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Chiapas y el clero político: ¿Nacionalismo revolucionario o democracia cristiana?

 

* Marcela Lombarda

 

Todo parece indicar que en estos tiempos de crisis económica otra de las consecuencias es no solo pobreza material sino pobreza espiri­tual, pues el oportunismo hace que los intereses individual se inclinen hacia la derecha y se olviden o dejen de lado los intereses colectivos y los de la pa­tria.

 

Esta inclinación a la derecha no es una cuestión de cambio de principios o de moral política, más bien es de olvi­do de principios y ausencia de moral política revolucionaria frente a una ac­ción práctica de intereses personales.

 

Lo grave es que, entre otros facto­res, la hábil utilización de los medios, en manos de grandes intereses de con­sorcios nacionales e internacionales, sirve, en el caso de México, para dis­torsionar la historia minimizando las gestas revolucionarias y el papel de los grandes constructores del país para so­brevalorar y suavizar el papel de los trai­dores y de los enemigos del desarrollo independiente, estrategia que ha gana­do terreno porque ha ido penetrando en el pensamiento de grandes sectores de la población, sobre todo de la empobre­cida clase media y la clase trabajadora, los obreros y los campesinos que son miserables o desempleados, por lo que su principal preocupación es no perder el empleo, así es como se ha ido debili­tando cada vez más la conciencia de la clase social que integran, la más pode­rosa cuando es consciente de su fuerza.

 

La Iglesia católica, uno de los fac­tores de esta confusión político-ideoló­gica, ensoberbecida por las concesiones que se le otorgaron en el sexenio pasado, la permanente debilidad de las autoridades encargadas de hacer que esa jerarquía eclesiástica, el clero católico, respete la Constitución, está, con actitud protagónica, tratando de hacer creer que su actitud es desinteresada y en favor de los pobres.

 

Hay que distinguir entre la Iglesia como corporación religiosa y la Iglesia como institución político, con intereses y fines temporales. En México siempre ha sido una institución política militante, ha encabezado la oposición a los movimientos progresistas del pueblo y ésta no ha sido solamente ideológica y política sino también armada.

 

¿Acaso no es clara su participación con los encapuchados -ya devaluados y descubiertos-, de Chiapas? ¿Por qué no se resuelve ese problema? ¿A quién le interesa que se prolongue y para qué? Es obvio que a una corriente del clero católico, y a quienes las financian, a quienes desean que continúe la confusión y la incertidumbre en el país y a quienes tratan de debilitar las instituciones, pasar por encima del orden constitucional, presionando y chantajeando para obtener concesiones que debiliten aún más nuestra soberanía. Por otra parte la corriente conservadora, ha asumido hábilmente la defensa de los intereses del pueblo, pretendiendo suplir demagógicamente el papel de los partidos políticos revolucionarios y de los sindicatos, a los que ataca y subvalora.

 

La debilidad del conjunto de instituciones que integran el Estado por el abandono de los objetivos del proyecto nacionalista y revolucionario, para lo cual se hicieron las regresivas y negativas reformas constitucionales, está siendo hábilmente utilizada por la derecha incluida la Iglesia católica, aprovechando y manipulando la creencia religiosa de los más desposeídos, que es una gran parte de la población.

 

Mientras las corrientes democráticas y nacionalistas -creyentes y no creyentes-, no asuman el papel de motor del desarrollo del país, que durante varias décadas impulsaron olvidando intereses individuales, poniendo el de la patria por encima de todo, se seguirá perdiendo terreno.

 

La Iglesia que durante muchos años había perdido feligreses, hoy trata de recuperarlos, la nueva estrategia señaló un camino diferente que se inició con la encíclica de Juan XXIII Paz en la Tierra y después la encíclica Populorum Progressio de Paulo VI la precisó e impulsó. Esta última ya se refería a que el sistema de vida económico, político, social y cultural y las instituciones creadas por éste estaban en crisis. Todo ello para decir que la Iglesia puede suplir muchas deficiencias del Estado y ayudar a los desfavorecidos cuando el Estado no cumpla. Sin embargo también afirmaba que toda civilización debe constituirse sobre bases espirituales y la fe en Dios, es decir debe fundarse en la religión y sin dejar de sostener que Dios es el creador de todo lo que existe, que el hombre es el responsable de su propio destino. Ya afirmaba que había que rechazar el pasado con toda su riqueza humana, es decir, desechar todo lo positivo y útil del esfuerzo y lucha de los pueblos.

 

Se podrían recordar muchos otros aspectos de las encíclicas mencionadas que son los antecedentes de la actitud de la Iglesia católica -motor del impulso electoral del Partido de Acción Nacional, y también se podría mencionar la Carta Pastoral Colectiva -1968- del episcopado mexicana, en la que se encuentra la justificación de la participación de una corriente de la Iglesia Católica en el problema de Chiapas, porque decía que si no se hacen cambios en la estructura económica y las superestructuras, el único camino que queda es la lucha armada, pero no dice que en países como México las fuerzas del imperialismo acechan y la lucha armada la emplean hoy en día para aplastar y dominar a los países con gobiernos surgidos de procesos democráticos, aún con sus deficiencias.

 

Por todo ello y otros problemas que nos afectan dolorosamente, creo que es necesario reflexionar y dialogar con todas las agrupaciones políticas y sociales para analizar los planteamientos y las propuestas de solución, pero no solamente con la derecha, sino fundamentalmente con las corrientes revolucionarias, democráticas y nacionalistas, porque «la autosuficiencia o la vanidad aldeana nacidas de una fuerza transitoria son posturas infantiles y antihistóricas», que en un futuro próximo tendrán consecuencias desastrosas para el país y para el pueblo.

 

Hay que recordar, actuar y orientar a la opinión pública en el sentido de las palabras de Juárez: «es imposible moralmente hablando que la reacción triunfe» y no solamente darse golpes de pecho juaristas.

 

Luchar para actualizar, fortalecer e impulsar el nacionalismo revolucionario, o la debilidad y falta de decisión de quienes integramos esa corriente, incluida la del gobierno, y la autosuficiencia de la derecha nos irán empujando hacia la pérdida de nuestra democracia para instaurar una democracia cristiana al estilo centroamericano.

 

* Directora del Centro de Estudios Filosóficos, Políticos y Sociales "Vicente Toledano", México.

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Debate Abierto: revista venezolana para la reflexión y discusión. Director responsable y fundador: Carolus Wimmer
ISSN: 1316-497X. Deposito legal: p.p. 19702DF390 - RIF: J30691967-8