Pedro Eusse
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En la actual coyuntura de ofensiva patronal/neollberal, la cúpula dirigente de la CTV ha cedido en aspectos fundamentales, allanándole el camino a la estrategia antilaboral de las transnacionales y los organismos financieros multilaterales (FMI, Banco Mundial, BID).

Por una alternativa sindical clasista

Pedro Eusse*

Al sindicalismo clasista venezolano le urge formular una estrategia correcta, que le permita contrarrestar con éxito la vertiginosa ofensiva de las clases explotadoras y constituirse, efectivamente, en uno de los factores de transformación revolucionaria de la sociedad.

A tal efecto, es preciso examinar los cambios que han venido operando en el seno de la clase trabajadora venezolana, así como es necesario caracterizar al actual movimiento sindical, sus tendencias y expresiones, al igual que los retos y desafíos que se desprenden de la estrategia de dominación, planetaria del gran capital, enmarcadas en la globalización y el neoliberalismo.

Este trabajo, pretende aportar algo en esa dirección.

Ciertamente, la clase trabajadora, al igual que el resto de los componentes de nuestra sociedad, no han permanecido inalterable ante las variaciones que han introducido los programas económicos que se aplican en el país desde hace ya algunos años, y más específicamente, desde 1989, orientados a insertar a Venezuela en el concierto internacional en condiciones de mayor subordinación y dependencia en su relación con los factores de poder político y económico global (empresas transnacionales, capital financiero mundial, países industrializados), estableciendo condiciones generales que garanticen a la gran inversión maximizar las ganancias, despreciando el valor de la fuerza de trabajo.

La apertura comercial indiscriminada, respondiendo a intereses foráneos y el franco respaldo al sector financiero y comercial-importador, en el empeño de lograr una superconcentración del capital, han conducido a una expulsión masiva de trabajadores del sector formal hacia la informalidad laboral y el desempleo abierto (ver indicadores). Así fue con el «paquete económico» de CAP y así es ahora con la «Agenda Venezuela» de Caldera.

Según referencias oficiales, el aparato productivo funciona tan sólo en un 50% de su capacidad (para finales de 1996). Numerosas empresas pequeñas y medianas han cerra­do definitivamente o han reducido considerablemente sus nóminas en tanto, el uso de nuevas tecnologías desplaza a cada vez mayor cantidad de obreros y emplea a un personal reducido y tecnificado, especialmente en los grandes centros industriales.

De allí que se esté produciendo un crecimiento relativo del empleo en el sector comercial y de servicios, paralelamente a un decrecimiento del empleo en los sectores productivo primario e industrial manufacturero. Pero, en términos absolutos, estamos ante una reducción del conjunto de los trabajadores asalariados dependientes.

La precarización del empleo y de las condiciones generales de vida de los trabajadores venezolanos, constituyen angustiosas realidades que se acentúan aceleradamente (ver indicadores).

La vertiginosa caída del salario real se ha venido agravando con la tendencia a la bonificación de los salarios, lo que ha sido utilizado por la patronal y el gobierno como me­canismo que contribuye a la flexibilización laboral y a la supre­sión de conquistas fundamentales de los trabajadores, como la institución salarial y las prestaciones sociales.

Simultáneamente, se hace más sentida la ausencia de un auténtico sistema de seguridad social. A la quiebra del Seguro Social, obra cri­minal de los empleadores deudores y de una administración corrompida, le sigue su virtual liquidación; en función de avanzar hacia los esquemas privatizantes, e insolidarios de la previsión social.

Toda esta realidad se agudiza, obviamente, con la imposición de un modelo de relaciones laborales que, basado en la flexibilización y la desregulación, pretende establecer en el país, un marco institucional de indefensión de los trabajadores, donde el empleador impondrá, autoritariamente, y sin mayor resistencia, condiciones de trabajo precarias que potencien aún más la explotación ca­pitalista.

A este esquema responden el pro­ceso de reforma del Régimen de Pres­taciones Sociales, las modificaciones a la Ley Orgánica del Trabajo y a la Ley Orgánica de Prevención, Condiciones y Medio Ambiente de Trabajo.

Dichas reformas, persiguen abaratar los despidos y depreciar el va­lor de la fuerza de trabajo, mientras se liquidan instrumentos de protec­ción legal y social de la masa laboral.

Como resultado de todo este proceso, se acentúa la tendencia a vul­nerar los derechos de sindicalización, negociación colectiva y de huelga.

Durante los últimos años, asisti­mos a una sensible reducción de las afiliaciones sindicales en términos generales. La capacidad de conquis­tar mejores condiciones de vida y tra­bajo, por la vía de las convenciones colectivas, tiende a debilitarse.

Como dato demostrativo del sis­temático desconocimiento en Vene­zuela, al derecho de huelga, resaltemos que en 1994 el Ministerio del Trabajo registra la presentación de 257 pliegos conflictivos y tan sólo una huelga (de los trabajadores tribunalicios) fue declarada legal.

A muchos trabajadores se les im­ponen contratos individuales por tiempo determinado, a la par que a otros, se les condena a la mercan­tilización de la relación de trabajo. Con ambas modalidades se pierden grandes conquistas laborales y se pulveriza la capacidad de acción co­lectiva de los trabajadores, des­dibujándoles el sentido de clase y favoreciendo exclusivamente los inte­reses y objetivos de los dueños del capital.

Obviamente, la necesidad de lu­char por: empleo estable, salarios que recuperen el poder adquisitivo, Seguridad Social solidaria e integral, impedir las reformas regresivas de las relaciones de trabajo, defender los instrumentos de defensa clasista y derrotar las políticas neoliberales, se ponen a la orden del día del movimiento obrero venezolano.

¿Cuál es la actual situación del movimiento sindical venezolano?

En nuestro país hacen vida, formalmente al menos, cuatro confederaciones sindicales que expresan a las diversas corrientes ideopolíticas mundiales. Igualmente existen numerosas organizaciones no confederadas, de creciente prestigio e incidencia social.

La Confederación de Trabajadores de Venezuela (CTV), socialdemócrata, afiliada a la CIOSL-ORIT, está en manos de Acción Democrática, partido que ha permitido la coexistencia de diversos partidos en el seno de su Comité Ejecutivo Nacional, para así aparentar un «pluralismo partidista», pero garantizándose el control pleno de su dirección.

Esta central, que agrupa a la mayoría de los sindicalizados y tiene su fuerte fundamental entre los trabajadores al servicio del Estado (el mayor empleador), ha actuado durante casi 40 años, como el punto de apoyo sindical del régimen político establecido por el puntofijismo; al servicio del sistema imperante y nunca contra él.

Esta confederación, responde esencialmente a los intereses, políticas y aspiraciones del partido político dominante y, más exactamente, del Buró Sindical de ese partido. Sus dirigentes, a todos los niveles, pero sobre todo a nivel cupular y de federación, se han caracterizado mayoritariamente por un estilo caudillesco, autoritario, antidemocrático y complaciente con la patronal.

El carácter dominante de la CTV en el escenario sindical del país, ha estado determinado en gran medida por los «entendimientos» y complacencias mutuas entre dirigentes cetevistas, autoridades gubernamentales y empleadores, cerrándole el paso siempre a la libre actuación de los dirigentes obreros clasistas, a quienes se les colocan toda suerte de obstáculos en su labor organizadora.

En las entidades de la administración pública y empresas del estado (petróleo, CVG, etc.) siempre se aseguraron que los sindicatos de tales ramas entraran bajo la égida cetevista y de su partido hegemónico.

A la CTV, el estado y los empresarios privados siempre le asignaron, por distintas vías, oficiales y oficiosas, cuantiosos recursos, los cuales, en no pocas ocasiones fue administrado en forma oscura y rapiñosa (caso del BTV, por ejemplo).

No obstante, en el seno de la CTV actúan, en forma muy minoritaria y aislada, sectores que reivindican posiciones honestas, clasistas y de oposicionismo, tales pueden observarse en las instancias de dirección nacional y en sus bases.

Pero puede afirmarse, que no existe una tendencia interna que actúa con una coherencia nacional y que encarne auténticamente un proyecto de rescate clasista y democrático de la CTV. Por su parte, «el Nuevo Sindicalismo» (Causa R) ha desilusionado y se ha venido a menos, como proyecto supuestamente democratizador de la CTV.

En la actual coyuntura de ofensiva patronal/neoliberal, la cúpula dirigente de la CTV ha cedido en aspectos fundamentales, allanándole el camino a la estrategia antilaboral de las transnacionales y los organismos financieros multilaterales (FMI, Banco Mundial, BID).

La indigna domesticación y el servilismo cetevista, bajo poses de un pretendido «modernismo sindical», ha unificado a los representantes de casi todas las corrientes políticas que actúan en su dirección (AD, Copei, MAS, MEP, Convergencia); este colaboracionismo neoliberal alcanzó niveles, quizás sin precedentes, con los acuerdos de la Comisión Tripartita, que desmejoran el Régimen de Prestaciones Sociales y conducen a la flexibilización laboral.

Este comportamiento de la dirección mayoritaria de la CTV, ha desatado en sus bases y hasta cierto punto en sus federaciones, serios cuestionamientos y rechazos, que incluso estarían llevando a una cierta insubordinación de importantes sindicatos, hasta llegar a considerarse la desafiliación de la confederación. Para el común de los trabajadores, la CTV es fiel aliada de Fedecámaras, ni más ni menos.

Ciertamente, si a la entrega del Régimen de Prestaciones Sociales, sumamos la complacencia cetevista con la privatización de las empresas básicas y demás aspectos centrales de la neoliberal «Agenda Venezuela» del gobierno, podemos concluir que esta central reafirma su condición de instrumento sindical de las clases dominantes.

La Confederación de Sindicatos Autónomos (CODESA), socialcristiana, sin afiliación internacional, es casi imperceptible desde el punto de vista del volumen de afiliación y de su escasa presencia pública nacional.

Sus dirigentes, algunos viejos militantes de Copei, tienden a manifestar abierta simpatía con el actual gobierno. CODESA se ha atado a la CTV en su actuación oficialista y proneoliberal. No es descartable que decida su «fusión» o incorporación a la CTV.

La Confederación General de Trabajadores (CGT) de orientación socialdemócrata, afiliada a CLAT-CMT, sufrió recientemente una ruptura interna, de la que no se ha recuperado aún. Ante la opinión pública se muestran dos representaciones de la CGT, con distintas posiciones y vinculaciones: una que se pronuncia contra las políticas neoliberales y actúa junto a los sectores clasistas y otra, que sigue a pie juntillas a la CTV.

En realidad, la CG que exhibe alguna presencia organizada nacional, es la que asume la posición antineliberal y acompaña a los sectores clasistas. Mientras, al otro sector «cegetista» no se le conoce vida orgánica tangible.

La CGT, no tiene una gran afiliación sindical propiamente dicha, pero agrupa además a sectores no laborales, organizados en cooperativas y organizaciones comunitarias. La CGT, tradicionalmente consecuente con la orientación de la CLAT, desecha las acciones resueltamente combativas al de los trabajadores y asumen un proyecto reformista, de conciliación de clase; no obstante, al declarar una concepción cristiana y solidaria, suele colocarse en abierta confrontación con el neoliberalismo deshumanizante e insolidario.

La Central Unitaria de Trabajadores de Venezuela (CUTV), de orientación básicamente marxista, afiliada a la Federación Sindical Mundial (FSM); desde su fundación, al dividirse la CTV en los años sesenta, asume históricamente una posición clasista, de defensa de los intereses de los trabajadores y de lucha por desplazar a la sociedad capitalista y construir un régimen económico-social y político, sobre la base de la justicia social, la independencia nacional y la democracia real.

La dirección nacional de nuestra CUTV, ha estado conformada mayoritariamente por militantes revolucionarios y progresistas, con afiliación partidista o sin ella.

En sus primeros años, la CUTV era una central muy fuerte, que agrupaba a grandes masas de trabajadores y a sindicatos influyentes. Sin embargo, los avatares de la violencia política de los años 60, la persecución betancurista y las maniobras del tripartismo patrono-sindicaleros-gobierno, condujeron a esta central a un debilitamiento orgánico extremo.

Como consecuencia, la CUTV fue despojada, prácticamente, de toda afiliación en el sector público. Empresas privadas manufactureras, pequeñas, medianas y grandes, constituyen la mayor afiliación en la CUTV.

En los últimos años, diversas causas externas e internas, le han creado dificultades a la CUTV para plantearse un real crecimiento, sumado a esto, la quiebra de muchas empresas medianas, han contribuido en los obstáculos para el ensanchamiento de esta central e incide en la fuerte limitación de sus recursos materiales.

No obstante, hay que señalar que la CUTV ha sostenido consecuentemente su posición de combate contra el neoliberalismo, política relanzada por su X Congreso, lo que se ha expresado últimamente en la confrontación a las inconsecuencias de la cúpula cetevista, marcando una práctica y un discurso absolutamente distinto al de la CTV y otras organizaciones. Lo anterior, permite que su mensaje llegue con interés a los trabajadores.

Consecuente con su inspiración unitaria, la CUTV impulsa la unidad de los sectores sindicales más consecuentes, en la Coordinadora en Defensa de las Prestaciones Sociales y a la vez, realiza esfuerzos por consolidar la unidad antineoliberal más amplia, a través de la Coordinadora Nacional del Pueblo y sus expresiones regionales.

Las organizaciones sindicales no confederadas, han proliferado en los últimos años en buena medida al no percibirse una central nacional que entusiasme a estos sectores. Las organizaciones no confederadas, han sido constituidas, fundamentalmente, por trabajadores de nivel profesional medio y universitario, por lo general al servicio del estado.

Entre las razones que han estimulado y favorecido el surgimiento de estas organizaciones no confederadas, están, por un lado, el proceso cada vez mayor de «proletarización» (pase al trabajo asalariado dependiente) de los profesionales universitarios y por otro, los beneficios que brindó la Ley Orgánica del Trabajo a los funcionarios públicos, así como la posibilidad legal de asignarle carácter de organismo sindical a los colegios profesionales.

En el proceso de organización de los profesionales, incluso se han ensayado, sin consolidación real, la creación de instancias nacionales, como por ejemplo, la Confederación Nacional de Profesionales y Técnicos Universitarios (CONAPRO-TUVE) y el más reciente, el Foro Profesional.

Estos sectores, los gremios profesionales y empleados de la administración pública, han protagonizado los más sonados conflictos laborales de alcance nacional. Médicos, educadores, bioanalistas, tribunalicios, técnicos aeronáuticos, entre otros, han desarrollado grandes luchas, pero estas se dan con un signo economicista, que no superan y, por lo general, aislados del resto de las luchas de los trabajadores.

Más sin embargo, aún no conscientemente, estas acciones de manera objetiva, enfrentan el contenido y los efectos de las políticas fondomonetaristas que se orientan a la reducción del estado, el recorte de los gastos sociales, la privatización de las empresas estatales, el congelamiento de los salarios y las conquistas contractuales, entre otras medidas que perjudican a estos trabajadores y a todo el pueblo.

Como puede apreciarse, el movimiento sindical venezolano evidencia su dispersión y sus dificultades para asumir los retos que le imponen la estrategia globalizante y neoliberal del imperialismo.

La clase trabajadora venezolana requiere de una fuerza organizada que no sólo se plantee resistir ante la ofensiva del capital, sino que sea capaz de ofrecer respuestas coherentes y claras, ante los problemas generales y particulares que sufre el pueblo trabajador, proyectando alternativas clasistas ante el neoliberalismo, que sirvan como auténticas banderas de combate por la liberación y la justicia social, por una nación que logre su inserción internacional haciendo respetar su soberanía y su proyecto particular de desarrollo.

Evidentemente, existe una crisis en el liderazgo sindical. Existe la necesidad de una referencia de lucha clasista nacional.

El momento de contrariedades que vive el sindicalismo venezolano; el desamparo sentido por los trabajadores, ante una CTV entregada en los brazos del poder económico; la incesante búsqueda de amplios sectores laborales, tras una orientación política correcta y un proyecto sindical consecuente, nos comprometen y nos hacen reflexionar.

¿Por qué nuestra central clasista no puede plantearse ser el instrumento alternativo de los trabajadores? ¿No existen razones suficientes para disputarle con energía las masas trabajadoras a la dirección nefasta y patronal de la CTV?

Indudablemente que sí. Una organización como la nuestra, que posee una historia digna y que en el presente no duda en rebelarse contra el monstruo neoliberal y contra la mediocridad sindicalera, debe hacer hasta lo imposible por remontar sus dificultades y erigirse en un gran movimiento de masas, que pueda agrupar a trabajadores privados y públicos, obreros y profesionales; ofrecer opciones organizativas a los del sector informal, a los pensionados y jubilados, expresando incluso a los desempleados.

El sindicalismo clasista de estos días, con un enemigo global envalentonado y agresivo, debe quizá asumir una dimensión sociopolítica, superar las limitaciones del sindicalismo tradicional en su ámbito de influencia, de acción y de objetivos.

Se es realmente consecuente con sus premisas, el partido político de la clase obrera, necesita asumir en serio, como una estrategia nacional, poniendo en el empeño todas sus capacidades, el fortalecimiento integral de la central sindical clasista, en función de que esta se convierta en una real alternativa de lucha para la totalidad de los trabajadores venezolanos.

Este será un gran proyecto, oportuno y responsable, que permitirá reencontrarnos entusiasmados y rejuvenecidos con la historia.

*Secretario General de la CUTV

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Debate Abierto: revista venezolana para la reflexión y discusión. Director responsable y fundador: Carolus Wimmer
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