarista y latinoamericana.
Primero:
en el aspecto económico, las relaciones bilaterales se vieron afectadas
por los ajustes fondo monetarista; en Venezuela y los distintos momentos
de crisis política e institucional que ha vivido el país hermano. La
llamada bonanza venezolana terminó y la masiva inmigración colombiana,
tanto como los sectores populares allí, sufre crudamente el endurecimiento
de las condiciones de vida. Una tendencia al retorno o a la búsqueda de
terceros países se advierte entre los colombianos. Muchos empresarios
aprovechan la precaria situación legal de los extranjeros para explotar su
trabajo. Se habla de que capitales colombianos, algunos de ellos de dudosa
procedencia, mantienen cuantiosas inversiones. A su vez, las economías
ilegales habrían encontrado por Venezuela una nueva ruta para sus
exportaciones, el lavado de divisas y el contrabando de armas. Este
estrechamiento de vínculos contradictorios y polémicos parece exacerbar el
nacionalismo anticolombiano tradicional en los estar atentos militares y
las cadenas periodísticas de Venezuela.
Segundo:
los sucesos fronterizos atribuidos a la acción guerrillera, especialmente
del ELN, han sido el pretexto para el establecimiento de una doctrina
militar de los mandos venezolanos, la denominada «persecución en
caliente». No es correcta la actitud de sectores insurgentes de adelantar
operaciones militares contra ejércitos de países vecinos. Es inaceptable
totalmente extender al territorio colombiano los operativos del ejército
venezolano, así existan acuerdos militares contrainsurgentes entre mandos
de uno y otro país, que no son suficientemente conocidos de la opinión
pública. Las autoridades vecinas alegan que el ejército colombiano
descuida a propósito la frontera y descarga en el ejército venezolano la
función de contención de la insurgencia. El hecho es que se están creando
teatros de operaciones militares en puntos críticos, como el Catatumbo y
Arauca, que afectan gravemente a la población civil de un lado y otro de
la frontera. Esta nueva forma del conflicto interno que se proyecta a la
frontera tiende a generar incidentes dolorosos que agravan las tensiones
políticas.
Tercero:
la crisis política colombiana se ha traducido de un debilitamiento de la
presencia y la autoridad política del país, que preside el Movimiento de
los No Alineados. La actitud cada vez más arrodillada del gobierno Samper
ante Estados Unidos, con los correspondientes desplantes norteamericanos;
el desprestigio mundial del terrorismo de Estado camuflado de democracia:
la percepción de que la corrupción y el narcotráfico manejan decisivas
palancas del poder en Colombia, son elementos que ayudan a explicar esta
realidad. Estados Unidos azuza a los gobiernos vecinos: Nicaragua, con la
reclamación sobre San Andrés; Panamá, con los ejercicios militares de
tropas de Estados Unidos con la policía en la frontera del Darién-Urabá;
Venezuela, con la persecución en caliente y la construcción de un puerto
pesquero en Los Monjes. Su objetivo es: aumentar la debilidad política
internacional de Colombia para obtener ventajas estratégicas en lo
económico y lo geopolítico, en detrimento de la estabilidad y la soberanía
de los Estados de la región. El acuerdo marítimo colombo-norteamericano,
que acaba de suscribirse, entrega a Estados Unidos la posibilidad de
practicar la persecución en caliente dentro del mar patrimonial de las 200
millas.
Concluyendo: los problemas son complejos
y tienden a complicarse, porque tocan las esferas internas de la política
en cada uno de los dos países. La izquierda y las fuerzas democráticas, el
movimiento obrero y popular, deben actuar desde una óptica de compresión.
Es necesario 'dialogar con las fuerzas democráticas de Venezuela, abocadas
a luchas que nos hermanan. La transnacionalización controlada desde el
Banco Mundial y el hegemonismo imperialista de Estados Unidos son nuestros
verdaderos enemigos.
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* Secretario General del Partido
Comunista Colombiano. |