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Debate Abierto
Los medios de nuestro país titularon con
euforia la nueva política de la Casa Blanca, según la cual «se le podrá
vender armas otra vez a la América Latina». La euforia es inverosímil.
Parece como si despertáramos de un sueño y nos encontráramos con una vieja
realidad: la de la Guerra Fría y del armamentismo donde, bajo diferentes
excusas, argumentos y razones, los países en desarrollo participaron en
los desmanes de la carrera armamentista, se endeudaron de manera
inconcebible, mientras que los problemas sociales crecían a la sombra del
enfrentamiento entre las grandes potencias.
Un respetable diario caraqueño tituló de
esta manera: «La nueva política de la Casa Blanca favorece al país EE.UU.
podría vender armas a Venezuela». Los titulares reflejan las declaraciones
del subsecretario de Estado adjunto para América Latina, el embajador
Jeffrey Davidow, quien declaró: "Si viene una petición (de armas) de
Venezuela la estudiaríamos y la idea es decir que si». Párrafo seguido el
subsecretario recuerda que Venezuela compró en la época de Herrera Campins
24 jets bombarderos F-16. También anunció Davidow que Estados Unidos
estará también dispuesto a considerar positivamente la venta de F- 16 a
Chile.
La conclusión es evidente: Si Venezuela
y Chile adquieren los costosísimos jets estratégicos, no habrá poder
humano que pueda impedir que otros países hagan exactamente lo mismo y por
tanto, la carrera armamentista queda establecida desde ahora. ¿Como si el
Muro de Berlín estuviera ahí y las armas nucleares de la Unión Soviética
apuntaran a Occidente, como si Cuba tuviera sus "misiles secretos" para
amenazar a la América, y desde luego, también a Washington?
Mientras EE.UU. argumentando que sin
Guerra Fría no se requieren ejércitos profesionales, sino sólo grupos
policiales, que no se aplicarán programas de cooperación como los llevaba
a cabo en otras épocas y la cooperación es ya inexistente y la solidaridad
se ha convertido en palabra anticuada y anacrónica, la "nueva" política es
vender armas y bombarderos, que aumentará la pobreza y con la pobreza
proliferará el narcotráfico, la corrupción, la anarquía y el delito, y se
debilitarán aún más los ya debilitados Estados de la región.
Las presiones ejercidas por los
consorcios productores de armamentos y de aviones bombarderos sobre la
Casa Blanca han tenido éxito. Ese es su negocio y la Casa Blanca
difícilmente puede desechar las razones que le presentan los fabricantes
que alegan, como sabemos, razones económicas, de empleo en los Estados
Unidos.
Campanazos como éste que aquí queremos
dar servirán de poco si los países de América Latina aceptan servilmente
esta nueva política de EE.UU. Debemos abogar que la VII Cumbre
Iberoamericana de jefes de Estados y de Gobierno que se ha de reunir en
noviembre en la Isla de Margarita incluyan en los puntos finales de su
Agenda una ratificación de lo que antes se prometió: oposición a la
carrera armamentista. |